jueves, 19 de mayo de 2016

Hedor a cuerno quemado.



Hay una locución con un ingrediente muy molesto, el olor a cuerno quemado. Cuando la aplicamos dejamos entrever que algo o alguien nos resulta sospechoso provocándonos una impresión desagradable.

La noticia del fuego en una vertedero de la provincia de Toledo, fronterizo del milagro urbanístico del afamado Pocero, me ha recordado la sentencia mencionada. Humo nauseabundo con hedor a goma quemada. Un fuego en un inmenso estercolero de neumáticos dejados de la mano de Dios y de los responsables ha atemorizado a la población que reside en el monumento más exitoso de la burbuja del ladrillo. Millones de ruedas habrían quemado levantando una nube -no tóxica según las autoridades- que ha incendiado el horizonte. Un infierno en la tierra. La furia de las llamas cuesta de imaginar si en alguna ocasión habéis presenciado como arde un solo neumático -sólo uno-. Los bomberos ejercieron de espectadores en primera línea sobrepasados ​​e impotentes ante la magnitud trágica a la cual asistían. 

Las brasas de la pesadilla se sitúan cerca de las viviendas que el Pocero levantó en Seseña, en el Residencial Francisco Hernando. Una urbanización faraónica de 7.500 pisos, un poco más de la mitad -13.500 en total- que este personaje había planificado en la gloriosa época del ladrillo fácil. Con el eslogan de "la vivienda que sí puedes comprar" el Pocero ostentaba entre otros récords el de poseer el yate más grande y largo que surcaba las aguas territoriales españolas. El paradigma de una época que advirtió al alcalde de la población que era el único alcalde honrado que existía en España -Eres un gilipollas! –le soltó. Este personaje ya no navega en un yate rodeado de delfines sino en balsa en un mar de pleitos diversos.

Esta ha sido, desgraciadamente, la filosofía que nos ha convertido en lo que somos. En una orgía económica y financiera donde algunos han rapiñado a cuatro manos en una sinfonía para la corrupción. Todo era posible, todo parece sobornable. Todo es edificable y todo tiene un precio. Una tasa para comprar y para vender la presunta honradez que se proclama en grandilocuentes discursos bien alejados de los sobres y los maletines que conseguían grandes obras públicas o lograban recalificaciones imposibles. Una práctica que no se pudo -o no se quiso- ahorrar ni con la hediondez del cuerno chamuscado. El vertedero ilegal es un ejemplo más. 

Una mancha que costará de limpiar, de aquellas que se resiste al agua caliente, como la anunciada desgracia que se ha consumado en el vertedero de neumáticos. Hectáreas de terreno y millones de ruedas viejas han quemado, una crónica para una tragedia anunciada y previsible. Un verdadero desastre ecológico del que nadie es el responsable. Ni el Pocero cuando vendía pisos y sueños bajo la promesa no concretada de retirar la montaña de desechos tóxicos potencialmente peligrosa junto a la urbanización que patrocinaba. Una bomba de humo y contaminación que ha acabado estallando. Una hoguera que continuará ardiendo entre siete y catorce días. Con un poco de suerte aún mantendrá las brasas al rojo vivo para la noche mágica de San Juan. 

Cuesta de creer la seguridad con que garantizan los consejeros de medio ambiente de las comunidades de Madrid y de Castilla - La Mancha que la calidad del aire que se respira no presenta ninguna anomalía. Un vertedero en la ilegalidad desde 2003 que ahora rebota como una pelota de tenis allá y acá entre unos y otros. Del PP de la Cospedal al socialista García-Page. Con la responsabilidad -compartida- por dilucidar y la casa sin barrer mientras las llamas, las cenizas y los malolientes copos negros nevisquean el temple de los sufridos habitantes de este paraíso idílico al alcance de todo el mundo ya que la felicidad a tocar de Madrid se pudo comprar -y vender-. La burbuja ha acabado literalmente explotando con un insufrible olor a cuerno quemado!

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