Se
acumulan los asuntos que podrían por sí solos convertirse en monográficos entre
declaraciones desafortunadas, guerras difíciles de justificar o sentencias
polémicas que reavivan dinámicas atávicas. Un cúmulo de despropósitos que
cuesta mucho de entender, de dar una mano de pintura para tapar los agujeros y
las manchas de humedad viscosa cuando no de sangre de aquellas que cuestan de
ocultar ya que se empeñan en volver a salir. Un pringue que asciende por los cimientos
desde los acuíferos turbios -ahora que vuelve a llover- que puede llegar a
empapar la esperanza y la credulidad proclamadas con tanta retórica
interesadamente excesiva -a menudo engañosa-.
El
Papa. La más locuazmente simpática de las noticias que ha trascendido,
en mi opinión, es la demanda del Papa a los obispos italianos recomendando que
impidan la entrada de homosexuales a los seminarios porque en algunos “ya hay
demasiado mariconeo”. Redondea la iniciativa proponiendo que
“acompañen con respeto y delicadeza” a los candidatos rechazados. Con unos
amigos como los de este círculo de obispos cercanos al Papa Francisco -Paco en
la intimidad- no necesita enemigos. El comentario hecho con franqueza demasiado
a la pata la llana, durante o después del conclave en pequeño comité de esta
banda azzurra de angelitos celestiales, ha trascendido a la
prensa italiana por unas fuentes anónimas, que traducido significa que algún
obispo bocazas lo filtró interesadamente con la mala fe evidente de diablillo
travieso. Tampoco se ha precisado si esta advertencia el pontífice la verbalizó
-quiero suponer- entre las aceitunas rellenas y el parmesano de los antipasti regados
generosamente con Aperol. ¡Qué resbalón! Qué trabajo para el
departamento de comunicación del Vaticano que se apresuró a postular que en “la
Iglesia cabemos todos, todos”. También sospecho yo que el subconsciente le hizo
una mala jugada. El problema no está en el “mariconeo” -un coloquialismo que
deberá integrarse en el corpus léxico de la curia vaticana- sino en la
pederastia con sotana sin discriminar tendencias sexuales en el universo del
celibato.
Trump.
Me impacta el acoso de cacería de brujas que todo el país y la administración
Biden ejercen para deteriorar la figura de Trump. Doce hombres sin piedad
acaban de decidir por unanimidad que es culpable de los 34 delitos por los que
se le ha juzgado relacionados con el asunto de la estrella porno. No entraré en
detalles respecto al tormentoso revolcón del rubio zanahoria con Stormy
Daniels. Una sentencia de “vergüenza”, según el galán, que deberá ratificarse
en noviembre con el voto de la gente, “ellos saben lo que pasó”. Deduzco que
será la primera vez que la virtuosa democracia se consagra al voyerismo,
esperemos, sosegado. Una sentencia que puede acarrear una pena de cuatro años
de trena dependiendo de lo que dictamine el juez. Han constatado que Donald
había recompensado bajo el concepto de “gastos legales” los pagos a la señora
falsificando documentos y violando la ley de financiación electoral escondiendo
la voluntad de influir en los resultados electorales de 2016 a cambio de un
silencio muy bien comprado. Joe Biden, todo un océano legal nos separa, ha
dicho que el veredicto demuestra que "nadie está por encima de la
ley", una lección que se podría aplicar a los soberanos eméritos de las
malogradas tierras del imperio ultramarino. Pese al matiz menor, Trump ha
replicado, "Vivimos en un estado fascista".
Los
fiscales. Esta semana la ley de amnistía ha quedado definitivamente aprobada
tras una tortuosa tramitación por el rechazo frontal de las derechas que ha
destilado las esencias más contundentes en unos combates dialécticos muy
abruptos previos a la votación. La presidenta de la cámara ha tenido que
esforzarse llamando al orden varias veces y ha paralizado la sesión
momentáneamente. Una sesión exenta de ejemplaridad política que debería
proteger a la audiencia vulnerable de los telediarios con aquellos dos rombos
de cuando la televisión en blanco y negro del postfranquismo inmediato
resguardaba a las criaturas inocentes privándolas de asistir a las escenas de
pechuga y muslo con exceso de epidermis. Esta ley de nombre ampuloso y largo
-la de amnistía a secas- incorporada en el ordenamiento jurídico español borra
los delitos y las responsabilidades, que no los pecados, vinculadas al procés catalán. Su aplicación dependerá
de cada juez que estudiará los casos que vayan a resolver en un plazo de dos
meses. Mientras, las autonomías en manos del PP ya han anunciado recursos de
inconstitucionalidad al tiempo que la cúpula judicial ya ha divulgado un manual
de uso y mantenimiento, una caja de herramientas bien surtida, para combatir o
amortiguar los supuestos regulados por la ley. Deben tener razón los detractores
cuando un político cabal, obediente y prudente como el presidente de
Castilla-La Mancha, el socialista Emiliano García-Page, también llevará la ley
al Tribunal Constitucional presentando batalla a su propio partido para pactar
con los independentistas. Veremos cómo se resuelve la aplicación de la ley, una
de las posibilidades, como insinuaba un constitucionalista de pura cepa, es la
puerta trasera de los tribunales que lo afinan y afilan como una garlopa de
carpintero en manos de Guerra.
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