domingo, 24 de julio de 2016

Que estaba de parranda.



Y no estaba muerto, que estaba de parranda. El gran Peret adaptó el muerto vivo, una composición colombiana de mediados de la década de los sesenta basada en hechos reales que el gitano de Mataró, pasándola por el ventilador de la rumba catalana, convirtió en una de las piezas más exitosas del género a pesar de la truculencia vital de una trama que se convierte en optimista si no fuera porque la parienta del resucitado se niega a dormir con un muerto. El tipo no estaba muerto, ahogaba las penas en licor de caña hasta perder el conocimiento. ¡Pero estaba muy vivo! 

Transcribo un rumboso recorte de prensa que impacta: "En plena tormenta por los reintegros reiterados de la hucha de las pensiones, un informe del Tribunal de Cuentas que apunta a deficiencias en el control de pensionistas fallecidos ha puesto la Seguridad Social de nuevo en el ojo del huracán. El Tribunal de Cuentas ha alertado de la existencia de fugas en los controles de pensionistas fallecidos tras detectar que 29.321 personas muertas según el INE seguían 'cobrando' su pensión en 2014 ". De esto podríamos deducir la existencia de un ejército de muertos muy o demasiado "vivos". ¿Cuánta viuda desconsolada de hecho se habrá abstenido de ir al catre con pensionistas que estaban de parranda -o de botellón - por las praderías celestiales?

Reflexionando en ello quiero romper dos lanzas contra la leyenda urbana según la cual los chinos no se mueren, desaparecen en una especie de reciclaje -quiero pensar que sólo transcendental- inspirado en el budismo o el taoísmo. Mientras, en la orilla mediterránea y soleada de nuestra latitud somos más partidarios de practicar el confucianismo encendiendo una vela dedicada a las almas cándidas de la Tesorería General de la Seguridad Social para mantener la memoria cuantificable como vía hacia la inmortalidad contable. Una especie de pensión vitalicia infinitamente reencarnada que se inspira en las doctrinas del sabio oriental Fu-Manchú. 

Esperemos que después de los días -o de los años- de haber desaparecido y de haber exhumado los cadáveres de las bases de datos se haga un gran velatorio, les recemos una novena, no les perdonemos las deudas -sí los pecados- y enterremos definitivamente con mucha pena esos muertos tan "vivos".


No hay comentarios:

Publicar un comentario