Al ritmo binario de las
caceroladas retomo la gaceta del confinado.
Una repiquetea con el agradecimiento a la gente -toda- que aporta más que
trabajo y se expone a disposición de quien lo necesitamos. ¡Gracias!
La otra cacerolada ha estallado
mientras el rey se dirige el país desde un decorado muy espartano, como el de
un estudio de fotógrafo a principios de siglo con una austeridad escénica
tirando a espacio de cartón piedra. Digamos que, desde la última comparecencia
extraordinaria y no navideña, el
escenario ha perdido mucha suntuosidad. En cuanto al contenido, que les henchía
de antemano con "profunda satisfacción", en esta edición tampoco es
para tirar cohetes -¡o sí! - Dicen que circula por las redes una profética
réplica novelada y casi literal del discurso real confirmando una vez más que
la realidad supera con creces a la ficción -o viceversa-.
Desde el confinamiento hogareño
mis relaciones virtuales también me mantienen firme y me ayudan a no
desfallecer. Os agradezco las felicitaciones que van llegando por San José,
nunca tantas y apreciadas por la parte que me toca. Felicidades, pues, a todos
los que celebramos la fiesta en esta intimidad circunstancial. Con o sin crema
catalana ha sido una comida de celebración en pequeño comité. ¡Felicidades!
-levanto la copa-. Compartida desde la diáspora familiar y con un gran ahorro
de abrazos que tendremos que ir acumulando para el día que nos podamos reencontrar.
Os propongo llevar una hoja de
cálculo -para ser precisos y buenos administradores- en la que vayamos
consignando los abrazos, los besos, los encuentros, las privaciones epidérmicas...
que nos vamos prometiendo. Son las pendientes deudas contraídas que tendremos
que afrontar con intereses así que el sol con su calidez ilumine las calles de
vida otra vez.
Al día siguiente de San José, el
20 de marzo, la ONU lo ha proclamado el día internacional de la felicidad. Una
fecha simbólica para conmemorar la importancia de la felicidad como una parte
integral, y fundamental, en el desarrollo y bienestar de "todos los seres
humanos". Ya es una ironía que en el calendario del santoral laico esta
celebración coincida con el azote de la pandemia que nos hostiga con esta
virulencia. Ser feliz ahora se acerca mucho a no estar infectados. Aquellos que
me conocen saben que, cuando me preguntan cómo estoy, les respondo que habito
cerca de la felicidad. Porque ser absolutamente feliz -con la que cae- sólo
debe ser patrimonio de inconscientes y cosa de lunáticos irreflexivos.
Seamos felices, pero sin
pasarnos, como me demuestran los colegas matemáticos -los de la enigmática
oscuridad científica sólo para mentes rutilantes- expresando que vivir cerca
de la felicidad es una expectativa similar a la representación de una curva que
se acerca de continuo a una recta sin llegar nunca a encontrarla.
Asintóticamente imposible, que traducido a la metáfora de los que no hilamos
tan fino -los de letras- significa que llegar a ser felices del todo es
imposible. ¡Esforcémonos, pues, para acercarnos lo máximo posible, amigos y
amigas!
En el plano cinematográficamente
corto de esta experiencia, la del confinamiento, os informo que sigo la
evolución morfológica de la gata de una vecina adquiriendo gravedad de la que
miden las básculas. Por aquello de la protección de los datos personales me
abstengo de hacer comentario alguno respecto de la dueña del felino -o felina,
que dudo acerca del género-. Con la vecina no hemos roto el hielo y, por ahora,
nos ignoramos mutuamente. Ya llegará el día de dedicarnos un pequeño gesto de
lado a lado de la calle, y una sonrisa de complicidad.
A pesar de la tensión en la
cohesión familiar que provoca el juego de las sillas, todavía no nos hemos
peleado. La armonía, mientras nos observamos con prevención, no se ha
agrietado. ¡Que dure! Tenemos comida, estamos comunicados y los de natural
sedentario -mi caso-, poco dados a las efusiones atléticas o acrobáticas que no
sea una pausada carrera de pasillo, pasamos el trance como los peces en el
agua.
¡Que la primavera nos sea más
propicia! Estamos en contacto. Mientras, ¡decreto unilateralmente prohibidas
las selfis con el coronavirus!
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