miércoles, 10 de abril de 2024

Y comieron perdices.

 

El número dos de Ayuso ha soltado al Presidente de la Generalidad de Cataluña, Pere Aragonès, en una sesión reciente en el Senado que éste se mea -micciona, ha dicho literalmente- en la cara de todos los españoles, porque no se trata de una falsa percepción de estar lloviznando. En mi tierra existía una expresión, hoy arcaica y seguramente en desuso, que consistía en soltar a aquellos a los que queremos menospreciar, “en el culo té meo”. Poco poética pero muy gráfica. La anécdota hay que ponerla en contexto, el que pretendía mearse estaba a nivel de calle mientras que la presunta, de resultar meada, se lo contemplaba desde un balcón, estratégicamente en una posición elevada y favorable. La respuesta de la novia defraudada fue del todo acertada -¡Uy, pajarito, qué largo deberías volar!

La física cuántica, que nos lo explica casi todo, deberá iluminarnos para saber quién, y desde qué plano teniendo en cuenta las leyes de la gravedad, ostenta la posición más ventajosa para mearse encima de los demás. Me doy cuenta de que para mearse en la cara de todos los españoles, desde Cádiz a Colera, Pere Aragonés tiene las de perder -no caeré en el chiste fácil- pero sin apelar a la física cuántica se puede deducir que lo tiene magro. Elevando la expresión a la categoría de figura literaria la encuentro acertada, de un impacto húmedo muy eficaz. Retorciendo su alcance podríamos llegar a la conclusión de que no hablaban, uno y otro interlocutor, de la capacidad y la potencia para asperger compitiendo, como cuando éramos niños con la próstata a pleno rendimiento, ante la referencia de una pared, que sería el caso de quien meaba más arriba, sino de longitud y de calibre políticos. Puestos en el contexto inicial podríamos exclamar -Uf, Pere, ¡que larguirucha te la hacen!

Nada nuevo en el panorama político actual, las descalificaciones, el tono abrupto, la crispación del discurso produce dolor de orejas al escuchar; al mismo tiempo presiden los atriles de algunas instituciones sin pudor alguno. La jaula de grillos que algunos quieren generar se ha vuelto habitual y recurrente. Tanto que ya casi somos capaces de predecir con qué nos aleccionarán o con qué tácticas pretenderán abatir las iniciativas de los enemigos -la palabra contrincante vive en el cajón de los descatalogados-. Sin embargo, ha habido un momento insólito casi coincidiendo con el eclipse de sol que ha aplacado y neutralizado a la derecha española. La furiosa dinámica del PP cruzando el actual desierto ha hallado un oasis. Un paro técnico para reponer y alinear la caravana vestida de gala con mucho tronío, salero y donaire bajo la sombra de las palmeras. Una tregua de un solo día, pero tregua en definitiva.

¿Dónde se sitúa este virtuoso cobijo? En Madrid, en el barrio de Salamanca, en la iglesia de San Francisco de Borja y en la finca El Canto de la Cruz. Ambos lugares significados con mucho predicamento mediático donde el cambio climático todavía no ha producido estragos como se puede comprobar en los reportajes gráficos. Hemos estado puntualmente informados de la boda entre el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y Teresa Urquijo Moreno, de la familia Borbón. La aristocracia española, con el rey emérito de cuerpo presente, así como el ala más conservadora de la derecha se han reencontrado -si es que nunca se habían separado- para mostrarnos cómo se hacen las cosas con armonía y con sentido sensato de nación. Juan Carlos I -¡Viva el rey!-, la señora Botella y Aznar, Ayuso -¡presidenta, presidenta!- sin el compañero, Feijóo, Esperanza Aguirre -en la doble vertiente de aristócrata y personaje del PP-, Alberto Ruiz-Gallardón y una larga lista de invitados hasta el medio millar que han compartido el menú del bodorrio. Para redondearlo del todo se ha echado en falta la presencia de los reyes actuales y de Mariano Rajoy, más cómodo con el marisco gallego que con los cocidos madrileños.

¡Enhorabuena, novios, comed perdices y sed felices! Vista la predisposición del alcalde por lo solícito, enamorado como un preadolescente, así deberá ser. José Luis deja de ser un soltero de oro cañí para convertirse en la franquicia de Michel Jackson marcándose un chotis posmoderno desde Madrid, Madrid, Madrid hacia el cielo nupcial. 

 

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