viernes, 4 de enero de 2019

Esplendores de temporada.

¡Feliz 2019! Un deseo reiterado convertido en saludo mecánico para el año incierto -dicen- que empieza. Para combatirlo podría convertirme en un activista de la desinformación con un punto de autismo social respecto de la comunicación. ¿Es posible vivir en la ignorancia, desenchufado de las redes, ajeno y recluido en una burbuja hermética? Desisto de la tentación porque este aislamiento militante no me volverá invulnerable, un inconsciente objeto aún más en manos de los agentes y de las circunstancias que me inquietan. 

Algunos indicios apuntan a esta incertidumbre. Los profetas de la política y de la economía así lo proclaman. Desde los profundos ensayistas a los vocingleros de visceral Tweet corto nos anuncian un mapa cruzado por algunas isobaras que no trazan un panorama de bonanza ni de entendimiento para hacer realidad todos los buenos deseos que nos recetamos recíprocamente con la voluntad de que se cumplan. 

Justo el primer día hábil del año, todavía empantanados digiriendo los turrones mecidos por una marea de cava con los matasuegras en el cubo del reciclaje, Trump felicita al nuevo presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro. "Brasil en primer lugar. Dios en primer lugar", la letra de una partitura ultra retumba ahora al sur del nuevo continente con la incorporación de la octava economía mundial a este club de corifeos que se dan de baja de organismos y pactos internacionales económicos o de los acuerdos por el clima, por ejemplo. En la agenda de este político brasileño está el compromiso de combatir la "ideología de género". 

Aparco la herramienta de barrer el escurridizo confeti de la verbena de fin de año que se debería prohibir por la capacidad de camuflaje y de infiltración en las recónditas intimidades, cuando el presidente de China, Xi Jinping, amenaza en una comparecencia televisada con la fuerza para conseguir la "reunificación" de China con Taiwán. "No prometemos renunciar al uso de la fuerza y nos reservamos la opción de tomar todas las medidas necesarias". Según el dirigente, Taiwán forma parte de la misma familia china y que su "absurdo intento de independencia" es un "corriente adverso de la historia y un callejón sin salida". Los primos hermanos taiwaneses -de Xi- ven clave el apoyo internacional para conseguir y consolidar su soberanía.

El árbol de navidad todavía me dedica un guiño con una intermitencia esperanzadora que me lleva a la maratoniana conferencia de prensa prenavideña del frívolo zar Vladimir Putin -no todo debe ser noticias que intimidan- en la que declaró que dejaría de vivir en pecado y que "como persona decente" debería casarse algún día. El auditorio y yo suspiramos. 

 En la globalidad del microcosmos ibérico destaca el discurso, desde Melilla, del dirigente del PP con la intención de limitar la acogida de menores extranjeros. Un gesto que no desafina con la conmemoración de la conquista de Granada, ciudad en la que el PP ha repartido 4.000 banderas españolas para recordar y celebrar los siglos de Reconquista contra el invasor musulmán. 

Pendientes del caso catalán -recordemos que hay presos políticos en prisión preventiva- los Comunes pretenden "superar el marco estatutario" por medio de la reforma de la carta magna española "en clave plurinacional". No olvidemos que el juicio contra los dirigentes encarcelados comienza antes de que el abeto se nos marchite. 

Las campanadas y las uvas políticas este año los presenta -sin bikini floreado al estilo Pedroche- Vox advirtiendo que no apoyará al PP ni a Ciudadanos para el nuevo gobierno en la comunidad andaluza si no eliminan, "entre otras cosas", el apoyo presupuestario a la lucha contra la violencia de género que ya habían pactado. Si no es así, les han alertado de que vayan buscando un acuerdo con otras formaciones. ¡Qué patata más caliente! A los pentagramas más retrógrados de las corales reaccionarias hay un estribillo que hace fortuna, ahora en versión femenina: "¡A por ellas!". 

Aparco la escoba de recoger el confeti escurridizo y para huir de la oscuridad me dejo deslumbrar por los destellos de colores y por las lentejuelas navideñas. Pronto tendremos que desenchufarlos. Antes de volver a la oscuridad de enero sin guirnaldas, cierro los ojos y me aseguro que mis deseos para las personas que quiero, me importan y me apoyan no se hayan desvanecido como el confeti esquivo y no sean sólo esplendores de temporada. 

¡Que este también sea un buen año!


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