martes, 13 de febrero de 2018

El mes de los gatos, febrero.



Febrero es el mes de los gatos, algo que no ha sustraído protagonismo al "perro catalán” que la semana pasada atizó un mordisco en una pierna a una mujer de 45 años". La noticia no especifica si la pierna de la agredida también era “catalana” o no. Tendremos que averiguar si el chucho tiene ascendencia olímpica y si se trata de un antepasado del feroz Cobi. El incidente sucede justo cuando entra en vigor una ley que prohíbe cortar la cola y las orejas a las mascotas. Los animalistas pendientes de la interpretación que puede hacer el Tribunal Constitucional respecto de si los toros de lidia se pueden considerar mascotas de los diestros toreros de pleno derecho o no cuando la ONU pide al gobierno que España prohíba que los niños participen en espectáculos taurinos, ya se trate de aprendices de matador o como público exaltado solicitando el rabo del toro. 

En el mes de los gatos de parda nocturnidad qué dibujaría el Gat Perich, tan vigente, respecto del despido del dibujante Ferreres. No hace gracia, ciertamente. En noviembre otro humorista gráfico, Eneko, también fue despachado presuntamente por las críticas al gobierno de Mariano, especialmente por el conflicto catalán. Hay una viñeta de este humorista gráfico rotulada "Marca España" que dibuja la cabeza de un toro -fácil de asociar con la silueta mítica de Osborne en los arcenes estratégicos de las carreteras nacionales- en el que un cuerno se ha transformado en el brazo policial que blande una porra. Un mensaje eficaz y bien hallado, impactante por el garrote y por el cuerno gemelo de un Minotauro que embiste en este laberinto ibérico de los tiempos que corren. 

El diario catalán Ara pública un editorial gráfico -las viñetas también lo son de pleno derecho, de editoriales- del Anthony Garner titulado 155 bajo cero donde un enorme cubito recluye y paraliza un borrico catalán sólo protegido con una bufanda amarilla. ¡Qué frío! Una carambola de chiste jugando a dos bandas, la de la vertiente política catalana on the rocks de ahora mismo y la meteorológica que viene a desmentir el cambio climático haciendo justicia a las sabias teorías de Trump, un cuento chino. 

La nevada de esta semana nos ha situado ante la fuerza severa de la naturaleza cruel y a la vez nos ha retrotransportado -¿políticamente también?- a los años sesenta del siglo pasado cuando, en ausencia de los proféticos hombres del tiempo actuales, la nieve caía con mucha alevosía. Espesores contundentes de nieve húmeda y pesada de temporada que ponían a prueba los débiles tejados y la sufrida paciencia de los aldeanos asumiendo la limpieza en usufructo de la acera propia. Hace ya mucho tiempo.

¡Qué frío! Y porque tiempo era tiempo -amigo Juan Manuel- de esta nieve helada y pertinaz -como una sequía franquista- con la pau al coll, la flota al moll o la llengua al cul (*)”, en un febrero congelado y con la nieve aguardando otra de más renovada en el mes de los gatos y de los premios Goya sin una triste maullada y sin predicción alguna que nos haga entender el microclima que castiga Estremera. ¡Menudo frío debe hacer!

La nevada en el Ripollès de estos días también me ha retrotransportado a la infancia cuando eran frecuentes y nada mediáticos los temporales de invierno. Levantarse y contemplar como caían los copos ingrávidos mientras azucaraban la monótona y fea cotidianidad era un gozo. A pesar de la pereza que derretíamos entre la chiquillada con más sabañones que no panellets (*)

Si nevaba en Madrid, acostumbraba a hacerlo en el pueblo, se trataba de una predicción que se verificaba según tenían comprobado los lugareños pendientes del parte en aquellas radios de onda media que chirriaban más que informaban. ¿Qué dirían aquellos abuelos entendidos -y muy hogareños- respecto de las nevadas de estos días? -¡Ya ha nevado en Madrid! -y algún caricaturista lo dibujaría con la poética del 155, una borrasca anclada a la meseta castellana que no acaba de desplazarse. 

¡Abrígate, en febrero, con dos capas y un sombrero!

*Con la paz en el cuello, la flota en el muelle o la lengua en el culo.
*Pastelitos propios de Todos los Santos a base de frutos secos y mazapán.

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