martes, 28 de mayo de 2019

Urnas.


El día después del día "D" en asuntos electorales, entendido el día "D" como el día siguiente de haberse abierto las urnas, tiene un punto similar a la gestación previa al nacimiento de un pacto si no se ha logrado una mayoría suficiente. Algunos ginecólogos, parteras y comadronas expertas ya ven venir que la cosa se puede torcer. La voluntad en campaña de vencer con autosuficiencia para gobernar sin muletas y en solitario se interrumpe por una falta de asepsia no siempre posible. Una leve falta de oxígeno, ciertos problemas de movilidad debido a unos juanetes, dolor espeso de cervicales o la presencia de microorganismos patógenos comportan que el autismo político, sin pactos, sea raro y muy difícil de alcanzar. 

Decidir a quién votar es todo un ejercicio de meditación. Precisamente por ello, en el calendario electoral, se fijó con mucha intención el día de "reflexión" previa al día "D" estableciendo así un periodo de deliberación en caso de duda. Reflexionando lo hago, a este día de cavilación, si ya lo tienes muy claro y decidido, una jornada no laboral electoralmente hablando que los convencidos, los afiliados y los simpatizantes firmes dedican al ocio. Quien aprovecha para buscar setas, para una barbacoa en pequeño comité sin los irresolutos a elegir la papeleta o para visionar los capítulos pendientes de Juego de Tronos. O para sufrir, como en este caso, la derrota del Barça en la final de la copa de su majestad el rey en tierras andaluzas. ¿A quién pitaba el personal? 

Aquellos no incondicionales a una formación política, los no categóricos sin un voto de piedra picada, dedican el día de reflexión a ello. A darle vueltas, a repasar y a contrastar los programas electorales con un lápiz rojo muy atentos al detalle. Son lo que, volviendo al símil del parto electoral, están alerta a los posibles pactos. Los que tienen presente qué criatura pueden llevar al mundo los padres que se odiaban con tanta vehemencia abocados ahora, por necesidad y por una ciática porcentual, a decir "sí" ya sea por lo civil, por la iglesia o por cohabitar en pecado. 

El alcalde de un pueblo pequeño me explicaba con cierta resignación irritada como perdió por un puñado de votos -no llegaban a la docena- la reelección. ¡Engatusando a una familia numerosa habría derrotado al adversario! Siendo fácil el recuento del censo de aquella aldea no entendía como todo el pueblo, con contadas excepciones sabidas, le paraban por la calle o en el café de la plaza mayor los días de mercado semanal para confesarle el pesar, la injusticia y, sobre todo, para sostener que ellos lo habían votado. Decía este alcalde descabalgado que, si todos los que aseguraron que le habían apoyado hubieran depositado la papeleta a su favor, habría obtenido una mayoría absoluta muy holgada. Abatido, los iba recontando y rumiando, pero los números no salían. 

El ritual de los recuentos tiene algo de dispensario donde aliviar las angustias acumuladas durante la campaña. La apertura de las urnas es el momento con más intriga y más emocionante por cómo pueden tambalearse los resultados. Un mercado de Calaf electoral donde en lugar de helarse las palabras se congelan los resultados hasta que el sol de los acuerdos y de los focos mediáticos los descongelan poniéndolos a lugar. Mientras, entre los discursos que se deshielan a la vez y los gritos de los que tienen que hablar y no pueden hacerse oír, resulta un alboroto con tanta confusión que no hay manera de entenderlo.

Así que la atmósfera se va templando, casi terminada la aritmética de los porcentajes, estalla una maraña de mensajes que cuestan de discernir y de saber quién los emite. "Lamento que sólo hable en clave independentista". "Un gobierno en minoría no ha sido el mejor para la ciudad". "Tenemos que hacer autocrítica tras los resultados”... Una coincidencia ya no de promesas sino de intenciones. "Me desvincularé si pactan con la ultraderecha". "El único partido que ha mejorado sus resultados respecto al mes pasado". "Utilizaré el ejemplo andaluz en positivo allí donde pueda". "No pienso dimitir pero mi cargo está a disposición de las bases". "Verdes y jóvenes somos los que mejor hemos entendido que no se combate el discurso del miedo con más miedo. Es la política del optimismo”. 

Pasada la medianoche algunos aún reflexionan intentando averiguar la paternidad y el sexo del pacto porque también es el momento desgarrador de los arrepentidos. Y otros, como el alcalde de mi pueblo, recuentan adhesiones que no mueven el resultado final. Entre el regusto áspero de la victoria hay quien exhibe la dulce derrota, como la llamó un presidente del gobierno allá por el siglo pasado. 

Un repique de campanas deberá anunciar la buena nueva y la fecha del bautizo al que estaremos invitados entre la parentela lejana -también la de los afligidos-.

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