A estas horas la
ministra Cospedal debe de estar copiando quinientas veces a mano "No confiaré en los representantes del
gobierno letón y Cipollino no tiene flequillo". Unos payasos radiofónicos le han colado que
los guisantes no son verdura sino micrófonos camuflados en la mayonesa de la
ensalada rusa y que el 50% del turismo del este en Barcelona son soldados de un
ejército -uniformado con bermudas y camisas hawaianas- con la misión de
desestabilizar y manipular el delicado momento político. Se confirmaría un
discreto Checkpoint Carles cercano al
parque Güell desde donde los espías rusos maniobran sin levantar, hasta hoy,
demasiadas sospechas. Desde fuentes bien informadas habría trascendido el
interés hiperglucémico que también reúnen los xuixos de crema pastelera gerundense. Algo que confirma la
internacionalización del proceso en materia de bollería desde Bruselas a Rusia
con amor.
Esta ministra manchega no sale de una
polémica para caer en otra. La republicana izquierdista -¡e independentista!-
Marta Rovira ha azuzado un avispero informativo denunciando una posible
reacción violenta del estado -una más dura aún que la verificada el 1-O- si se
consumaba la pretendida y delicuescente proclamación de la República catalana.
La reacción del presidente Mariano Rajoy ha sido para calificarlo como una
"mentira enorme y una absoluta vergüenza". Yo también estoy
convencido de ello porque jamás la madre patria nos maltrataría, tampoco en sus
determinaciones no puede existir la de ensangrentar las ramblas catalanas. La
ministra del ramo del sable quizá debería haber dulcificado las declaraciones
-como los churros y las porras madrileñas- que reproduce la prensa: “María Dolores de Cospedal ha afirmado que es un orgullo el artículo 8 de la Constitución Española, que establece la misión del Ejército de
«garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad
territorial y el ordenamiento constitucional». «Es un orgullo para todos los que
pertenecemos o estamos vinculados a la milicia». Ha remarcado la importancia de cumplir la ley y
el ordenamiento jurídico y ha dicho que «todo lo que se sitúa fuera de la
democracia es una amenaza a nuestra nación» (ABC del dia 5 d’octubre).
En Cataluña la fuga de
empresas -alerta el carnal estudio de la cadena de Susanna Grisó- conlleva
también un cataclismo de carácter laboral obvio debido a la bajada en el
negocio del sexo que incide en las prostitutas de lujo con sede en Barcelona.
Constata una tal Stephanie -recelo que el nombre es de mentira-, en el papel de
portavoz representante del sector, que las contratan sólo por una exigua hora
de reloj. La ocupación ha caído en picado, lamenta. Se verifica, pues, una arrugada
macroeconómica del sector causada por el independentismo que las condena a una
actual precariedad irrisoria si se acaba confirmando que el Mobile World Congress se larga. Las gráficas dibujan una catástrofe gravitatoria en evidente
decaída del ángulo de ataque que puede conllevar una deslocalización -¡los
dioses no lo quieran!- de la mercenaria alegría extraconyugal.
Una concreción más de
las plagas bíblicas que azotan la Cataluña republicana por consolidar -y por
proclamar cualquier noche que salga el sol con fuegos artificiales y traca
final a la manera levantina- es que las vacantes de ocio que promueve el
Instituto de Mayores y Servicios Sociales, el IMSERSO de toda la vida, no
consigue persuadir a los clientes de la meseta que la periferia catalana es una
balsa de aceite. Quién, con la prótesis de rodilla en rodaje o recién operado
de cataratas, se aventura en una jungla atestada de tempestivos
independentistas poseídos gritando que la playa de Salou -¡y las calles!- son
suyas en usufructo. Una batacazo más que el sector hotelero de la Costa Dorada
y de la Costa Brava capea canjeando la afluencia mayoritaria de jubiladas de
oro por policías nacionales y guardia civiles a pensión completa con derecho a
sauna y con animación sociocultural diversa. Ya viene siendo hora que alojen a las
fuerzas policiales en lugares dignos.
Continuando con el
cúmulo de despropósitos independentistas al mayor Trapero, con efectos
retroactivos, le han concedido un año sabático en reconocimiento a la labor
desarrollada durante el atentado de la Rambla. Un carterista de metro, un
cliente habitual de la justicia con mucho predicamento entre el mundo de los chorizos
de medio pelo, habría corroborado que lo vio en el pasillo de una comisaría de
los Mossos d’Esquadra fotocopiando los eventuales modelos modernistas del bolardo
que deberá proteger el recinto de la Sagrada Familia. Justo ayer se confirmó
-la sospecha es libre y viene de lejos- que el Centro de Inteligencia español,
el CNI, habría admitido que mantuvo contactos con el imán de Ripoll. ¡Dejémoslo
estar aquí!
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