martes, 9 de octubre de 2018

Viejos cuchillos tiritan bajo el polvo.


En Brasil la bolsa sube tras la victoria del candidato ultraderechista en las primarias. El pueblo -siempre sabio y con criterio- aplaude la propuesta de liquidación de las empresas públicas. ¡Muerto el perro, ahogada la corrupción! Una idea muy brillante que ha valorado una buena parte de la sociedad brasileña. 

La fotografía en Roma del ministro italiano Matteo Salvini con la presidenta del Frente Nacional francés, Marine Le Pen, también es para enmarcar. ¡Qué pareja y cuánto glamour! Son, efectivamente, los salvadores de Europa en contra de la globalización y de la migración, y a favor de la familia y de la vida. 

Más cercano, en la plaza de toros de Vistalegre, VOX llena hasta la bandera y ponen el cartel de no hay billetes -como en una corrida matinal con grandes espadas ante los peligrosos Miura-. Vestidos "de luces" -iluminados como los toreros- repasan las 100 soluciones para la España "viva". El acto no acontece en lorquiana hora -las cinco en punto- ni el hijo y nieto de los Camborios ha ido cortando limones redondos y los ha tirado al Manzanares hasta ponerlo de oro. Tampoco los guardias civiles lo han detenido a las nueve de la noche mientras bebían limonada todos y el cielo relucía como la grupa de un potro. Sólo los cuchillos viejos han temblado bajo del polvo. 

Crearán un ministerio de familia. Los de municipio y sindicato son una obviedad. Derogarán la ley de violencia de género. Rebajarán impuestos. Impulsarán el plan hidrológico con otra obviedad, la inauguración quinquenal de pantanos. Deportarán a los migrantes ilegales porque no vienen a magnificar España sino a recibir prebendas y a hacer turismo. Dictarán leyes para combatir la inmigración y las ONG que colaboren. Barrerán las autonomías y Cataluña será nacional o no será. Basta de profanaciones de templos. Basta de ir a Alemania a buscarse la vida y el pan -si pobres, limpios y honrados-. Nos hermanaran con los latinoamericanos que han sido abandonados bajo la alpargata de los dictadores.

Todo esto lo proclama quien "es un licenciado en supervivencia por la universidad de la vida" según el presentador curándose en salud y habiendo aprendido la lección reciente impartida por Pablo Casado. Un profeta de grandezas -sin másteres- augura que los españoles estarán primero. Suelta sin pudor por plagio que "Juntos haremos España grande otra vez". Si no hubiera sido por el himno de la legión, habría pensado que aquello, en lugar de Vistalegre, era Oklahoma del Sur y que Trump, el hombre del circo, estaba de gira por la meseta. 

Vuelvo a reivindicar la urgente necesidad de que el himno español tenga una letra. Manolo Escobar, Nino Bravo o Ricky Martín no son suficientemente solemnes. Apelar al " novio de la muerte " resulta algo sobreactuado.


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