La organización de la campaña electoral -que
deberá repetirse- ha costado 130 millones de euros. Una minucia para la
macroeconomía estatal que es quien acaba financiando lo que invierten -o
hipotecan- los partidos en marketing electoral porque este capital lo acaba
restituyendo el Estado en función de los resultados. Una inversión financieramente
ruinosa por cómo ha concluido la última edición del 20-D.
Hemos asistido, hasta que hemos acusado la fatiga,
a un intento imposible para formar gobierno. Los políticos nos han convertido
en profetas capaces de vaticinar el discurso, los argumentos, la negación, los
reproches e, incluso, los insultos. Podemos augurar qué y quién los soltará.
Una sonsonete nada poético de rima abrupta que nos ha vuelto un poco sordos.
Hay quien ha perdido audición en el oído izquierdo y quien percibe un molesto
pitido en el derecho. Los otorrinolaringólogos no dan abasto ante la epidemia
auditiva que puede azotar a la población con derecho a voto. Los especialistas
lo asocian a una sobreexposición mediática. Como medida las autoridades
sanitarias en funciones recetan antiinflamatorios a granel y aconsejan llevar
una vida sana -pero aburrida-. Incitan a no fumar, a no comer grasas saturadas,
mucho ojo con las ingestas de alcohol fuera de las comidas... Completan la retahíla
con una recomendación específica que consistiría en protegernos contra las
radiaciones de los telediarios y de determinados medios -también de la carne
roja- con saludables excursiones que se pueden simultanear sacando el perro a
pasear o, si nos da pereza despojarnos del chándal de andar por casa, con una
sesión de bicicleta estática.
La sanidad primaria subsiste en estado de alerta, al
loro e informada. Atenta a los síntomas y a la posible evolución. Se teme un recrudecimiento
que acabe afectando también el habla y en casos de extrema gravedad el sentido
crítico. Ya se ha detectado alguno en hora punta, afortunadamente aislado, en el
servicio de cercanías y en algún otro medio o espacio público. Individuos que
hablan solos y aprovechan la multitud para desmadejar enconados discursos o
besar a las criaturas preferentemente en los mercados municipales. Lo han
definido como el Síndrome del Telediario.
Si coincidís con alguna alma en pena susceptible de sufrir estos síntomas,
aconsejan no contradecirlos. ¡Dadles la razón! Pongámonos en piel ajena y compadezcámosles.
Ante la amenaza -confirmada y bien real- de
repetir la campaña electoral el estamento sanitario concluye que la población
puede verse afectada por graves alteraciones en el sentido del oído. Puede
convertirse en una sordera selectiva que vacíe las urnas. Habrá que ver y
contar cómo evoluciona la abstención asociada a la exponencial sordera detectada.
El psicoanálisis, los sociólogos, los politólogos
y los doctos tertulianos afilan el argumento buscando dónde estamos y qué pasa.
Algunos sólo quieren comprender el fenómeno, otros están más por incidir en la
toma de decisión. ¡Votad, malditos, votad! Nos invitan a una danza, la de la
democracia, que ha perdido el compás y la vergüenza. El juego parecía fácil y
nos hemos acostumbrado a participar. Nosotros os votamos y vosotros, los
elegidos, gobernáis. Podríamos hablar de la responsabilidad con que son
investidos legítimos representantes de la voluntad y del poder populares. ¡Fábulas!
Cuentos junto a la lumbre con un zorro y un racimo de uvas demasiado verde aun para
los protagonistas. La moraleja del relato, de cuento contado que no se ha
terminado, es que nos la devuelven, la custodia responsable, de una elección
que no les ha gustado. ¡Votad, malditos! ¡Votad y hacedlo bien! Nos reprocha quien
ha sido incapaz de llegar a un acuerdo, el que se nos debe.
Evitaré hablar de calidad y madurez democráticas
cuando hoy algunos políticos no han podido acordar los "mínimos" del
gasto previsto en la inminente campaña electoral. No han sido capaces de
coincidir en la cantidad que piensan invertir ni en una cuestión tan de sentido
común como la eficacia real de los sobres inútiles que preñarán nuestros
buzones durante las próximas semanas. ¡Qué despropósito!
Se trata de un barrunto, pero mucho me temo que en
los sufridos buzones debido a los estragos auditivos encontraremos además de la
papeleta un audífono. Algo que explicaría el consenso para el gasto
extraordinario que debe comportar la campaña del 26 de junio.
¡Votad, votad, malditos!
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