domingo, 15 de enero de 2017

El Capitán América II.



Este 2017 se vaticina gélido mientras se acerca la ceremonia de cambio de presidente en los Estados Unidos de América. Obama marcha y lo releva Trump. Un personaje que ya empieza a cabalgar aunque por ahora sólo pía. Me llamó la atención una conversación en la calle de dos abuelas de edad avanzada en relación a este Donald -¡Sí, mujer, aquel que parece haber salido de un circo! -imaginé que se trataba de un eufemismo tocado por la beatitud que confiere la edad relativizando al personaje y el momento. Mi duda es si la abuela quería tratarlo elegantemente de "payaso" sin rodeos o se le quebró el razonamiento mientras no tropezaba con la palabra. 

A quienes no se les ha roto el hilo argumental es a los políticos chinos que han definido los anuncios del presidente electo como un "revoltijo de tonterías, de falta de vista, de viejos prejuicios y de fantasías políticas". Se lo han advertido sin demasiadas filigranas formales con una "confrontación devastadora". ¡Bravo, Donald! Realmente no deja indiferente a nadie. Este mago de los titulares cortos se ha adelantado al nombramiento formal para empezar a gestionar el mundo como un emperador jamás visto en la pista central del Gran Circo Americano en la nueva edición del mayor espectáculo del mundo. Príncipe del funambulismo, rey de los forzudos tramposos y emperador de los payasos, todo a la vez. Con este Capitán América II ha renacido la estrella y un nuevo superhéroe con tupé de la prestigiosa ganadería Marvel .

Un personaje a estudiar. Curioso si no fuera por el poder que acumula. Alguien que salpicando sólo titulares agresivos sin argumentar ha llegado al cargo de presidente de uno de los países, sino el primero, más poderosos e influyentes del mundo. Las elecciones se ganan a golpe de eslogan y Trump es un experto. Su mensaje durante la campaña se alineó con los tertulianos de barra de bar que añoraban la era dorada de los milagrosos sueños económicos y la brillantina de Elvis. Trump ha sido el colega que ha dado la razón a los desesperados y les ha prometido -como se ha dicho muy acertadamente- volver a vivir en analógico en un mundo digital irreversible. La ironía a menudo se supera a sí misma y la realidad ha sobrepasado la ficción más tronada.

El entrañable Donald no necesita los cien días de cortesía, tampoco los rivales le concederán ninguna tregua porque él solo ya ha batido muchos récords mundiales. Al Ernest Hemingway del Twitter -como se autoproclama- de los 140 caracteres todavía le sobran muchos para alborotar el gallinero global sin admitir preguntas. Será toda una novedad oírle pronunciar discursos que vayan más allá del titular. Cómo justificará y desarrollará -y dulcificará- estos puñetazos en las redes sociales a los que nos ha acostumbrado.

Estirando la reflexión me pregunto cuánto tardará -si no es que ya se ha verificado- en llegar la ola atlántica a nuestras costas europeas. ¿Cuál será la versión hispana, por ejemplo, del tsunami político que ha provocado el nuevo presidente electo. Aquí también estamos bien servidos, de candidatos -un homenaje a aquella joya en blanco y negro de Luis García Berlanga, Bienvenido Mister Marshall-. Ya hace días que medito y que he llegado a la conclusión, después de hilar muy fino y de leer entre las líneas espesas de gruesos estudios, que nuestro Donald Trump de la Mancha se corresponde a la mezcla de varios prohombres, una amalgama entre el presentador del Sálvame Deluxe con el malogrado Ruiz Mateos SA -disfrazado de Superman- y el añorado Jesús Gil y Gil -acoplado en un conjunto escultural ecuestre al sufrido y muy noble Imperioso- .

Apasionante momento. Ametrallado por los focos en mitad de la pista reaparece Donald Trump vestido de domador con un sombrero de copa. Mecido por la fanfarria de la orquesta que interpreta una pieza alegre se dirige al público. Sonríe...

-¡Señoras y señores, que continúe el espectáculo!

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