lunes, 15 de agosto de 2016

García Lorca



En el Registro Civil de Granada consta la siguiente inscripción literal: "el día 21 de abril de 1940 se procede a reescribir la defunción de Don Federico García Lorca, el cual falleció en el mes de agosto de 1936 a consecuencia de heridas producidas por hecho de guerra siendo encontrado su cadáver el día 20 del mismo mes en la carretera de Víznar a Alfacar". 

La frialdad del breve manifiesto administrativo del régimen pasando vergüenza a la hora de poner sobre el papel -que lo soporta todo- la muerte de Federico García Lorca es actualidad -nunca ha dejado de serlo- por agosto cuando el aniversario de la muerte del poeta nos recuerda la barbarie y la ruindad moral de un pueblo y de un régimen que no sabe enterrar a sus muertos.

A Lorca lo fusilaron y las cenizas del cadáver son copos rimados que pululan candentes por el espacio poético. Partículas vivas, vigentes, inmortales. Son patrimonio de la humanidad magnificadas por una locura rabiosa intencionada de borrarlo, a él, y a su palabra sepultándolos en la nada.

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