Hoy hablaré de
justicia y de animaladas. Celebro que Quim Monzó se haya anticipado con La Magistrada, un artículo donde hace un
análisis concluyendo que el humor saca de quicio a los cabezas cuadradas. El broma
y la ironía -no tanto el sarcasmo- son armas eficaces contra los ataques
torpes, desmesurados y, a menudo, injustos. Una burla acertada y sutil a lo
inoportuno es una respuesta más inteligente y pacífica que una contundente pedrada
en la cocorota.
Todo acontece
cuando una señora -la "magistrada"- reacciona amenazando una
publicación humorística que escribe que "el 90% de las ovejas en España se
crían con fines sexuales". El Mundo
Today entrevistaba al protagonista en un vídeo, Josetxu, el presunto pastor
que lo fundamenta en un cambio de enfoque del sector ovino, tradicionalmente
dedicado a la alimentación ya la producción de quesos. Le pérdida de peso del
queso nacional en el mercado interno y el descenso en el consumo de carne de
cordero han propiciado esta tendencia porque "las ovejas y las cabras son
fáciles de mantener y no hay que invitarlas a una cena romántica". Josetxu
redondea el argumento explicando que "él no entrega su amor a una sola
persona, no le gusta estar atado a un solo corazón", razón por la cual
dispone exactamente de ciento ochenta y cuatro ovejas. Se salta el recuento de
cuántas cabras también pastan en las praderas sensuales y sentimentales que
este pasional pastor labora.
La salvajada motivada
por las amenazas de la magistrada consistió en publicar una entrevista al
biólogo que clonó a la oveja Dolly. El padre de la criatura -arrojemos más leña
al fuego- confiesa que lo que realmente pretendía era formar un trío porque la
ciencia le da igual. "Estoy muy solo", confesaba el desolado
científico.
Dejamos el
humor grueso, la animalada de la revista satírica, para analizar la demanda
judicial de esta señora magistrada que advertía del grave insulto a la ardua tarea
de los pastores alertándoles que habían concurrido en un "ilícito
penal" dado que el contenido es una imputación general y gratuita del
delito de bestialismo. Insta, en consecuencia, a la fiscalía a perseguirlo de
oficio.
En la relación
judicial -lejos de las ovejas encausadas- la revista alegó que se trata de un
medio satírico y que los contenidos son una ficción basada en un tópico de
tradición popular. La señora insistió apercibiéndoles que serán los tribunales
de justicia quien deba decidir si se trata de una sátira o no. Estaremos
atentos a cómo se resuelve el pleito.
No me
extenderé. Sólo constato como las animaladas pueden convertirse en materia
jurídica de oficio, a iniciativa de los jueces y sin una denuncia previa. Yo me
decanto porque archiven el caso. Y si os sirve de consuelo, no de
justificación, os anuncio que he dejado de creer en la lana virgen -aquella que
no ha tenido un uso anterior-. Después de este asunto y de su posible derivada
sólo creeré en las etiquetas que proclaman la virginidad pura de la lana si
vienen con un aval notarial certificando que la oveja a quien pertenecía corría
más que el pastor.
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