Y no estaba muerto, que estaba de parranda. El
gran Peret adaptó el muerto vivo, una
composición colombiana de mediados de la década de los sesenta basada en hechos
reales que el gitano de Mataró, pasándola por el ventilador de la rumba
catalana, convirtió en una de las piezas más exitosas del género a pesar de la
truculencia vital de una trama que se convierte en optimista si no fuera porque
la parienta del resucitado se niega a dormir con un muerto. El tipo no estaba
muerto, ahogaba las penas en licor de caña hasta perder el conocimiento. ¡Pero estaba
muy vivo!
Transcribo un rumboso recorte de prensa que
impacta: "En plena tormenta por los reintegros reiterados de la hucha de
las pensiones, un informe del Tribunal de Cuentas que apunta a deficiencias en
el control de pensionistas fallecidos ha puesto la Seguridad Social de nuevo en
el ojo del huracán. El Tribunal de Cuentas ha alertado de la existencia de
fugas en los controles de pensionistas fallecidos tras detectar que 29.321
personas muertas según el INE seguían 'cobrando' su pensión en 2014 ". De
esto podríamos deducir la existencia de un ejército de muertos muy o demasiado
"vivos". ¿Cuánta viuda
desconsolada de hecho se habrá abstenido de ir al catre con pensionistas que estaban
de parranda -o de botellón - por las
praderías celestiales?
Reflexionando en ello quiero romper dos lanzas
contra la leyenda urbana según la cual los chinos no se mueren, desaparecen en
una especie de reciclaje -quiero pensar que sólo transcendental- inspirado en
el budismo o el taoísmo. Mientras, en la orilla mediterránea y soleada de
nuestra latitud somos más partidarios de practicar el confucianismo encendiendo
una vela dedicada a las almas cándidas de la Tesorería General de la Seguridad
Social para mantener la memoria cuantificable como vía hacia la inmortalidad
contable. Una especie de pensión vitalicia infinitamente reencarnada que se
inspira en las doctrinas del sabio oriental Fu-Manchú.
Esperemos que después de los días -o de los años-
de haber desaparecido y de haber exhumado los cadáveres de las bases de datos
se haga un gran velatorio, les recemos una novena, no les perdonemos las deudas
-sí los pecados- y enterremos definitivamente con mucha pena esos muertos tan
"vivos".
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