Entre el sacramental parlamentario para investir presidente, entre la
vergüenza de los refugiados en la raya fronteriza de Europa, entre los que
ultrajan a los mendigos en las plazas mayores o entre San José y la Pascua me decantaré
por San José y por el domingo de ramos. Por la nevada poética que ha durado
poco porque era nieve made in China
comprada en un bazar de todo a cien de la que no nos previnieron en exceso los
alguaciles del tiempo. En el valle el manto blanco se ha derretido. No así en
la montaña donde los adeptos al esquí y a los deportes de invierno pueden aún
deslizarse y aterrizar envueltos en algodón delicuescente. La nieve es una flor
enclenque de invierno que se marchita con el aliento. Un espejismo poético si
la despensa está llena y el pajar rebosa, si cuando cae podemos contemplar la
aplomada levedad blanda y silenciosa desde la dársena de una chimenea.
Encantador!
Este año coinciden San José, el santo descatalogado de las festividades
preceptivas y de celebrar, con la lunar y movediza Pascua. La primavera asoma y
la luz, por decreto, araña la epidermis de los relojes al sol. Mercado de
domingo de ramos en Vic, referencia anual donde, hace mucho tiempo, se reunía
el campesinado de más allá de la comarca. Feria de ganado, agencia de noticias
oral y excusa para una buena comida en aquellas fondas de platillo a fuego
lento.
Feliz San José homónimos y homónimas!
Seamos y sed felices!
No hay comentarios:
Publicar un comentario