domingo, 30 de abril de 2023

Bruce Springsteen.

 

¿Dónde estabas el día que actuó Bruce Springsteen en el Estadio Olímpico? Algunos privilegiados levantarán la mano y con la autoridad que confiere la presencialidad dirán -¡Yo estuve!-. No ha sido mi caso, no puedo ser testigo de ningún concierto del Boss, como lo conocen y proclaman los seguidores incondicionales que asocian un concierto de este hombre a una experiencia mística por la potencia y el liderazgo que ostenta en el mundo musical todavía a los 73 años según la información contrastada en las redes. Una demostración con guitarra que la edad es relativa y que la solfa rejuvenece -dedicado también a nuestro trovador Jaume Arnella-. Algo que no se puede explicar, relatan los privilegiados que presenciaron el concierto del viernes.

Ha sido la noticia que ha apagado muchos otros titulares de la actualidad política. Bruce en Barcelona con un séquito de estrella mundial perfumado de bienaventuranza musculada con la mujer de Obama y de Spielberg en el escenario participando de la fiesta y siendo también protagonistas destacadas. Como si después de una comilona con amigos, a la hora de romper los convencionalismos, la desinhibición y la vergüenza se destilan en un improvisado trío el ritmo y la alegría con unas maduritas coristas célebres. El cantante ha venido acompañado de amigos importantes que le apoyan, un expresidente de Estados Unidos y un reconocidísimo director de cine. Una tropa que ha convivido y compartido hotel, restaurantes i se ha prodigado como turistas singulares que firman en los libros de honor para que quede aún más constancia de su presencia en la Sagrada Familia o en la Abadía de Montserrat.

La Barcelona springsteeniana es el ojo del huracán en el mundo y en los epicentros catalanes desplazándose en persona a la manera hollywoodiense, con caravanas de vehículos y con un colosal cóctel de guardaespaldas diversos. Gente importante que otorga diplomas y referencias culinarias sólo con su presencia y el testimonio gráfico de una fotografía. Hemos de ver cómo las etiquetas de los vinos incorporan los sellos de proveedores exclusivos sino de la casa real, de los personajes que los han degustado estos días. Obama ha comprobado cómo la Moreneta lo es, de morenita. Y Spielberg ha visto en directo cómo el Santo Grial del concierto era la armónica que Bruce regaló a una niña del público que asistía al concierto.

Mientras, en la ciudad de las obras, Barcelona, ​​se viven al mismo tiempo los preliminares de la campaña a las elecciones municipales. Candidatos afilando oratoria y multiplicando presencia, de la feria de abril a los conciertos del Boss. Del Fórum a Montjuïc en un no vivir verificando el milagro de la ubicuidad. Qué no habrían dado los respectivos candidatos por salir junto a Obama en un apretón cordial de manos y risueños, todo dientes blancos y bien puestos. Ilusiones que no han sido. Sueños húmedos con Bruce en el escenario agradeciendo la presencia del presidente de la Generalitat o de la alcaldesa. Ninguna referencia, pisarán la desventrada ciudad pacificada como insignes turistas con mucho protagonismo del que se contagia, apartándose del poder local con sólo un genérico “Hola Barcelona, ​​hola Catalunya” antes de empezar el concierto.

Barcelona ha sido la ciudad elegida para inaugurar la gira europea de Bruce Springsteen. Todavía existe una multitud que asistirá al segundo concierto previsto para este domingo, ambos únicos en España. Una segunda oportunidad -algunos repiten- para ver en directo al ídolo de masas. Ya hay quien habla de despedida. ¿Habrá más giras del Boss? Por si acaso, estos conciertos sí tienen cierto aire de adiós. Un evento que ha confirmado Barcelona en el mapa con un mañana cargado de placas conmemorativas al modo de las estaciones de un vía crucis laico camino del concierto. “Segunda estación: Aquí tomaron el vermut con anchoas de L'Escala, aceitunas rellenas y berberechos aliñados con salsa Espinaler”. En algún museo se expondrá la armónica en una urna que el cantante regaló a aquella niña que, siendo ya una mujer con sentido cívico, habría decidido que una reliquia como ésta debe compartirse y por eso la dejó en herencia en la ciudad de Barcelona.

¡Hola Cataluña!

No hay comentarios:

Publicar un comentario