jueves, 29 de febrero de 2024

Año bisiesto.

 

Febrero, el mes de los gatos porque es cuando más galantean estos atléticos felinos trepando tejados ajenos o bajando a los discretos escondrijos de las callejuelas. Cuando más frío hacía, las gatas estaban en celo. Este año febrero marceo mucho, desconozco si los maullidos nocturnos se han prodigado como solían o, como los almendros, han florecido prematuramente. El tiempo y el mundo han enloquecido. Lo que no cambia es la organización perfecta y medidísima de los calendarios que ya los egipcios preveían pasando por los romanos hasta el papa Gregorio XIII, que reformó el calendario juliano -de Julio César-, al cual grosso modo añade un día si las dos cifras de al año son múltiplos de cuatro. Así el año astronómico encaja con las seis horas que faltan en los años de 365 días para completar la vuelta de la Tierra al Sol.

Febrero, el raro, era -antes del cambio climático- un mes feo. Solía ​​hacer mucho frío y todavía es oscuro invierno. Estoy convencido de que esta circunstancia fue clave para tratar de acortarlo, sólo veintiocho días a menos que proceda un año bisiesto. A la fealdad congénita añadiría que es el período posnavideño que castiga el abuso festivo y los excesos luminosos. El mes de las penitencias diversas hermanado con los lunes. De tener poder y ascendencia en materia santoral, aboliría el febrero y los lunes. Liquidaría los hitos abyectos que representan. Más aún si febrero dispone de un día añadido de gracia para castigarnos. Nacer ese día en un año bisiesto debe marcar carácter y plantea la duda de cuándo conmemoraremos el natalicio los años que no son divisibles por cuatro. Ya se encarga el código civil de arruinar la hipotética eterna juventud dictaminando que celebrarán el aniversario a efectos de papeleo el veintiocho de febrero.

El maleficio que se les atribuye se focaliza en ese día fantasma, aunque intermitente y previsible. Porque año bisiesto, año siniestro, reza acertadamente el refrán fundamentado en la experiencia. Sólo aquellos que no saben en qué día se comen el pan -como yo mismo- nos escabullimos inoculados por el caos de una existencia exenta de las tiranías de una agenda exigente. Hablando de dietarios me pregunto si no es atrevido convocar un evento en este día tan señalado.

Aunque fueron los designios -o los caprichos- de la naturaleza, el presidente Pedro Sánchez es uno de los damnificados que llegó al mundo un día como éste. Dicen que ya se adivinaba la incipiente flor en el culo cuando abrió los ojos a la cruda realidad. Ha trascendido de la celebración de este aniversario que una de las velas de la tarta costó dios y ayuda de apagar. Un colega presente de los más cercanos al presidente aventuró que esa vela díscola la había prendido Ábalos, el exministro y hombre de confianza que ahora viaja solo en una motocicleta con sidecar donde se repantinga sin casco ni mascarilla la presunta e interminable corrupción de algunos políticos.

Quien ha elegido conscientemente la fecha de hoy para el discurso de la nación en la Duma ha sido Vladímir Putin, el presidente de todas las Rusias. El inmenso escenario con predominio del blanco inmaculado era incapaz de contener el aura superlativa que emana del personaje. Solo y poderoso paraliza el país y la audiencia con una mirada de zorro que ha estrujado los huevos de la paz. Rusia se defenderá de la OTAN si es necesario con una "trágica" guerra nuclear, ha dicho. Vuelve, a amenazar a las gallinas todas, con la bomba atómica -que parece más contundente que nuclear-. No nos confiemos en el año bisiesto, pero de este zorro ártico, tampoco. 

Al menos 112 personas han muerto y otras 760 han resultado heridas -cifras provisionales- tras un ataque israelí sobre un punto de recogida de ayuda humanitaria en el norte de la franja de Gaza. Hoy también es el día en que se han superado los 30.000 muertos durante cinco meses de guerra en la Franja. Desconozco en el imaginario judío las connotaciones que comportan los años bisiestos.

Aunque lleva traspasado -en el buen sentido de la palabra- seis años y meses, el presidente Carles Puigdemont hoy -justo hoy- el tribunal supremo ha decidido investigarle por terrorismo. El alto tribunal ve indicios de terrorismo -concretamente "terrorismo de calle"-. Me viene a la cabeza la imagen de unos jueces trabajando la ley en la fragua como un trozo de acero para volverla bien candente, a rojo fuego para poder forjarla a martillazos en el yunque de la interpretación judicial políticamente interesada.

No todo debe ser negativo, los payeses en prevención, año bisiesto, ni viña ni huerto, han acordado con la conselleria algunas medidas que deberán concretarse y verificarse. Hay una que roza la inutilidad ya que no trae agua ni protección a los productos de Km 0. Es una especie de metáfora cargada de simbolismo, de las que no se tocan, no se pesan ni se comercializan. Han conseguido que en el rótulo vigente del departamento de acción climática se vuelvan a incorporar los conceptos tradicionales de agricultura,  ganadería  y  pesca. Los nombres no hacen la cosa, los identifican sin ambigüedades. Más cuando algunas de las exigencias chocan con el espíritu purista de la acción climática.

Termino el repaso relativo a febrero con la clausura del Congreso Mundial de Móviles. No se han producido desgracias remarcables salvo el robo de un reloj de los buenos a un importante directivo de una compañía de renombre. Un gentío con muchos personajes selectos, numerosos apóstoles del lujo y de la tecnología que se han reunido en una especie de colonias o de semana blanca para ejecutivos en Barcelona. Marchan, alzan el vuelo una edición más habiendo casi liquidado el ecosistema de los crustáceos mediterráneos, han resultado significativamente diezmadas las gambas de Palamós que hasta el próximo congreso no se habrán recuperado.

Mañana, cuando se publique esta crónica, ya habremos entrado en marzo, preludio de la primavera que empezará -dicen- el 20 de marzo a las 04.06. Mientras, os deseo que como los felinos domésticos hayáis vuelto de las incursiones nocturnas sanos y salvos. Quizás un poco rasguñados o escaldados. Regresad tan sigilosamente como cuando os las pirasteis, disimulad, haceos los desentendidos y agradeced la paz y el confort caseros de una buena comida en lata para gatos y -como Milei ha prohibido, arañado, el lenguaje no sexista- gatas sin castrar. 

 

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