Hay una locución con un ingrediente muy molesto, el olor a cuerno quemado. Cuando la
aplicamos dejamos entrever que algo o alguien nos resulta sospechoso provocándonos
una impresión desagradable.
La noticia del fuego en una vertedero de la
provincia de Toledo, fronterizo del milagro urbanístico del afamado Pocero, me ha recordado la sentencia
mencionada. Humo nauseabundo con hedor a goma quemada. Un fuego en un inmenso
estercolero de neumáticos dejados de la mano de Dios y de los responsables ha
atemorizado a la población que reside en el monumento más exitoso de la burbuja
del ladrillo. Millones de ruedas habrían quemado levantando una nube -no tóxica
según las autoridades- que ha incendiado el horizonte. Un infierno en la
tierra. La furia de las llamas cuesta de imaginar si en alguna ocasión habéis presenciado
como arde un solo neumático -sólo uno-. Los bomberos ejercieron de espectadores
en primera línea sobrepasados e impotentes ante la magnitud trágica a la cual
asistían.
Las brasas de la pesadilla se sitúan cerca de las
viviendas que el Pocero levantó en
Seseña, en el Residencial Francisco
Hernando. Una urbanización faraónica de 7.500 pisos, un poco más de la
mitad -13.500 en total- que este personaje había planificado en la gloriosa
época del ladrillo fácil. Con el eslogan de "la vivienda que sí puedes
comprar" el Pocero ostentaba
entre otros récords el de poseer el yate más grande y largo que surcaba las
aguas territoriales españolas. El paradigma de una época que advirtió al
alcalde de la población que era el único alcalde honrado que existía en España
-Eres un gilipollas! –le soltó. Este
personaje ya no navega en un yate rodeado de delfines sino en balsa en un mar de
pleitos diversos.
Esta ha sido, desgraciadamente, la filosofía que
nos ha convertido en lo que somos. En una orgía económica y financiera donde
algunos han rapiñado a cuatro manos en una sinfonía para la corrupción. Todo
era posible, todo parece sobornable. Todo es edificable y todo tiene un precio.
Una tasa para comprar y para vender la presunta honradez que se proclama en
grandilocuentes discursos bien alejados de los sobres y los maletines que
conseguían grandes obras públicas o lograban recalificaciones imposibles. Una
práctica que no se pudo -o no se quiso- ahorrar ni con la hediondez del cuerno chamuscado.
El vertedero ilegal es un ejemplo más.
Una mancha que costará de limpiar, de aquellas que
se resiste al agua caliente, como la anunciada desgracia que se ha consumado en
el vertedero de neumáticos. Hectáreas de terreno y millones de ruedas viejas
han quemado, una crónica para una tragedia anunciada y previsible. Un verdadero
desastre ecológico del que nadie es el responsable. Ni el Pocero cuando vendía pisos y sueños bajo la promesa no concretada
de retirar la montaña de desechos tóxicos potencialmente peligrosa junto a la
urbanización que patrocinaba. Una bomba de humo y contaminación que ha acabado
estallando. Una hoguera que continuará ardiendo entre siete y catorce días. Con
un poco de suerte aún mantendrá las brasas al rojo vivo para la noche mágica de
San Juan.
Cuesta de creer la seguridad con que garantizan
los consejeros de medio ambiente de las comunidades de Madrid y de Castilla -
La Mancha que la calidad del aire que se respira no presenta ninguna anomalía.
Un vertedero en la ilegalidad desde 2003 que ahora rebota como una pelota de
tenis allá y acá entre unos y otros. Del PP de la Cospedal al socialista
García-Page. Con la responsabilidad -compartida- por dilucidar y la casa sin
barrer mientras las llamas, las cenizas y los malolientes copos negros
nevisquean el temple de los sufridos habitantes de este paraíso idílico al
alcance de todo el mundo ya que la felicidad a tocar de Madrid se pudo comprar
-y vender-. La burbuja ha acabado literalmente explotando con un insufrible olor
a cuerno quemado!
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