domingo, 24 de agosto de 2025

Noticias de verano.

 

Días de agosto sin demasiado músculo para unos diarios de papel delgaduchos, a dieta, cargados de artículos informativos intrascendentes ya que el universo cercano se permite bajar la persiana. Noticias intrascendentes de una inmediatez cercana al satén en chanclas estivales retratando los privilegios mecidos en un yate que pesca truchas de mar. Glamur y palomas -gaviotas de ciudad- mientras lo más dramático consiste en las deposiciones de acera -no de piscina o de Trump- en las arterias urbanas casi desérticas por el éxodo a las playas asignadas con el recuento de ancianos ahogados por un corte de digestión propiciado por una paella marinera de olas amorosas con cadencia de habanera. Perfumes de ron quemado y de molusco, de aceites para friegas en las epidermis extranjeras con pigmentos de gamba escaldada. Veranos de aventura transatlántica en la barca de alquiler por horas -una palangana con pedales- bordeando la costa sin perder la toalla de vista.

Este que comienza a declinar anticipa sombras de otoño caliente y convulso con titulares que desgraciadamente no pierden vigencia. La imagen del actual presidente americano, Donald Trump, ejerciendo de maestrillo en el despacho Oval, la sala del trono pontificio de la política occidental en la Casa Blanca, es demoledora. Enfrente tiene sentados a los insignes dirigentes europeos con Zelenski vestido de pretendiente para la ocasión en el rincón de pensar. La imagen anacrónica de unos cortesanos rendidos al soberano tomando nota de la lección magistral impartida nos sitúa frente al espejo. Los hago copiando a mano con buena letra cien por mil veces “Donald es el más guapo y el más inteligente”.

En el ranking de la fotogenia, situados en el podio, en el momento actual posiciono también a Vladímir Putin y a Benjamín Netanyahu. Jinetes rampantes de un apocalipsis bélico con muchos candidatos -me decantaré por Xi Jinping- para ocupar el cuarto puesto como aspirante o miembro honorario para jugar una partida de cartas -a la ruleta o al golf- con apuestas muy fuertes. Cargados de testosterona pujan la jugada como solían algunos individuos invitados a las matanzas de cerdo de hace años que perdían cosechas y propiedades. En la leyenda tristemente cierta algún perdedor conjurando el azar dejaba el anillo de casado y más aún, la misma mujer -una pertenencia- como prenda cargada de esperanza resuelta en una mala mano y perdedora estropeando el resopón, la velada y la vida conyugal. ¡Qué poca fortuna! Me los imagino, a los cuatro magnates rampantes, jugándose las esposas ajenas, la familia toda, la región entera y una parte del mundo haciéndose trampas y faroles con estrategias que involucran a todo el mundo. Los dados marcados van cargados de desgracia como bombas precisas. La banca vuelve a ganar. 

La modesta geopolítica peninsular, más de andar por casa, ya se ha anticipado al otoño caliente y convulso con una literalidad formidable. El noreste sufre una ola incontrolada de incendios terribles. Fuego infernal, humo y desesperanza concretados en la simultaneidad de los fuegos forestales durante muchos días seguidos. Bomberos y militares luchando contra el enemigo que los rebasa con una virulencia inaudita. Las temperaturas anormalmente altas, la baja humedad con la masa forestal acumulada, promueven el desastre redondeado por la macabra aritmética de unas 400.000 hectáreas quemadas, otro récord de superficie arrasada.  

Fuegos de “sexta generación” causados ​​por dos inercias: el cambio climático y el abandono de la gestión forestal, una conjura alimentada por la biomasa desbocada debido a la pérdida de población rural, del terreno cultivado por los agricultores y del pastoreo por los ganaderos. Sin embargo, la gestión forestal de un territorio atomizado por pequeños propietarios -latifundios al margen, pero con problemas similares- reclama una gestión valiente. ¿Cuántos rebaños de cabras funcionarias -o de asnos burocráticos- son necesarios para limpiar el sotobosque? ¿Dónde los ejércitos de pastores y agricultores que deben mantener limpios los bancales? El territorio vaciado no es “sostenible”, recuperarlo yo diría que es casi imposible. Mientras, los políticos se pelean en disputas inútiles que no apagarían un brasero. 

¿Un asunto público o privado? Promover un golpe de estado con mano militar puntual no será demasiado eficiente si la tropa no dispone de las armas ni de la preparación necesarias para reducir las llamas, con pólvora no se extingue un incendio. Hacen falta bomberos y unidades militares como las existentes específicas con recursos, sí, pero hace falta una nueva cultura forestal que como promesa electoral no tiene demasiado gancho, es la Cenicienta de los programas políticos porque la banca rampante negacionista vuelve a ganar. De quién es competencia, que traducido significa expulsarse la culpa, de la gestión nefasta o inexistente. Estos días de soluciones de despacho y de reproches inflamados los monaguillos de Trump tienen el dilema de esta realidad tozuda que embiste cíclicamente con la fuerza y ​​la bravura que en la Piel de Toro los recursos destinados a la promoción taurina no pueden lidiar -ni quieren liderar-. 

 

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