La polémica
está servida. ¿Leche de supermercado o leche de vaca contrariamente llamada por
el legalismo de actualidad leche "cruda"? A la leche de cada día nos
hemos acostumbrado a hallarla en los estantes de los lácteos cercana a los
primos hermanos los yogures en un catálogo de variedades diversas de todos los colores
y sabores sometidos a una fecha de caducidad contundente que dictamina la
obsolescencia en materia de consumo. Decidir qué yogur y qué leche buscamos a menudo
nos colma de incertidumbre. Qué preferimos: leche "fresca",
"entera", "semidesnatada", "desnatada", "sin
lactosa", "con omega-3", "con fitosteroles",
"enriquecida con calcio"... Os ahorro la parentela de productos
lácteos aromatizados o bien combinados con todo tipo de frutas u otros
complementos pasteleros y sus propiedades probióticas que mejoran la digestión
o sacuden al colesterol. Obviaré, sin embargo, uno de los productos más
nocivos para el tránsito intestinal -¡y vital!, la mala leche.
Las vacas, mamíferos de vistosa ubre
contundente -las de leche-, tienen cuatro pezones. Una peculiaridad morfológica
a tener en cuenta ya que suelen parir generalmente sólo una cría y
excepcionalmente dos, gemelos, en un proceso de gestación que dura nueve meses.
Podríamos afirmar que esta circunstancia ya es una provocación que ha llevado a
la ganadería bovina a someterse a la práctica interesada de los humanos por
ordeñarlas, a las vacas, un escamoteo de parte del producto a las crías, los
perjudicados terneros. Las vacas propiamente de leche son como aquellas que
pastan en el pesebre navideño pintadas de blanco con manchas negras. La
consideración primera y fundamental, si se desea comercializar leche
"cruda", es que estos rumiantes con cuernos y cencerro únicamente dan
leche cuando deberían amamantar a una cría, después el grifo se seca y es
necesario esperar a que vuelvan a parir para retomar la producción del oro
blanco.
En el supuesto de interesaros la cosa láctea,
la segunda consideración es que tengáis muy en cuenta que os podrían endosar
una raza de vacas con un rendimiento escaso de leche. Fijaos bien y decantaos por
las frisonas de origen holandés -las blancas con manchas negras, como las del
pesebre-. Si os colasen alguna de suiza tampoco sería una desgracia, pero estas
se consideran mixtas para la producción tanto de carne como de leche -las
helvéticas ya vienen pintadas de fábrica de color marrón brillante con algunas
manchas blancas-.
Tercera
consideración. Ordeñar a mano es muy duro y cansado. Al concepto de leche
"cruda" se adecúa el procedimiento manual, más tradicional y
totalmente ecológico. Imaginaos el impacto comercial de un anuncio rústico que
fomente la venta de leche cruda de ordeño a mano. Un éxito como el pan de payés
al horno de leña. Duro y cansino significa esquivar a un enjambre de moscas voraces
y eludir la cola del rumiante, un apéndice con extraordinaria movilidad y
capacidad para fustigar que también integra estratégicamente en su anatomía este
ganado. Ordeñar a una vaca eficientemente es un delicado ejercicio de motricidad
fina que castiga fuerte las muñecas mientras se debe procurar que de una coz
traidora no se vaya al traste el producto. ¡Ensayad!
Alcanzadas las
exigencias anteriores y obtenida la leche de la vaca oportuna, deberíamos
bautizarla -a la vaca- con algún nombre simpático como Pastora, Rubia, Linda o
similares ya que podremos ampliar el impacto, el reclamo con un anuncio como "¡Leche
de vaca ordeñada a mano de la Pastora!".
Ordeñadas las
vacas -en dos sesiones diarias- ya tenemos la preciada leche que hasta la
posibilidad de comercializarla "cruda" y al precio que fije el
ganadero, debía de venderse a las grandes compañías que la distribuían una vez procesada
al gran comercio al precio estipulado por estas empresas. La alternativa pasaba
por enzarzarse en la producción de quesos caseros o de yogures de marca propia en
un mercado local o comarcal al amparo de grandes inversiones no siempre
rentables.
¡Bienvenida
leche cruda! Estimada y entrañable leche de vaca de la que ha sido proscrita la
venta directa al consumidor. Leche de vaca sin más; natural y entera sólo
susceptible de ser bautizada con mayor o menor generosidad por el granjero
según la cantidad de agua con la que se quiera amortiguar el sabor poderoso e
intenso al que nuestros paladares ya no están acostumbrados ni reconocen. ¡Disfrutadlo!
Dejaos llevar por una experiencia renovada altamente nutritiva. Leche sin
fitosteroles, sin calcio añadido, con mucha lactosa y, dependiendo de la
honradez de quien os la proporcione, más o menos aguada. Eso sí, de bautizarla, utilizad agua cristalina de
una fuente tan natural y "cruda" como la misma leche.
Os sorprenderá
el sabor contundente, a vaca, y si no sois aprensivos deleitaos con la sutil capa
de nata que certifica el grado poderoso de la leche natural. Las vacas de raza
lemosina y la parda de los Pirineos, de carne y más rústicas que las frisonas
propiamente de leche, sólo producen la leche justa para las crías aún más
espesa y grasa. Intensa y con pequeñas lunas amarillas, el indicio de una
mantequilla excelente que con paciencia las abuelas destilaban en casa. O los requesones
y los quesos frescos cuando una tormenta de verano cuajaba la leche y no se
podía entregar al camión de la recogida diaria. Épocas abundantes en quesos y
requesones espléndidos asociadas a la meteorología y al reciclaje de la leche
aparentemente dañada para el consumo inmediato.
A la reciente
polémica más interesada que sanitaria se sobrepone la desmemoria del sabor y
las precauciones que nos ha ahorrado la industria lechera del tetrabrik . Por pereza culinaria llegará
el día que nos habrán hecho olvidar que a las lechugas recién salidas del
huerto hay que lavarlas cuidadosamente y liberarlas de la fauna vegetariana que
las parasita, caracoles, babosas e invertebrados diversos. ¿Quién no tenía aprendido
que la leche de vaca se debe hervir y que caduca antes que los yogures con endrinos?
Que vivan los ganaderos,
que podrán sacar provecho desde el kilómetro cero, esclavos de un trabajo con
dedicación absoluta ya que todos los domingos, festivos de guardar, navidades y
fiestas del santo patrón sin excepción, la Pastora, la Rubia y demás colegas
cornudas también almuerzan y deben ser ordeñadas sin pretextos con puntualidad
inglesa.
Seamos intrépidos,
pues, con moderación y progresivamente redescubramos la leche de siempre,
aquella de cuando sustituía la materna y los bebés -¿más ecológicos? - nacíamos
en casa en una palangana.
¡Viva la cruda
mala leche!
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