domingo, 12 de marzo de 2017

Remontadas



Podría explicar que estoy muy cansado, pero satisfecho. Es la consecuencia de una promesa que, precisamente por serlo, he tenido que cumplir porqué invocar únicamente a Santa Bárbara cuando truena no acostumbra a causar efecto. ¡He cumplido! Tengo los pies destrozados y las piernas que no me sostienen. ¡Qué placer al poder sentarme -finalmente!- en un banco para acogerme en la paz y en la santidad de la montaña sagrada. Ya habréis adivinado que me he llegado a Montserrat. Era lo que comprometía y exponía si el Barça ganaba el partido y remontaba logrando lo que parecía imposible. ¡Qué milagro atribuible a la Virgen de Montserrat, la más catalana -y culé- de las divinidades que se veneran!

En sábado la Escolanía enmudece y no he podido escuchar la Salve ni el Virolai ni las Vísperas, algo que merma la solemnidad aportada por las voces blancas a la armonía de la Abadía de Montserrat. Ha sido, pues, una promesa espartana, cumplida sin banda sonora que no sea el himno del Barça que, desde la hazaña inédita, me da tumbos por las meninges como si tuviera empotrado, en la cabeza, a Messi ensayando disparos directos de falta con barrera. 

Exhausto y contento al mismo tiempo he sido incapaz de seguir los razonamientos místicos del sacerdote que, con aires reprobatorios por este arrebato de fe súbita, lidiaba a brazo partido sin demasiado éxito por desbrozar los caminos de la salvación con pelotas. He mirado a la Virgen con complicidad y se lo he agradecido, que obrara el milagro, por pitar el penalti a favor de Suárez. ¡Y gol! 

Dicen que el primer cuarto fue muy importante. Podía tratarse de una noche histórica. El París Saint Germain vestía como el Madrid y como los monaguillos ausentes, de color blanco. "Somos los de laCaixa , tu eres la estrella". ¡Gol! ¡Gol! ¡Ha llegado el segundo, de Iniesta! Una jugada inconmensurable. ¡El gol de la fe! Como inventó para resolver con un golpe de talón. El guion perfecto. Terminaba la primera parte. ¡Vamos! Estaban dando forma al sueño. Nos hallábamos a medio camino -yo de Montserrat-. 

El juez de portería lo había pitado. ¡Penalti y gol de Messi! ¡Ya teníamos tres! Quedaban cuarenta minutos y habíamos entrado en la eliminatoria con un marcador de 3 a 0. No se podían tomar decisiones arriesgadas, había que tener paciencia. Era clave que no nos marcaran un gol pero los franceses acababan de clavar uno de un disparo imparable. Así era como perdían los campeones, compensando la vergüenza del último tango en París. El PSG jugaba atemorizado. En aquel momento tomé la determinación. ¡Ascendería a Montserrat caminando! De prever lo que tenía que suceder, me lo habría pensado. Qué cansancio...

¡Gol! ¡Gol de Neymar! La empotró en la escuadra. El PSG humillado por el marcador que ya era de 4 a 1. Quedaban sólo tres minutos. ¡Todo era posible! ¡Penalti! ¡Penalti! Teníamos en los pies la posibilidad de anotar el quinto. El Barça podía endosar cinco goles al PSG. ¡Quedaba todavía una pizca de prórroga! Neymar chutó y gol. ¡El Barça había marcado el quinto!

Todo el Camp Nou en pie a un minuto con quince segundos y dispuesto a tocar el cielo con el Barça comprometido a marcar el sexto. Todos al remate, el portero del Barça también presente en la frontera francesa. En la última oportunidad, a veinte y cinco segundos, gol. ¡Gol! ¡Gol! Era el 6 a 1 definitivo. Increíble. ¡Inexplicable! El Barça había vencido. Qué noche para el barcelonismo. Los jugadores del PSG abatidos porque Sergi Roberto había puesto sutilmente -¡y solamente¡- la puntita. 

Hoy en Montserrat, la sucursal barcelonista y pilar de fortaleza por los buenos, también he coincidido con una larga hilera de implicados -para los pecadores el puerto de salvamento- en el juicio por el caso Palau. Una ristra de penitentes afligidos con Millet portando cirios a la Moreneta para iluminar la catalana tierra

¡Qué manifestación de fe y de esperanza en la remontada!

No hay comentarios:

Publicar un comentario