Este 2017 se vaticina
gélido mientras se acerca la ceremonia de cambio de presidente en los Estados
Unidos de América. Obama marcha y lo releva Trump. Un personaje que ya empieza
a cabalgar aunque por ahora sólo pía. Me llamó la atención una conversación en
la calle de dos abuelas de edad avanzada en relación a este Donald -¡Sí, mujer,
aquel que parece haber salido de un circo! -imaginé que se trataba de un
eufemismo tocado por la beatitud que confiere la edad relativizando al personaje
y el momento. Mi duda es si la abuela quería tratarlo elegantemente de
"payaso" sin rodeos o se le quebró el razonamiento mientras no tropezaba
con la palabra.
A quienes no se
les ha roto el hilo argumental es a los políticos chinos que han definido los
anuncios del presidente electo como un "revoltijo de tonterías,
de falta de vista, de viejos prejuicios y de fantasías políticas". Se lo
han advertido sin demasiadas filigranas formales con una "confrontación
devastadora". ¡Bravo, Donald! Realmente no deja indiferente a nadie. Este
mago de los titulares cortos se ha adelantado al nombramiento formal para
empezar a gestionar el mundo como un emperador jamás visto en la pista central
del Gran Circo Americano en la nueva edición del mayor espectáculo del mundo.
Príncipe del funambulismo, rey de los forzudos tramposos y emperador de los
payasos, todo a la vez. Con este Capitán América II ha renacido la estrella y
un nuevo superhéroe con tupé de la prestigiosa ganadería Marvel .
Un personaje a
estudiar. Curioso si no fuera por el poder que acumula. Alguien que salpicando
sólo titulares agresivos sin argumentar ha llegado al cargo de presidente de
uno de los países, sino el primero, más poderosos e influyentes del mundo. Las
elecciones se ganan a golpe de eslogan y Trump es un experto. Su mensaje
durante la campaña se alineó con los tertulianos de barra de bar que añoraban
la era dorada de los milagrosos sueños económicos y la brillantina de Elvis.
Trump ha sido el colega que ha dado la razón a los desesperados y les ha
prometido -como se ha dicho muy acertadamente- volver a vivir en analógico en
un mundo digital irreversible. La ironía a menudo se supera a sí misma y la
realidad ha sobrepasado la ficción más tronada.
El entrañable
Donald no necesita los cien días de cortesía, tampoco los rivales le concederán
ninguna tregua porque él solo ya ha batido muchos récords mundiales. Al Ernest Hemingway del Twitter -como se autoproclama-
de los 140 caracteres todavía le sobran muchos para alborotar el gallinero
global sin admitir preguntas. Será toda una novedad oírle pronunciar discursos
que vayan más allá del titular. Cómo justificará y desarrollará -y dulcificará-
estos puñetazos en las redes sociales a los que nos ha acostumbrado.
Estirando la
reflexión me pregunto cuánto tardará -si no es que ya se ha verificado- en llegar
la ola atlántica a nuestras costas europeas. ¿Cuál será la versión hispana, por
ejemplo, del tsunami político que ha provocado el nuevo presidente electo. Aquí
también estamos bien servidos, de candidatos -un homenaje a aquella joya en
blanco y negro de Luis García Berlanga, Bienvenido
Mister Marshall-. Ya hace días que medito y que he llegado a la conclusión,
después de hilar muy fino y de leer entre las líneas espesas de gruesos
estudios, que nuestro Donald Trump de la Mancha se corresponde a la mezcla de
varios prohombres, una amalgama entre el presentador del Sálvame Deluxe con el malogrado Ruiz Mateos SA -disfrazado de
Superman- y el añorado Jesús Gil y Gil -acoplado en un conjunto escultural ecuestre
al sufrido y muy noble Imperioso- .
Apasionante
momento. Ametrallado por los focos en mitad de la pista reaparece Donald Trump vestido
de domador con un sombrero de copa. Mecido por la fanfarria de la orquesta que
interpreta una pieza alegre se dirige al público. Sonríe...
-¡Señoras y
señores, que continúe el espectáculo!
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