martes, 30 de abril de 2024

El poema de Pedro Sánchez.

 

Las poéticas y manuales que tratan de los sentimientos convertidos en literatura describen la reiteración o aliteración como el recurso que pretende reforzar los impulsos más íntimos. Así pues, estaríamos de acuerdo en que, cuando pedimos un café, ¡café!, queremos decir que estamos exigiendo el mejor de los cafés o aquel que tenemos magnificado como más cercano a la perfección con el aroma casero de la niñez. La poesía, que habla de emociones, está repleta de repeticiones, también formales. Estrofas regulares de versos con el mismo número de sílabas que riman, una repetición más de determinados sonidos al final de los versos. Cuentan el tormento que ocasionaban a un poeta muy reconocido, obsesionado por el silencio y la quietud, las rimas duras y torpes que le llegaban todavía del rapsoda local estorbándolo en gran manera, el impacto mental le era insoportable buscando una concentración insonorizada imposible.

La poética política, si es que ésta tiene algo de bucólico, también tiene sus reglas, incluso formales. Yo diría que participa de una mística ideológica con dogmas de fe rígidos que no admiten vacilación alguna. El verso libre no puede existir porque atenta contra la ortodoxia de partido que exigen los rituales consumados en las sedes parlamentarias. Un decálogo que se resume, desgraciadamente, en el mandamiento fundamental que lo sintetiza todo: lo que sostiene el adversario -el enemigo- no puede ser cierto y debe contradecirse -combatir- siempre. La perversión del sistema o la mala fe pueden sobrepasar el juego sucio donde todo vale. El griterío chapucero con un buen chorro de falta de respeto se suelen mezclar, si es necesario, con el más peligroso de los ingredientes, la mentira. En política, mis verdades son absolutas y, si no lo son, se les da la vuelta para repetirlas con firmeza y ademán digno.

En la atmósfera demasiado cargada de políticos empedernidos nos ha asaltado, una vez más, el ataque felino por sorpresa protagonizado por Pedro Sánchez. Una jugada sorprendente e insólita que ha alborotado el panorama en la meseta. Cansado de oír las rimas consonantes y abruptas de quien quiere descabalgarlo, como aquel distinguido poeta exquisito que mencionaba, ha hecho público un poema épico de estilo trovadoresco dedicado a su dama anunciando que, de ser menester, estaba dispuesto a renunciar a los asuntos caballerescos sólo por amor. Como velando las armas de la decisión, recluido en la capilla de la reflexión, ha mantenido durante cinco días la expectación con un clímax de incertidumbre política hasta el último momento.

¡No se marcha, continúa!

Renunciar a la vertiente política y pública para humanizar a la persona, a sí mismo, es un gesto que a priori le honra y que se podría entender considerando los ataques, los insultos y el rechazo que debe soportar día sí y día también por parte de cierto electorado, algunos medios y la oposición. Ha dado la impresión de que había llegado al límite, que estaba dispuesto a pirárselas, según algunos videntes poco acertados, con destino a las praderas más confortables de la Unión Europea donde goza de cierto predicamento. Cabe preguntarse si pregonar un escrito con delirios líricos dirigido a la ciudadanía para recluirse herméticamente, desaparecido de la vida política, es algo lícito para quien ostenta un cargo tan relevante. El aliento a orfandad ha desquiciado los ánimos de muchos porque Sánchez es el tuétano del socialismo que gobierna ahora.

La inspiración poética se ha diseminado en cuanto ha salido de la meditación con empuje renovado reiterando -como quien reclama al camarero un café, café, bien cargado- regeneración democrática. Reaparece, pues, con la intención de un liderazgo más fuerte y contundente, con una manguera a presión para enjuagar este barrizal. Nos lo tendrá que explicar más y ponerlo en práctica, la manera como restablecer los cauces desbordados de las tormentas políticas que enlodan la dinámica cainita actual. La decisión de mantenerse en el cargo no cerrará la boca a los difamadores, al contrario, ha agitado el avispero, saldrán todos a una, como ha anunciado sin rimas Feijóo, el prosaico.

En plena campaña electoral catalana se ha acusado a Pedro Sánchez de injerencia por recurrir el sentimentalismo a favor de Salvador Illa. Las próximas elecciones serán el termómetro que lo medirá. Estos días Puigdemont, uno de los candidatos, ha tenido que interrumpir la campaña electoral por la muerte de su madre. Un funeral en ausencia desde el exilio en el que ha cursado un máster intensivo del tratamiento que ahora administran a Sánchez. Respecto a la  "máquina del barro”, el presidente socialista no ha mencionado la guerra sucia contra el independentismo,  donde emerge con el proceso la llamada  policía patriótica. La vida y el espectáculo, como en el circo, deben continuar.

El presidente del gobierno español tendrá que acarrear por una carretera cuesta arriba un carro bien cargado de rocas durante la removida legislatura -un ejemplo de aliteración con repetición voluntaria de la consonante vibrante múltiple-. Un recurso que el lenguaje publicitario maneja con mucha soltura y creatividad.

No obstante es esta erre temblona la que utilizamos para parodiar el ruido de un motor gruñón que cuesta de poner en marcha o que no transita lo suficientemente fino.

 

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