El
antiguo oficio de payés, algunos han evolucionado a productores, podría
considerarse una profesión de alto riesgo. Por ahora sufren varias acometidas
inquietantes. Tres focos: uno afecta al sector vacuno con la dermatosis
nodular, miles de vacas sacrificadas y más de ciento cincuenta mil
inmovilizadas. El segundo impacta en las especies de pluma, la gripe aviar
comporta que todas las aves de corral criadas al aire libre deban estar
confinadas como medida de protección frente al aumento de brotes de esta gripe
debido a los movimientos migratorios de pájaros diversos. El tercer foco es el
brote de peste porcina africana recién detectada en dos jabalíes en Collserola.
Los
casos de jabalíes contaminados, los dos primeros la semana pasada, han obligado
al Ministerio de Agricultura a suspender las licencias de exportación de
productos derivados de la carne de cerdo con destino a países
extracomunitarios. Vistas y valoradas la incidencia de estas pestes es para
ponerse las manos en la cabeza. Nada más estallar, la carne de cerdo ya ha
sufrido un bajón en el precio según la lonja leridana que marca su referencia.
La producción de una granja no se detiene de hoy para mañana. No hay un
pulsador de alarma para detenerla repentinamente. La sobreproducción y el bajo
precio previsibles tocarán de lleno, castigando fuerte, al sector. Hago a los
criadores de cerdos, también a los de la casa Tarradellas, afilando
la agudeza y la creatividad en los spots publicitarios. Un cerdito titiritando
con bufanda navideña y mochila buscando un hogar de acogida. Felizmente
juguetón, sonriente, llamará primero a la puerta, en una segunda escena se ve
cómo le comprobamos la fiebre en la frente. El lechón con cara de pena nos
suplicará establecerse en nuestra vida como un animal de compañía. -¡Adoptadme!
-ya no se tratará de servirlo en la mesa infiltrado en una pizza o embuchado en
una salchichón.
Según
los últimos datos, el sector representa un negocio de unos ocho mil millones de
euros en el conjunto del Estado. Catalunya tiene una cabaña porcina de casi
ocho millones de cabezas de ganado. Concretamente, las ventas de cerdo y
derivados fuera del Estado tienen un volumen de tres mil millones de euros
anuales, de los que mil millones proceden de fuera de la UE. Con tantos o más
cerdos que habitantes no es, pues, sólo una fábula económica con tres cerditos.
El
acceso a la zona está prohibido para evitar que el virus se extienda a otras
partes de Catalunya. Representa un perímetro con un radio de seis kilómetros en
el Parque Natural de Collserola y afecta, de momento, a una docena de
municipios. La Generalitat ha analizado una cuarentena de jabalíes más hallados
en la zona, de los que unos ocho pueden sufrir la enfermedad. Por ahora, no se
ha detectado otro caso. Las treinta y pico granjas analizadas han dado negativo
en todas las pruebas, informan las administraciones preocupadas en negociar con
los terceros países importadores de cerdo español que acepten la
regionalización de la epidemia, como ha hecho China. Es decir, que no se puedan
exportar a países fuera de la Unión Europea los productos porcinos de la
provincia de Barcelona, que el veto no afecte a los del resto de Catalunya y
del Estado. Es el reconocimiento de una nueva competencia, la gestión de la
desgracia.
Los
últimos casos detectados en el Estado fueron en 1994, aunque la peste lleva
años presente en otros países de la UE. ¿Cómo ha llegado el virus? Un misterio.
Los responsables aventuran la posibilidad de alguna muestra de comida con carne
de cerdo contaminada que habría entrado en contacto con los jabalíes de
Collserola. Insinúan el mendrugo de un bocadillo con chorizo asesino tirado
por la zona. ¡Vete a saber!
El
jabalí ha evolucionado a subespecie urbanita. Un problema, de hecho, ya podría
considerarse plaga antes de la peste africana. ¿Qué no podía suceder cuando
estos bucólicos aventureros de acera y predadores de los cubos de basura se han
empadronado en las ciudades? El ejercido de los jabalíes, como los pintorescos
corzos y otras especies ajenas a un control veterinario exhaustivo son los
reyes de la carretera, los diseñadores de los agujeros en los campos de golf de
los cultivos y de las dehesas donde pastan -preguntad a algún campesino todavía
en activo-. Los afectados confirman que no sacan ningún beneficio que no sea un
positivo del abanico de pestes vigentes.
Un
dato relevante, para que un estado pueda ser declarado libre de peste porcina
africana debe pasar un año sin que se declare ningún nuevo caso. La mentalidad
postpandemia nos ha sensibilizado. Recuperar la confianza de los mercados y la
normalidad en la producción, distribución y comercialización serán un reto formidable.
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