sábado, 21 de marzo de 2020

No a las selfis con el coronavirus.


Al ritmo binario de las caceroladas retomo la gaceta del confinado. Una repiquetea con el agradecimiento a la gente -toda- que aporta más que trabajo y se expone a disposición de quien lo necesitamos. ¡Gracias! 

La otra cacerolada ha estallado mientras el rey se dirige el país desde un decorado muy espartano, como el de un estudio de fotógrafo a principios de siglo con una austeridad escénica tirando a espacio de cartón piedra. Digamos que, desde la última comparecencia extraordinaria  y no navideña, el escenario ha perdido mucha suntuosidad. En cuanto al contenido, que les henchía de antemano con "profunda satisfacción", en esta edición tampoco es para tirar cohetes -¡o sí! - Dicen que circula por las redes una profética réplica novelada y casi literal del discurso real confirmando una vez más que la realidad supera con creces a la ficción -o viceversa-. 

Desde el confinamiento hogareño mis relaciones virtuales también me mantienen firme y me ayudan a no desfallecer. Os agradezco las felicitaciones que van llegando por San José, nunca tantas y apreciadas por la parte que me toca. Felicidades, pues, a todos los que celebramos la fiesta en esta intimidad circunstancial. Con o sin crema catalana ha sido una comida de celebración en pequeño comité. ¡Felicidades! -levanto la copa-. Compartida desde la diáspora familiar y con un gran ahorro de abrazos que tendremos que ir acumulando para el día que nos podamos reencontrar. 

Os propongo llevar una hoja de cálculo -para ser precisos y buenos administradores- en la que vayamos consignando los abrazos, los besos, los encuentros, las privaciones epidérmicas... que nos vamos prometiendo. Son las pendientes deudas contraídas que tendremos que afrontar con intereses así que el sol con su calidez ilumine las calles de vida otra vez.

Al día siguiente de San José, el 20 de marzo, la ONU lo ha proclamado el día internacional de la felicidad. Una fecha simbólica para conmemorar la importancia de la felicidad como una parte integral, y fundamental, en el desarrollo y bienestar de "todos los seres humanos". Ya es una ironía que en el calendario del santoral laico esta celebración coincida con el azote de la pandemia que nos hostiga con esta virulencia. Ser feliz ahora se acerca mucho a no estar infectados. Aquellos que me conocen saben que, cuando me preguntan cómo estoy, les respondo que habito cerca de la felicidad. Porque ser absolutamente feliz -con la que cae- sólo debe ser patrimonio de inconscientes y cosa de lunáticos irreflexivos. 

Seamos felices, pero sin pasarnos, como me demuestran los colegas matemáticos -los de la enigmática oscuridad científica sólo para mentes rutilantes- expresando que vivir cerca de la felicidad es una expectativa similar a la representación de una curva que se acerca de continuo a una recta sin llegar nunca a encontrarla. Asintóticamente imposible, que traducido a la metáfora de los que no hilamos tan fino -los de letras- significa que llegar a ser felices del todo es imposible. ¡Esforcémonos, pues, para acercarnos lo máximo posible, amigos y amigas! 

En el plano cinematográficamente corto de esta experiencia, la del confinamiento, os informo que sigo la evolución morfológica de la gata de una vecina adquiriendo gravedad de la que miden las básculas. Por aquello de la protección de los datos personales me abstengo de hacer comentario alguno respecto de la dueña del felino -o felina, que dudo acerca del género-. Con la vecina no hemos roto el hielo y, por ahora, nos ignoramos mutuamente. Ya llegará el día de dedicarnos un pequeño gesto de lado a lado de la calle, y una sonrisa de complicidad.

A pesar de la tensión en la cohesión familiar que provoca el juego de las sillas, todavía no nos hemos peleado. La armonía, mientras nos observamos con prevención, no se ha agrietado. ¡Que dure! Tenemos comida, estamos comunicados y los de natural sedentario -mi caso-, poco dados a las efusiones atléticas o acrobáticas que no sea una pausada carrera de pasillo, pasamos el trance como los peces en el agua. 

¡Que la primavera nos sea más propicia! Estamos en contacto. Mientras, ¡decreto unilateralmente prohibidas las selfis con el coronavirus!

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