jueves, 9 de octubre de 2025

Un poema mercantil.

 

Ahora mismo debería echar un vistazo a cómo cotiza en las casas de juegos la OPA del BBVA en contra del Sabadell. La Oferta Pública de Adquisición es una maniobra legal por la que un inversor ofrece públicamente a los accionistas de otra empresa comprar sus participaciones a un precio superior a su valor de cotización. El objetivo es evidente, eliminar la empresa comprada del mercado o reducir su competencia en un sector, en este caso, el de la banca. 

Nunca el despliegue de seducción mediático, la propaganda por tierra, por mar y por las nubes había sido tan intensa y reiterativa. ¿Alguien ha contado los anuncios solo en televisión emitidos por una y otra entidad bancaria? El marketing al respecto es abrumador, casi se solapan, uno tras otro, espacios que si no estás al acecho se pueden llegar a confundir por el formalismo -o el minimalismo- gráfico y visual con predominio de los grises. La bolsa, de hecho, no tiene una gama de color surtida, sólo verde y rojo. Ya hace tiempo que la pugna se dirime en una audiencia mayoritariamente inocente. Sí, inocente, porque yo y un porcentaje elevadísimo de los espectadores a los que van realmente dirigidos estos mensajes cautivadores -tentadores- no tenemos ningún interés y, por supuesto, ni una triste acción. Practicamos la técnica que en el mundo de los toros consiste en contemplar la sangría desde la barrera -o desde el sofá de casa-.

Soy un lego en materia bursátil, un ignorante de la macroeconomía, pero como en el fútbol, ​​pese a no ser socio ni encarnizado seguidor de ningún equipo, sí tengo mis simpatías cuando se disputa un partido del siglo del cual si no has visto la retransmisión, la vida social te destierra. En este caso me ocurre algo similar, por lo de la camiseta sudada por el espíritu de David contra Goliat, me decanto a favor del Sabadell. ¡Ya se verá! Si la cosa del dinero tuviera una poética con sus metáforas y sus rimas, me he dado cuenta de que Sabadell permite una rima consonante, dura, con clatell, cogote. ¿Una metonimia nada sentimental que podría profetizar la colleja que se avecina?

Suelo leer el diario de ayer mientras desayuno, porque las noticias adquieren un poco la textura de los yogures caducados, pierden la desgarradora punzada de la inmediatez en la rabiosa actualidad estremecedora -catastrófica- que describen. Ya hace días, quizás meses, que uno y otro banco llenan páginas completas, o dobles, dedicadas a anunciar sus virtudes con contundente firmeza. El comprador habla de beneficios, decantarse por la opa dando el salto a la otra entidad, es como cruzar la frontera de Jauja. Mientras, el banco asaltado o agredido se rebela denunciando la mentira, "que no te engañen". Marchar con un portazo sonoro a causa de una infidelidad contable bajo la promesa de mucha tierra en La Habana, es de traidores y de cobardes. Asistimos, pues, a un fascinante apocalipsis en los parqués.

La escena tiene un punto de película del lejano oeste con ladronzuelos de vacas o de caballos y malhechores a cara cubierta que atracan la sucursal de la aldea a perdigonadas. Vistos los vientos que soplan, no descarto que se recupere el cine de cowboys ya que tiene un punto de intersección con escenas actuales donde no falta el prepotente matón que entra en la taberna provocando y poniendo a prueba la rapidez de los abatidos con un disparo diestro y con mucha puntería. La palabra “hostil” es la que me provoca esta asociación mental, ya me disculparéis. El diccionario, que sirve para regular y poner orden en la maraña de las palabras, define literalmente el adjetivo como lo “propio de un enemigo, que muestra la disposición o la inspiración de este”.

La jugada sutil es, pues, disfrazar la hostilidad de la opa salpimentada con los beneficios y ventajas a cuenta de la fusión impuesta, no de buen grado. El mundo financiero no necesita pintarse de color rosa. El dinero es frío y esquivo, no está por romances. No tiene alma ni espíritu. Ostenta, en papel -o virtual- el poder exacto y supremo en las transacciones con unas normas y regulaciones que pueden escapar al sentido común permitiendo comprar lo que no se tiene o en el mercado de futuros lo que no ha nacido todavía, como las cosechas de trigo o la producción de la algarroba de secano. Batallas en una guerra sin tregua que pueden convertir a la tropa en zombis de la indigencia si te olvidas de devolver los créditos o la hipoteca. Sociedades anónimas sin rostro a menos que sea el de los generales, cargados de medallas y de mucha ambición, exhibiendo sin pudor quien tiene el rendimiento más largo. Dirigentes capaces de encuentros sin planes de paz con ademán y talante deportivos cuando, en sociedad, no dejan de representar el papel de amigables colegas.

¿Quién se llevará el gato al agua? Incertidumbre, ya que la cartera sólo se arrima al corazón cuando la llevamos en el bolsillo de la camisa.

 

PD: Contemplado desde la ingenuidad desnuda de complejidades pienso en lo que está sucediendo, en Palestina, en la invasión de Ucrania o en las maniobras del cowboy Donald Trump, tiene algo de OPA -¡pero que muy hostil!- para neutralizar o eliminar los objetivos propuestos.

 

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