lunes, 10 de junio de 2024

El travieso Alvise Pérez.

 

Os aseguro que hasta ayer, siguiendo el escrutinio de los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo, no sabía que existía una formación con el nombre de “Se acabó la fiesta” liderada por un tal Alvise Pérez. Para mí ha sido un absoluto desconocido que ha salido de la nada logrando tres parlamentarios elegidos democráticamente con un colchón de 800.000 votantes que le han apoyado. Por un momento dudé de si yo morava en la parra esquina con las batuecas. Fue un desconcierto que, supongo, algunos compartirán conmigo. Según las encuestas oficiales el 45% del electorado español posible tampoco sabía de su existencia.

¿Cómo alguien desconocido, casi la mitad de los que podían votar no tenía ninguna referencia, obtiene estos resultados? Esto demuestra que nos hacemos mayores, que esas dinámicas que empapelaban los rincones con los rostros de los candidatos repeinados con cara de circunstancias ya son historia democrática como pronto lo serán los sobres con las papeletas que anidan en los buzones. No son necesarios tantos costes para hacer campaña. A este “agitador de las redes”, como le han calificado algunos medios para ponerle color, le ha bastado con la intensa actividad virtual desplegada.

El impacto de este personaje puedo asociarlo a la primera vez que los medios me hicieron reparar en Trump o recientemente me presentaron a Milei. Tres prohombres -podríamos hallar más- que parecen evadidos de la pista de un circo ambulante, domadores de leones de peluche o payasos que ya no hacen reír a ninguna criatura. La primera impresión de los cuales suele ser la certeza de que nadie les votaría aunque sea por vergüenza ajena. ¡Cómo andaba de desacertado! Dos han llegado a la presidencia. El señor Pérez lo tiene más complicado, pero todo es posible. Consistirá en pulir pequeños detalles y en encontrar un nombre más corto -sonoro- y de mayor impacto al de este experimento, por ahora, exitoso. Me pregunto quién puede sentirse identificado, atraído, por algunos políticos que lo ponen muy fácil para provocar urticaria democrática.

Estos de la "fiesta" se han presentado sin programa electoral con un discurso ultra contra la partitocracia "criminal", los medios de comunicación mercenarios del poder y de la justicia. Proclamas tan salpicadas de populismo barato como de brillantina. Este nuevo líder ha esparcido dos promesas notorias. Una consiste en "rifar" su sueldo de eurodiputado, casi dos millones y medio durante el mandato, entre sus seguidores. Asimilado el impacto de anoche, hoy me he dedicado a buscar dónde debo adscribirme para jugar a este Euromillones comunitario -con bote acumulado-. Ya os lo comunicaré si soy el afortunado. El segundo proyecto tiene un algo de pelotazo urbanístico o de burbuja carcelaria proponiendo una cárcel gigantesca cerca de Madrid con capacidad para 40.000 internos para albergar el hampa organizada, “incluso a quien luzca el tatuaje de una banda”. Una especie de casa de colonias faraónica donde los "criminales de España" podrán residir compartiendo extraescolares con "los corruptos", "los mercenarios", "los pedófilos" y "los violadores". Y las mujeres no sumisas, añado por aportar una idea, que tendrían su pabellón pintado de rosa.

A los de VOX -y al PP- no les hará mucha gracia este nuevo forúnculo que fragmenta a los que hasta hace poco sólo tenían la alternativa del partido popular. Los politólogos han detectado que éstos pescan con artes de sospechosa legitimidad capturando especies de hábitats con mucho paro y con una mayor población migrante. Un perfil similar al de VOX y en competencia directa con VOX dirigida, sin embargo, a los que consideran las tropas del Abascal unos pichafloja. Fundamentalmente hombres y quienes han votado por primera vez, jóvenes de derechas que se han decantado por esta candidatura. Preguntarse a qué población va dirigida -y causa más impacto- una alternativa no convencional que en lugar de programas políticos tiene pantallas es una evidencia difundiendo radicalidad a menudo sórdida que ha hecho mucha fortuna electoral aspergiendo noticias falsas, teorías de la conspiración y discursos del odio únicamente a través de las redes sin tener que pisar ningún plató, dar mítines ni participar en debate alguno.

¿Quién puede digerir tanta torpeza? Pues mucha gente joven. Qué no hemos hecho -qué no han hecho todos los políticos- para llegar a ese punto donde existen mezquinos que mientras viven de lo público a la vez lo intentan destruir. La revelación recién descubierta en las televisiones tradicionales -analógicas- me sorprendió. En una discoteca que era como una sede electoral comparecía y se reflejaba en la parte oscura de los medios “mercenarios” que desde ahora, no dejarán de acecharle.

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