"Mata todo
lo que puedas matar. Entra en una reunión y mata a saco". Los diez
mandamientos de la doctrina yihadista se resumen en uno único, éste. La prensa
desvela la conversación de alguien que aleccionaba a una chica musulmana
residente en Cataluña vía tuit. El terror es así de funcional, va directo al
grano y no está por metáforas que no sirven para nada a no ser para glorificar a
los mártires asesinos bajo la promesa
de un paraíso eterno. Que los dioses nos libren, de conocer y de adorar a estos
ángeles de la muerte que se veneran en un altar con una espada o una bomba
adosada como un atributo de santidad.
En Berkeley, el
territorio del emperador Trump, se ha producido una batalla campal entre
detractores y partidarios de este personaje porque habría soltado con letra
gruesa -en un pobre mensaje demoledor- y sin documentos o hechos demostrables
que lo avalen -aún más asolador- que Obama le pinchaba el teléfono durante la
campaña electoral. Obama convertido en el protagonista de una película trepidante
de espías levantando alfombras y desatascando las tuberías de los desagües del
gran Trump. Por nada del mundo quisiera estar allí justo en el momento que la
porquería vuelve a fluir, presenciar el instante en el que el tapón se resuelve
en un estallido cuando Donald teclea de madrugada para el mundo libre
occidental. ¿Qué podemos decir de este señor salido del circo? Nada. Él solo se
lo pastelea superando lo que es insuperable e imposible. Me asustan aún más,
creedme, los acólitos y sus convencidos seguidores que le han votado. Los monaguillos
de Trump que tienen una caligrafía aún más gruesa que la de su profeta.
Haré caso al
Papa Francisco que nos recomienda una estrategia para luchar contra el maligno,
llevar siempre encima una Biblia como se acarrea un teléfono móvil para leerla
más a menudo y meditar. El Pontífice, a pesar de disponer de las tecnologías de
la comunicación y estar en ello, no vive tan enganchado a estas como el rubio panocha
de Washington, un manirroto del tuit nuestro de cada día. El Papa debería
hacerse un hueco en estas aplicaciones de móvil que te llevan los libros
sagrados a las pantallas de bolsillo. No se trata tanto, para el éxito del
requerimiento papal, que acarreemos de continuo con una pesada edición sino que
la tengamos disponible desde el artefacto inteligente. Debería haber sido más
preciso y eficaz publicitando el enlace -con patrocinio o sin-.
De hecho existen
versiones modernas y cuidadas de la Biblia digital disponibles en aplicaciones
que permiten leer, buscar y estudiar el texto desde los dispositivos móviles.
Una vez descargada, no necesita conexión. Contienen el texto de la Biblia,
tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Permiten elegir diferentes tamaños
de letra. Se pueden ver -y leer, en su caso- todas las notas explicativas. Disponen
de una herramienta de búsqueda para hallar todos los textos donde aparece una
determinada palabra o una frase. Tienen un rico vocabulario con una explicación
de los principales nombres relacionados con la Biblia. Se puede descargar -gratuitamente-
desde el Play Store de Android. Pronto estará disponible
también para IPhone.
Que los dioses
nos cojan confesados y bien documentados. ¡A Fèlix Millet, más! Según la
hermana ha declarado en los medios, el protagonista judicial de la semana tiene
los días contados. Cuatro meses de juicio que si no se convierten en letales,
lo será el ingreso a prisión -dijo-. La sentencia fraternal es fulminante. Y después de que Rita nos dejara tan
judicial oportunamente, se ha visto como algunos ya le llevan cirios y hacen
promesas a la nueva patrona de los imposibles. Personalmente no les deseo nada,
sólo pido -también un imposible de aquellos con los que invocamos a la santa-
que devuelvan lo que han robado. Todos y todo el que tenga las manos pringosas,
del aceite de esta corrupción -buscando en la aplicación sagrada he hallado que
es pecado- que lo reembolsen. También debería tener, sin embargo, una condena en
los tribunales de los hombres, una especie de penitencia sin pretextos ni
fianzas volubles que redimiese el pecado sólo cuando se ha devuelto la gallina afanada.
¡Amén!
"¿Las
niñas tienen vulva? ¿Los niños tienen pene? Unas preguntas itinerantes respecto de la metafísica del género pasean en auto de línea. Los Mossos han enviado al
juzgado tres casos de niñas residentes en la comarca del Gironès a las que les
han practicado la ablación de clítoris. Una mutilación para evitar sentir
placer sexual, que puedan llegar vírgenes al matrimonio y para que mantengan la
castidad después. Las mujeres no sometidas a esta mutilación son consideradas
impuras. Es una práctica asociada a creencias muy antiguas. Surgida en el
antiguo Egipto la practican los cristianos coptos de Egipto y del Sudán, los
judíos de Etiopía y algunas tribus africanas de culto animista.
Demasiadas
almas en pena.
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