domingo, 17 de diciembre de 2017

¡Volveremos a votar!



Sábado preelectoral. Partiendo de esta premisa os puedo prometer la luna y haceros creer que sin un servidor el mundo se acaba. Después, el caos, la nada y la frustración. ¡Votadme! Dadme vuestra confianza por vuestra seguridad porque os resolveré la vida. Yo soy la felicidad y tengo la clave de vuestro bienestar, compañeros. En el mensaje hay seguridad -engañosa o no, porque eso tampoco importa demasiado-, contundencia y la apariencia que el contenido es tan fundamental como el aire que respiramos -contaminado o no, qué más da-. Y para remacharlo tengo todas las respuestas, todas, a cualquier pregunta que me puedan plantear. Verosímiles, imposibles o tramposas. Elijan, tengo un surtido para todos los públicos y para todas las condiciones. De tanto dar tumbos por ferias y mercados me las he aprendido. ¡Pruébalo! 

Os confesaré que ya tengo ganas de que esta locura de campaña electoral acabe. ¡Qué cansancio! Ando con la mano entumecida, la mejilla desdibujada a besos y el codo con el síndrome del tenista de tanto firmar autógrafos. ¿Cuánta propaganda, bufandas, chapas, polvorones y mantas habré repartido? Eso sin contar con las sesiones de maquillaje y las fotografías -selfies compartidas también- donde no siempre salgo con la sonrisa ensayada. Una carrera en la cual la debilidad penaliza y la arruga está mal vista. Un ensayo en el que la realidad no cotiza y las vergüenzas se tapan. ¡Y tú, más! Piso fuerte cuando la ocurrencia o el chascarrillo pueden convertirse en un gancho en plena mandíbula del contrincante. ¡Cierto, yo soy el mejor! Ya se encargan los asesores de repetírmelo en el ángulo del cuadrilátero. En una palangana con cubitos pongo los pies cuando no hundidos en el lodazal de los hechos recientes, y la cabeza caliente -¡Eres el mejor!

Y porque lo soy, dispongo de medios. Quién me financia, quién me apoya y quién me refleja en todas las pantallas posibles. Y unos altavoces -parciales o no- que airean mis promesas -ciertas o no- por todos los rincones. Soy omnipresente navegando por las calles con farolas como mástiles de velero empujado por el viento de la popularidad a los que pregunto, como en el cuento infantil, si ganaré. La respuesta no está en el viento ni en las encuestas. Son las urnas, amigos, el espejo de la voluntad popular que las campañas ya se encargan de querer modular.

La encuesta es un plato fijo en el menú de la época electoral, una especie de cocido a fuego lento con muchos ingredientes bien medidos. Alta cocina en una olla con el forjado de una urna de diseño donde se da un hervor ya no a las tendencias sino a las voluntades. Fundamental en la cocción es la capacidad para doblegarlas creando opinión, incertidumbre o, directamente, inquietud. También hemos aprendido a no hacerles demasiado caso ni a agobiarnos por las prospecciones en la intención de voto amañadas, ya sea por pudor político a la hora de responder o se trate de interés político a la hora de divulgarlas. Estamos aquí, pues. 

Estamos a escasos días de las elecciones catalanas más extrañas de entre las que se hacen y se deshacen. Han sido convocadas por los corifeos del 155 y algunos cabezas de cartel las padecen desde la ausencia -etéreos-. Habitantes de galaxias lejanas o encarcelados preventivamente desde lo que empieza a parecer una eternidad. La prevención es una cualidad que presupone -no necesariamente- una realidad que se podría manifestar. Anticiparse con medidas tan drásticas como la prisión es una profecía injusta y muy inédita que distorsiona gravemente estas elecciones. Tanto como el nuevo daltonismo que nos han impuesto y nos afecta como una insólita peste electoral. "Entre el amarillo y el azul, un pardillo!" Los oculistas se han ingeniado el eslogan, van de cabeza explorando fondos de ojo y aliviando enfermos de temporada con las consultas a rebosar descartando cataratas y miopes ocasionales. Es la paleta cromática de estos días donde hay quien lo ve de color naranja. 

A los prolegómenos invernales se suman las elecciones, navidad y aún otra epidemia -esta sí, verificada- que llena a rebosar los pasillos de la prevención atestados de pacientes con síntomas preocupantes debido a infecciones atípicas y por clasificar. Quiero ensalzar la oportuna edición de este año de la Maratón en TV3 que, coincidiendo con el diagnóstico del exministro Borrell, se dedicará a la prevención de estas enfermedades y a la curación de algunos infecciosos -por catalanes- afectados. 

¡Volveremos a votar!

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