Febrero,
el mes de los gatos porque es cuando más galantean estos atléticos felinos
trepando tejados ajenos o bajando a los discretos escondrijos de las
callejuelas. Cuando más frío hacía, las gatas estaban en celo. Este
año febrero marceo mucho, desconozco si los maullidos nocturnos se han
prodigado como solían o, como los almendros, han florecido prematuramente. El
tiempo y el mundo han enloquecido. Lo que no cambia es la organización
perfecta y medidísima de los calendarios que ya los egipcios preveían pasando
por los romanos hasta el papa Gregorio XIII, que reformó el calendario juliano
-de Julio César-, al cual grosso modo añade un día si las dos cifras de al año
son múltiplos de cuatro. Así el año astronómico encaja con las seis horas
que faltan en los años de 365 días para completar la vuelta de la Tierra al
Sol.
Febrero,
el raro, era -antes del cambio climático- un mes feo. Solía hacer mucho
frío y todavía es oscuro invierno. Estoy convencido de que esta
circunstancia fue clave para tratar de acortarlo, sólo veintiocho días a menos
que proceda un año bisiesto. A la fealdad congénita añadiría que es el período
posnavideño que castiga el abuso festivo y los excesos luminosos. El mes
de las penitencias diversas hermanado con los lunes. De tener poder y
ascendencia en materia santoral, aboliría el febrero y los lunes. Liquidaría
los hitos abyectos que representan. Más aún si febrero dispone de un día
añadido de gracia para castigarnos. Nacer ese día en un año bisiesto debe
marcar carácter y plantea la duda de cuándo conmemoraremos el natalicio los
años que no son divisibles por cuatro. Ya se encarga el código civil de arruinar
la hipotética eterna juventud dictaminando que celebrarán el aniversario a
efectos de papeleo el veintiocho de febrero.
El
maleficio que se les atribuye se focaliza en ese día fantasma, aunque
intermitente y previsible. Porque año bisiesto, año siniestro, reza
acertadamente el refrán fundamentado en la experiencia. Sólo aquellos que
no saben en qué día se comen el pan -como yo mismo- nos escabullimos inoculados
por el caos de una existencia exenta de las tiranías de una agenda exigente. Hablando
de dietarios me pregunto si no es atrevido convocar un evento en este día tan
señalado.
Aunque
fueron los designios -o los caprichos- de la naturaleza, el presidente Pedro
Sánchez es uno de los damnificados que llegó al mundo un día como éste. Dicen
que ya se adivinaba la incipiente flor en el culo cuando abrió los ojos a la
cruda realidad. Ha trascendido de la celebración de este aniversario que
una de las velas de la tarta costó dios y ayuda de apagar. Un colega
presente de los más cercanos al presidente aventuró que esa vela díscola la
había prendido Ábalos, el exministro y hombre de confianza que ahora viaja solo
en una motocicleta con sidecar donde se repantinga sin casco ni mascarilla
la presunta e interminable corrupción de algunos políticos.
Quien
ha elegido conscientemente la fecha de hoy para el discurso de la nación en la
Duma ha sido Vladímir Putin, el presidente de todas las Rusias. El inmenso
escenario con predominio del blanco inmaculado era incapaz de contener el aura
superlativa que emana del personaje. Solo y poderoso paraliza el país y la
audiencia con una mirada de zorro que ha estrujado los huevos de la
paz. Rusia se defenderá de la OTAN si es necesario con una
"trágica" guerra nuclear, ha dicho. Vuelve, a amenazar a las
gallinas todas, con la bomba atómica -que parece más contundente que
nuclear-. No nos confiemos en el año bisiesto, pero de este zorro ártico,
tampoco.
Al
menos 112 personas han muerto y otras 760 han resultado heridas -cifras
provisionales- tras un ataque israelí sobre un punto de recogida de ayuda
humanitaria en el norte de la franja de Gaza. Hoy también es el día en que
se han superado los 30.000 muertos durante cinco meses de guerra en la
Franja. Desconozco en el imaginario judío las connotaciones que comportan
los años bisiestos.
Aunque
lleva traspasado -en el buen sentido de la palabra- seis años
y meses, el presidente Carles Puigdemont hoy -justo hoy- el tribunal supremo ha
decidido investigarle por terrorismo. El alto tribunal ve indicios de
terrorismo -concretamente "terrorismo de calle"-. Me viene a la
cabeza la imagen de unos jueces trabajando la ley en la fragua como un trozo de
acero para volverla bien candente, a rojo fuego para poder forjarla a
martillazos en el yunque de la interpretación judicial políticamente
interesada.
No
todo debe ser negativo, los payeses en prevención, año bisiesto, ni viña
ni huerto, han acordado con la conselleria
algunas medidas que deberán concretarse y verificarse. Hay una que roza la
inutilidad ya que no trae agua ni protección a los productos de Km 0. Es una
especie de metáfora cargada de simbolismo, de las que no se tocan, no se pesan
ni se comercializan. Han conseguido que en el rótulo vigente del
departamento de acción climática se vuelvan a incorporar los conceptos
tradicionales de agricultura, ganadería y pesca. Los
nombres no hacen la cosa, los identifican sin ambigüedades. Más cuando
algunas de las exigencias chocan con el espíritu purista de la acción
climática.
Termino
el repaso relativo a febrero con la clausura del Congreso Mundial de
Móviles. No se han producido desgracias remarcables salvo el robo de un
reloj de los buenos a un importante directivo de una compañía de
renombre. Un gentío con muchos personajes selectos, numerosos apóstoles
del lujo y de la tecnología que se han reunido en una especie de colonias o de semana
blanca para ejecutivos en Barcelona. Marchan, alzan el vuelo una edición
más habiendo casi liquidado el ecosistema de los crustáceos mediterráneos, han resultado
significativamente diezmadas las gambas de Palamós que hasta el próximo
congreso no se habrán recuperado.
Mañana,
cuando se publique esta crónica, ya habremos entrado en marzo, preludio de la
primavera que empezará -dicen- el 20 de marzo a las 04.06. Mientras, os
deseo que como los felinos domésticos hayáis vuelto de las incursiones
nocturnas sanos y salvos. Quizás un poco rasguñados o escaldados. Regresad
tan sigilosamente como cuando os las pirasteis, disimulad, haceos los
desentendidos y agradeced la paz y el confort caseros de una buena comida en
lata para gatos y -como Milei ha prohibido, arañado, el lenguaje no sexista-
gatas sin castrar.
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