En el Registro Civil de Granada consta la siguiente
inscripción literal: "el día 21 de abril de 1940 se procede a reescribir la
defunción de Don Federico García Lorca, el cual falleció en el mes de agosto de 1936 a consecuencia de heridas
producidas por hecho de guerra siendo encontrado su cadáver el día 20 del mismo
mes en la carretera de Víznar a Alfacar".
La frialdad del breve manifiesto administrativo
del régimen pasando vergüenza a la hora de poner sobre el papel -que lo soporta
todo- la muerte de Federico García Lorca es actualidad -nunca ha dejado de serlo-
por agosto cuando el aniversario de la muerte del poeta nos recuerda la
barbarie y la ruindad moral de un pueblo y de un régimen que no sabe enterrar a
sus muertos.
A Lorca lo fusilaron y las cenizas del cadáver son
copos rimados que pululan candentes por el espacio poético. Partículas vivas,
vigentes, inmortales. Son patrimonio de la humanidad magnificadas por una
locura rabiosa intencionada de borrarlo, a él, y a su palabra sepultándolos en
la nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario