miércoles, 11 de junio de 2025

La técnica del avestruz.

 

En la literatura para criaturas ha aparecido una nueva versión política de la Cenicienta que pierde la carroza, el vestido, un zapato y el sentido común en cuanto no regresa antes de la medianoche al palacio donde habita y a los dominios de su gobernanza bien surtidos de fuentes que manan cerveza fría y regalada a los cuatro puntos cardinales. Una meritoria brujita experta en los juegos de manos de cerca con un punto de trilera ya que adivinar dónde está ubicada la pieza manipulable -la intención verdadera- es dificultoso, antes pero nos marea con la confusión de los gestos y de los discursos que no están debajo del cubilete que creíamos. En esta fiesta mayor de la política autonómica antes del solsticio de verano se ha instalado una feria -de las vanidades- donde hay un tenderete de tiro a los catalanes, si aciertas, te puede tocar una Chochona vestida de pubilla. En el de al lado puedes ganar un Perro Sánchez con gafas de aviador si tienes la fortuna de pescar con cierta destreza tres patitos escurridizos de plástico. Calle arriba, una churrería regentada por un experto en leyes y sentencias tan enmarañadas como los buñuelos que mercadea.

Tenemos el mundo de celebración, festivo y espléndido. No escatima en gastos ni hila fino en armamento, la versión mortífera de unos juegos de artificio que iluminan el cielo no de admiración sino de terror. Rusia y Ucrania viven una demostración permanente de la pirotecnia más letal mientras no se vislumbra el fin de las hostilidades. Hablar de paz acelera y dispara insensatamente la intensidad. Ofrendas a los dioses de la guerra posponiendo el final mientras los soldados no se entretienen pescando peces de colores sino jugando a la ruleta rusa con balas y bombas perdularias. La cantante barbuda, el levantador de pesas falsas o el domador de esperanzas frustradas distraen a la población cuando ésta contempla el desenfreno celestial con prevención y mucho miedo.

En la feria mundial que no está por quemar en las hogueras del próximo solsticio los malos vientos que soplan, no podía faltar un buen túnel de los horrores, un pasaje del miedo como es debido. La franja de Gaza despunta por su espectacularidad y magnitud. Kilómetros de abominación se tragan familias enteras con las criaturas que han sido engullidas a la fuerza previo adiestramiento macabro con hambre, sed, epidemias y pasarlas muy magras hasta el horrible pretendido o programado aniquilamiento. El decorado de la guerra y el paisaje humano de civiles exasperados que nos dejan ver dañan la vista y el alma.

Un cóctel sin cubitos, una gaseosa sin burbujas, un espectáculo geopolítico al borde del desastre si no fuera por el director del circo que impone cordura y contención. Has acertado, efectivamente, es el rey del entretenimiento quien dirige desde Washington -o las Vegas- esta orquestina festiva y jovial mientras los payasos tristes desfilan pretendidamente cómicos con zapatos de hacer reír por la pista. Este personaje, un prófugo de un circo itinerante de barriada, se ha erigido en el gran payaso cara blanca que lidera la tropa de payasos torpes, ignorantes y bobos que le tienen devoción. Oír sus ocurrencias mientras le contemplas arrancaría una sonrisa si no fuera por las consecuencias de los desatinos que firma generosamente con grandilocuencia y gran magnanimidad con el rotulador hiperbólico con el que escriben -o dibujan- disparates los comediantes de la carcajada para niños que todavía no han aprendido a leer.

Por salud mental, lo dejo estar aquí para no caer en indignaciones impulsivas que nos sobrepasan. Para no sufrir un ataque de impotencia de los que nos descolocan podríamos cerrar los ojos, taparnos las orejas aplazando la tentación de zurcirnos la boca -que todo puede llegar: que nos la tapien- cultivando la técnica del avestruz, esconder la testa, enterrarla, para protegernos. Excesivos frentes abiertos con demasiados disparates, odio y demasiada guerra. Podemos, como el avestruz, soterrar la cabeza sin ser conscientes de que seguimos siendo el blanco aún más fácil de los despropósitos, a los que se ha abierto la veda, expuestos a la intemperie -con el culo al aire- en un mundo de torpezas sin verlas venir.

Visto el panorama, mientras el fuego de San Juan no lo chamusque, he determinado que en esta feria no compraré palomitas, ni manzanas caramelizadas ni algodón de azúcar.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario