La sacudida que ha sufrido Europa es de terremoto
político de gran magnitud en la escala de Richter. Las réplicas y el meneo
todavía se perciben. En España tintineó la cristalería electoral después de que
las Islas Británicas votaran a favor de salir de la Unión Europea en un
referéndum bajo la consigna inverosímil del Brexit
.
Una
decisión que ha aturdido el espíritu de la Unión. Una grieta estructural que
amenaza los fundamentos tras la decisión anglosajona con eco shakespeariano de
estar o no estar, he aquí la cuestión. ¿Quién lo esperaba? Ni los mismos
protagonistas a favor de largarse acaban de creérselo. La magnitud del
estruendo es histórica. Un Pearl Harbour en el corazón de la City londinense
propiciado por los quintacolumnistas de la tropa Nigel Farage, un personaje siniestro
con vocación de cabo en la primera guerra mundial.
Pensar que la derrota inglesa no ha tenido nada o
poco que ver con el resultado electoral vivido el 26J es de ingenuos. Creer que
las claves del "no" inglés eran sólo patrimonio de economistas avezados
en los índices de la bolsa es menospreciar la realidad si repasamos los
antecedentes históricos de la entrada de España en la Unión Europea. Se firmó
el 12 de junio de 1985 y entró en vigor el primero de año del 1986. Felipe
González, el ministro de los chistes, Fernando Morán, y un joven secretario de
estado, Manuel Marín, estampaban la firma a lo que entonces se conocía
popularmente como Mercado Común.
Éramos Europa. Pertenecíamos a la OTAN por obra y gracia de los socialistas y
los rumores de los sables se fundían definitivamente para acuñar la calderilla
de los céntimos de euro.
Aznar, que ya apuntaba maneras y mostacho,
calificó los líderes políticos españoles responsables de la adhesión
literalmente de "pedigüeños". En la rancia tradición entre el honor y
los barcos se decantó claramente por el amor propio autárquico de una España
que no necesitaba poner el cazo ni debía admitir la caridad financiera
comunitaria. Con los años Aznar se tragó el orgullo y no renunció a la
financiación comunitaria, al contrario.
En muchas de las paradas, antes de la actual del
vía crucis europeo, existieron temporadas de gran esplendor y de extraordinaria
esplendidez para con aquellos países menos desarrollados o más pobres -los
PIGS-. No hemos asistido a una campaña desde Bruselas explicando en números
grandes y gordos el caudal de recursos y subvenciones que estos reyes magos
europeos nos llevaron. Es ese momento histórico en el cual Europa se convierte
en algo primordial para muchos de los votantes supuestamente desinformados
respecto de la trascendencia del Brexit que el 26J votaron al PP. No nos hizo
falta gran dominio de la sección financiera impresa en las páginas de color
sepia de los diarios para adivinar qué conlleva la deserción inglesa.
Si preguntamos a cualquier campesino, agricultor o
ganadero de la piel de toro, nos sorprenderá el conocimiento exacto que tiene
de la Unión Europea materializado en las subvenciones que ha percibido de este
organismo durante décadas. La gente de la tierra, la que la cultiva y la pastorea,
ha podido cuantificar en la cuenta corriente que se toca y se ingresa cuál ha
sido la aportación de la Unión Europea a la economía doméstica. Cada vaca, cada
oveja y cada cabra cuentan en los listados de las cuotas -también lecheras, de
producción de aceite o de la vid-. Hagamos memoria de cuando quemar el lino en
el campo después de pasar por caja era un nuevo deporte veraniego. O de cómo
los girasoles morían abrasados en las llanuras ampurdanesas antes de arar en
una especie de funeral pagado por las subvenciones comunitarias. De los
pequeños minifundistas a la Casa de Alba pasando por las extensiones
patrimoniales del marido de Esperanza Aguirre todo el mundo es consciente de
cómo era de importante y vital este mendigar aznareño para el sector primario.
Enlazándolo con la segunda vuelta de las generales
que acabamos de votar podríamos decir que el día de reflexión, mientras
pensábamos a quien otorgar nuestro voto, descubrimos quiénes eran los auténticos
reyes magos. Los ingleses nos acababan de lanzar un cubo de agua fría sobre la
inocencia europea. El gesto de los campesinos rascando las preocupaciones, el
cogote y la comezón producida por la boina o la barretina eran una elegía al
presunto funeral causado por un atropello de pronóstico reservado. ¿Y ahora
qué? Pues, ahora más Mariano y valores seguros al amparo de un loco conocido y
-presuntamente- corrupto antes que la aventura incierta de un sabio por
demostrar.
Si el escorar de la nave amenaza derrumbe la
consigna en el pasaje es todo el mundo quieto y parado. Contener la respiración
y suavizar la sacudida periférica de los tiburones comunistas y de las colonias
de medusas separatistas. Entre los océanos europeos embravecidos y la mar gruesa
en el litoral catalán el PP llenó las redes. Una buena pesca, un golpe de
fortuna que no se esperaban los patrones del pesquero ni las gaviotas voladoras
que surcaban el horizonte electoral. Qué gran noche de euforia, de gestos y de
discursos protagonizada por un desatado Mariano en funciones. El mapa
autonómico todo pintado de azul menos el País Vasco y Cataluña. El PP no sólo
se mantenía, ganaba -sin el patrimonio de las mayorías absolutas- y se
legitimaba para formar gobierno sin el enjambre de tábanos que lo habían
cuestionado en la primera vuelta.
Dos sorpresas mayúsculas comprimidas en el
calendario, el "no" inglés y el "sí" relativo al PP. Un
partido acosado por la gran corrupción y por las prácticas de un ministro del
interior destapadas justo antes de la cita con las urnas gana y aumenta el
rédito electoral. ¿Quién lo entiende y quién lo predice? ¡Las encuestas no! La
erraron estrepitosamente. Yo entiendo, pero, lo difícil que debe resultar explicar
a un desconocido a quién has votado aguantando la mirada. ¿Cuántos de los
ingleses que optaron por marchar de Europa mantienen ahora en público que ellos
no lo hicieron?
Estamos donde estábamos con menos matices. Pacto o
tercera vuelta con la incertidumbre escocesa on de rocks, el peñón gibraltareño desafiando Algeciras y la roja descalificada por el sorpasso italiano. El gran combate
continental en la categoría peso mosca cojonera se ha resuelto en un empate a
puntos. Ambos, Farage Kid y Mariano Coz, habrían vencido.
Tendremos que averiguar si mentir en una encuesta
es pecado y qué penitencia conlleva.
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