¡Feliz 2019! Un
deseo reiterado convertido en saludo mecánico para el año incierto -dicen- que empieza. Para combatirlo podría convertirme en
un activista de la desinformación con un punto de autismo social respecto de la
comunicación. ¿Es posible vivir en la ignorancia, desenchufado de las redes,
ajeno y recluido en una burbuja hermética? Desisto de la tentación porque este
aislamiento militante no me volverá invulnerable, un inconsciente objeto aún
más en manos de los agentes y de las circunstancias que me inquietan.
Algunos
indicios apuntan a esta incertidumbre. Los profetas de la política y de la
economía así lo proclaman. Desde los profundos ensayistas a los vocingleros de
visceral Tweet corto nos anuncian un
mapa cruzado por algunas isobaras que no trazan un panorama de bonanza ni de
entendimiento para hacer realidad todos los buenos deseos que nos recetamos
recíprocamente con la voluntad de que se cumplan.
Justo el primer
día hábil del año, todavía empantanados digiriendo los turrones mecidos por una
marea de cava con los matasuegras en el cubo del reciclaje, Trump felicita al
nuevo presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro. "Brasil en primer
lugar. Dios en primer lugar", la letra de una partitura ultra retumba
ahora al sur del nuevo continente con la incorporación de la octava economía
mundial a este club de corifeos que se dan de baja de organismos y pactos
internacionales económicos o de los acuerdos por el clima, por ejemplo. En la
agenda de este político brasileño está el compromiso de combatir la
"ideología de género".
Aparco la
herramienta de barrer el escurridizo confeti de la verbena de fin de año que se
debería prohibir por la capacidad de camuflaje y de infiltración en las
recónditas intimidades, cuando el presidente de China, Xi Jinping, amenaza en
una comparecencia televisada con la fuerza para conseguir la "reunificación" de China con Taiwán.
"No prometemos renunciar al uso de la fuerza y nos reservamos la opción de
tomar todas las medidas necesarias". Según el dirigente, Taiwán forma
parte de la misma familia china y que su "absurdo intento de
independencia" es un "corriente adverso de la historia y un callejón
sin salida". Los primos hermanos taiwaneses -de Xi- ven clave el apoyo
internacional para conseguir y consolidar su soberanía.
El árbol de
navidad todavía me dedica un guiño con una intermitencia esperanzadora que me
lleva a la maratoniana conferencia de prensa prenavideña del frívolo zar
Vladimir Putin -no todo debe ser noticias que intimidan- en la que declaró que
dejaría de vivir en pecado y que "como persona decente" debería
casarse algún día. El auditorio y yo suspiramos.
En la globalidad del microcosmos ibérico
destaca el discurso, desde Melilla, del dirigente del PP con la intención de
limitar la acogida de menores extranjeros. Un gesto que no desafina con la
conmemoración de la conquista de Granada, ciudad en la que el PP ha repartido
4.000 banderas españolas para recordar y celebrar los siglos de Reconquista
contra el invasor musulmán.
Pendientes del
caso catalán -recordemos que hay presos políticos en prisión preventiva- los
Comunes pretenden "superar el marco estatutario" por medio de la
reforma de la carta magna española "en clave plurinacional". No
olvidemos que el juicio contra los dirigentes encarcelados comienza antes de
que el abeto se nos marchite.
Las campanadas
y las uvas políticas este año los presenta -sin bikini floreado al estilo
Pedroche- Vox advirtiendo que no apoyará al PP ni a Ciudadanos para el nuevo
gobierno en la comunidad andaluza si no eliminan, "entre otras
cosas", el apoyo presupuestario a la lucha contra la violencia de género
que ya habían pactado. Si no es así, les han alertado de que vayan buscando un
acuerdo con otras formaciones. ¡Qué patata más caliente! A los pentagramas más
retrógrados de las corales reaccionarias hay un estribillo que hace fortuna,
ahora en versión femenina: "¡A por
ellas!".
Aparco la
escoba de recoger el confeti escurridizo y para huir de la oscuridad me dejo
deslumbrar por los destellos de colores y por las lentejuelas navideñas. Pronto
tendremos que desenchufarlos. Antes de volver a la oscuridad de enero sin
guirnaldas, cierro los ojos y me aseguro que mis deseos para las personas que quiero,
me importan y me apoyan no se hayan desvanecido como el confeti esquivo y no
sean sólo esplendores de temporada.
¡Que este
también sea un buen año!
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