domingo, 24 de noviembre de 2024

El plátano más caro del Universo.

 

Hoy se ha vendido el plátano más caro del mundo, uno pegado con cinta adhesiva en una pared blanca de la galería -sin marco alguno-, por seis millones de euros. ¡Sí, seis millones de euros! El autor se llama Maurizio Cattelan. La subasta del objeto artístico tuvo lugar en la reputada casa Sotheby's de Nueva York. El comprador es un empresario chino, Justin Sun. Éste recibirá el plátano, la cinta adhesiva que lo sostiene y un certificado de autenticidad con la recomendación del artista y de la casa de subastas de renovarlo más o menos cada semana dependiendo de la maduración del objeto y del color negruzco cadáver que va adquiriendo puesto que se trata de una obra de arte viva. Antes los cuadros y las esculturas sólo acumulaban polvo, ahora enmohecen y se pudren. Me imagino una naturaleza muerta de este Cattelan con un surtido de frutas o piezas de caza menor colgadas con cinta de embalar en cualquier comedor de un multimillonario sensible: mucha hediondez con un congreso de bichos depredadores y de moscas azules de la carne expertas en arte conceptual.

A la tercera va a la vencida. Esta subasta millonaria ha reavivado la polémica que ya provocó en 2019 en una feria de arte en Miami donde Maurizio ya presentó el plátano ingrávido en versiones anteriores de este Comedian -un título sin eufemismos para la obra- que ya se vendió en esa ocasión por más de cien mil euros. Entonces, en Miami, otro artista envidioso se zampó uno de los ejemplares expuestos.

Confirman los rotativos y las redes que este Justin Sun, el privilegiado nuevo propietario de la obra, trafica en bitcoins, la criptomoneda descentralizada incorpórea al margen de los bancos centrales -como este plátano comediante haciéndose un sitio nada marginal en el mercado artístico-. La vertiginosa valorización de esta moneda tras el triunfo de Trump habrá propiciado que al empresario chino le chorreen los bitcoins por las orejas. ¡Calderilla! Emulando al asesor de Trump, Elon Musk, que también se ha decantado por la estética fálica en los cohetes, el señor Sun lo ha hecho por los plátanos, de morfología más doméstica y terrenal. Una tendencia -un patinazo artístico- que puede reventar la cotización con una burbuja del plátano en la bolsa internacional y en la mesa cotidiana. ¿A cuánto puede llegar a cotizar el kilo de plátano? ¿Cuánto cotizará esta magna obra el día que se revenda?

Para garantizar la fidelidad con el modelo primigenio debería saberse a qué categoría pertenece esta fruta estelar. ¿Es un plátano, una banana o un banano macho? Por el precio podría tratarse de un raro y excepcional ejemplar albino. Algunos, cercanos a nuestro imaginario gastronómico, hallan un punto subliminal castrista asociado a la modalidad que se sirve de arroz blanco a la cubana. No cabe descartarlo en un multimillonario de la República Popular China comunista dedicando un guiño a la República hermana de Cuba, el estado socialista de los trabajadores ensalzados por un ejemplar de seis millones de euros en una jugada de estrategia bananera. ¡Viva el plátano libre!

Volviendo al fondo de la cuestión, situándola en los estantes de la historia del arte -o colgando esta obra- de vecina de los grandes genios nos sorprende. Este hecho ya hablaría a su favor por el impacto que debe causar lo genuinamente artístico, un buen puñetazo en el estómago -en este caso- del minimalismo emocional y a la vez ejecutivo de una fruta prosaica con un trozo de cinta adhesiva como una trampa vulgar de piel de plátano en las esquinas de la temeridad ya que detrás de este Comedian sólo existe la posibilidad de resbalarse por las pendientes de la absurdidad chapucera.

Añadir al catálogo de los genios del XVII transitando por los del siglo XIX y del XX con Goya, los impresionistas franceses, Picasso, Miró, Andy Warhol, Dalí, Jackson Pollock, Tàpies y el larguísimo listado de artistas que han sido y son todavía referentes cuesta. Se nos hace raro incluir esa merienda austera que un vigilante de la galería ha colgado como un chorizo para no perderlo de vista. El puñetazo transgresor de este plátano va más allá de la ruptura causada por los istmos que buscaban trascender y romper los límites aceptados. Tan difíciles de captar que a menudo era más larga la literatura que los pretendía explicar que la obra en sí misma que podía admirarse. Eran años de grandes manifiestos intentando desentrañar los esenciales rincones del arte abstracto o del futurismo.

Ya mencioné en una entrada a este blog de noviembre de 2015, Reciclando arte, que << el responsable del Museo de Arte Contemporáneo de Bolzano –Italia del norte- sufrió una conmoción cuando las obras de una muestra expuestas en una de las salas había desaparecido. Se trataba de una representación del hedonismo, el consumo y de la especulación financiera de la escena política italiana en la década de los ochenta. La obra de arte sustraída era un montaje dispuesto en la horizontalidad del suelo de la sala, que explicado sin la grandilocuencia propia del catálogo del museo y de la crítica entendida viene a ser que se trata de muchas botellas vacías tumbadas y de restos de confeti al azar. El artista pretendía reproducir el paisaje de una fiesta concurrida, el campo de batalla aterrador del día siguiente cuando toca poner orden. Representa que el vino, el cava y el licor se habían agotado. Que la alegría volátil del confeti ha aterrizado. El desenfreno inmortalizado en una naturaleza muerta dibujada en una textura de resaca, desbarajuste y mucha colilla a medio consumir. Realismo social para tiburones de las finanzas cuando termina una celebración sin reparar en gastos. Tan real como la vida misma con el punto etílico personificando el hedonismo, el placer que conllevan el consumo y la especulación cuando somos expendedores al por mayor. Descartadas la mafia siciliana y la napolitana, la seguridad del museo se decantó por una presunta acción terrorista. Afortunadamente todo se puso en su sitio –menos el desaguisado de botellas vacías y el confeti mugriento y descolorido- cuando apareció Annunziata, la mujer de la limpieza que había baldeado a fondo y lo había tirado todo a la basura. Avezada a ordenar las salas donde celebran las inauguraciones dedujo que en esta última se habían excedido. El crítico de arte, Vittorio Sgarbi, apoyó el criterio de Annunziata diciendo que “si ella creyó que si se trataba de basura y desperdicios, significaba que lo eran” >>.

Una gran lección teórica, como de física cuántica pero aplicada a los mercados y al comercio al por menor, la pude escuchar en boca de un personaje que parecía del gremio del calzado frente a un escaparate de zapatos singularmente estrafalarios, anómalos y de dudosa estética que comentó a la mujer, que también se los contemplaba asombrada: “La mierda, para venderla, ha de ser muy cara”. Yo no quiero ser tan categórico, añadiría que esta comedia es una gran metáfora de los tiempos que corren.

 

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