domingo, 23 de junio de 2024

Quemando neumàtico.

 

Barcelona convertida en una ciudad sostenible, verde, pacífica, de buen vivir, armoniosa y cargada de todas las virtudes que queráis atribuirle ya que la encantadora Barcelona es muy poderosa -se desgañitaba el rey de la rumba olímpica Peret-vendiéndola urbi et orbi con un éxito abrumador que la ha posicionado en todos los escaparates cargados de sombreros mexicanos y de pongos de esta gitana hechicera que no sabes dónde arrinconar, tantos que ya hastían. Una proyección que recientemente se ha robustecido con el homenaje de una tropa futurista que venera la máquina y que Joan Salvat-Papasseit podría volver a capitanear.

Las casas Batlló, Milà y Amatller, las tres carabelas modernistas ancladas en el Passeig de Gràcia, han despertado del amodorramiento habitual a base de sacudidas impetuosas. Cuentan los testigos presentes que las ventanas abiertas de par en par como platos no podían dar crédito. El tembleque de las vidrieras temerosas de una impertinencia sísmica ha hecho que la sólida casa Milà, lideresa experimentada, la soportara con dignidad remolona y mucha firmeza. Para los puntillosos de la arquitectura ha sido un agravio por cómo bramaban los vehículos a la vez que escupían fuego por la boca, dragones enfurecidos con ruedas sueltos y sin correa compitiendo como suelen entre las naves de anónimos polígonos industriales en el extrarradio precario con música ensordecedora de viernes cuando oscurece.

El corazón de la ciudad parado, colapsado, mientras los bólidos de competición se exhiben quemando neumático por las arterias urbanas obstruidas al paso de la ciudadanía que no lo acaba de entender ni es favorable a este tipo de eventos que aportan más dudas e inconvenientes que beneficios a la mayoría de los sufridos ciudadanos que las resisten. ¿Ha sido un ajuste de cuentas al Madrid del Ayuso que recientemente quiso rivalizar con la Cibeles encaramada en un carro de tracción felina? Miles de caballos contra el pasmo de dos leones petrificados en una carrera amañada.

Puestos a buscar precedentes no tan recientes debemos reflejarnos en la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, custodiada por el presidente de la comunidad, Francisco Camps, mientras rodaban aplomados temerariamente en un deportivo descapotado por el circuito urbano a la orilla del Turia saludando presuntuosos a la concurrencia. Puestos a evaluar estos modelos me atrevo a afirmar que en relación a Madrid el resultado del embate ha sido un empate que se decidirá a los penaltis entre el modernismo y el neoclasicismo castizo. No así en la pugna de actitud más fallera y de traca que exhibieron Rita y Camps en Valencia. Ciudad   que, in illo tempore, también se convirtió en la sede de las regatas de la Copa de América.

El gobierno de Jaume Collboni ha presentado un balance positivo fundamentado en el éxito del número de espectadores fieles a los cócteles de gasolina con mucho octanaje y tufo de goma chamuscada mezclados en la misma proporción. ¡Espectacular! En el fragor de la demostración el ruido de las cuatrocientas personas de unas doscientas entidades contrarias a la concentración de los modernos carros de trabuco se convirtieron en víctimas de un ataque de afonía. Barcelona es muy poderosa -¡cierto, Peret!-. Tanto que estos días se pasea Bruce Springsteen empeñado en que hemos nacido para correr  -Born to run-  mientras la próxima pedalada del Tour, la más chovinista de las carreras que lleva la batuta, saldrá de la ciudad de Barcelona.

Podemos contrastar cómo la “pacificación” del parque móvil de la ciudad ha comportado un descenso importante en la densidad de los vehículos a motor tradicional que ven restringida permanentemente la circulación dentro de la zona de bajas emisiones (ZBE) de todos aquellos a los que no les corresponde ningún distintivo ambiental de la DGT. Estos vehículos habitualmente matriculados antes de 2005 o 2006 tienen prohibidos los desplazamientos los días laborales, de lunes a viernes de 07:00 a 20:00 h. No dispongo del número aproximado de afectados por esta medida, tampoco del número de personas que han tenido que renovar el vehículo para sortear la normativa. Tampoco de los desertores del utilitario que se han abonado al transporte público alternativo, al patinete o a la bicicleta. Ni tengo constancia de quienes han sustituido el neumático por la abarca. En la maraña contrastada de porcentajes habría que considerar si inscribir a los usuarios arrepentidos -damnificados- de los trenes de Cercanías. 

Lo que no debería quemarse es la credibilidad.

 

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