Os
aseguro que hasta ayer, siguiendo el escrutinio de los resultados de las
elecciones al Parlamento Europeo, no sabía que existía una formación con el
nombre de “Se acabó la fiesta” liderada por un tal Alvise Pérez. Para mí ha
sido un absoluto desconocido que ha salido de la nada logrando tres
parlamentarios elegidos democráticamente con un colchón de 800.000 votantes que
le han apoyado. Por un momento dudé de si yo morava en la parra esquina con las
batuecas. Fue un desconcierto que, supongo, algunos compartirán conmigo. Según
las encuestas oficiales el 45% del electorado español posible tampoco sabía de
su existencia.
¿Cómo
alguien desconocido, casi la mitad de los que podían votar no tenía ninguna
referencia, obtiene estos resultados? Esto demuestra que nos hacemos mayores,
que esas dinámicas que empapelaban los rincones con los rostros de los
candidatos repeinados con cara de circunstancias ya son historia democrática
como pronto lo serán los sobres con las papeletas que anidan en los buzones. No
son necesarios tantos costes para hacer campaña. A este “agitador de las
redes”, como le han calificado algunos medios para ponerle color, le ha bastado
con la intensa actividad virtual desplegada.
El
impacto de este personaje puedo asociarlo a la primera vez que los medios me
hicieron reparar en Trump o recientemente me presentaron a Milei. Tres
prohombres -podríamos hallar más- que parecen evadidos de la pista de un circo
ambulante, domadores de leones de peluche o payasos que ya no hacen reír a
ninguna criatura. La primera impresión de los cuales suele ser la certeza de
que nadie les votaría aunque sea por vergüenza ajena. ¡Cómo andaba de desacertado!
Dos han llegado a la presidencia. El señor Pérez lo tiene más complicado, pero
todo es posible. Consistirá en pulir pequeños detalles y en encontrar un nombre
más corto -sonoro- y de mayor impacto al de este experimento, por ahora,
exitoso. Me pregunto quién puede sentirse identificado, atraído, por algunos
políticos que lo ponen muy fácil para provocar urticaria democrática.
Estos
de la "fiesta" se han presentado sin programa electoral con un
discurso ultra contra la partitocracia "criminal", los medios de
comunicación mercenarios del poder y de la justicia. Proclamas tan salpicadas
de populismo barato como de brillantina. Este nuevo líder ha esparcido dos
promesas notorias. Una consiste en "rifar" su sueldo de eurodiputado,
casi dos millones y medio durante el mandato, entre sus seguidores. Asimilado
el impacto de anoche, hoy me he dedicado a buscar dónde debo adscribirme para
jugar a este Euromillones comunitario -con bote acumulado-. Ya
os lo comunicaré si soy el afortunado. El segundo proyecto tiene un algo de pelotazo
urbanístico o de burbuja carcelaria proponiendo una cárcel gigantesca cerca de
Madrid con capacidad para 40.000 internos para albergar el hampa organizada,
“incluso a quien luzca el tatuaje de una banda”. Una especie de casa de
colonias faraónica donde los "criminales de España" podrán residir
compartiendo extraescolares con "los corruptos", "los
mercenarios", "los pedófilos" y "los violadores". Y
las mujeres no sumisas, añado por aportar una idea, que tendrían su pabellón
pintado de rosa.
A
los de VOX -y al PP- no les hará mucha gracia este nuevo forúnculo que
fragmenta a los que hasta hace poco sólo tenían la alternativa del partido
popular. Los politólogos han detectado que éstos pescan con artes de sospechosa
legitimidad capturando especies de hábitats con mucho paro y con una mayor
población migrante. Un perfil similar al de VOX y en competencia directa con
VOX dirigida, sin embargo, a los que consideran las tropas del Abascal unos pichafloja.
Fundamentalmente hombres y quienes han votado por primera vez, jóvenes de
derechas que se han decantado por esta candidatura. Preguntarse a qué población
va dirigida -y causa más impacto- una alternativa no convencional que en lugar
de programas políticos tiene pantallas es una evidencia difundiendo radicalidad
a menudo sórdida que ha hecho mucha fortuna electoral aspergiendo noticias
falsas, teorías de la conspiración y discursos del odio únicamente a través de
las redes sin tener que pisar ningún plató, dar mítines ni participar en debate
alguno.
¿Quién
puede digerir tanta torpeza? Pues mucha gente joven. Qué no hemos hecho -qué no
han hecho todos los políticos- para llegar a ese punto donde existen mezquinos
que mientras viven de lo público a la vez lo intentan destruir. La revelación
recién descubierta en las televisiones tradicionales -analógicas- me
sorprendió. En una discoteca que era como una sede electoral comparecía y se
reflejaba en la parte oscura de los medios “mercenarios” que desde ahora, no dejarán
de acecharle.
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