Ya
hay papa, el sucesor de Francisco ha sido elegido como León XIV, un nombre con
perseverancia. El cónclave ha sido un visto y no visto para investirle como
cabeza de la iglesia católica, apostólica y romana. ¿Existían estrategias
previas, prisa o una unanimidad inspirada por el Espíritu Santo que se ha
vuelto mayormente eficaz? El foco de los medios, estático, observando el palpitar
de una chimenea se ha resuelto con un vapuleo a la intriga y a las conjeturas,
chamuscadas con gran fumarada mientras en la plaza y en muchos lugares en el
mundo estallaban de alegría. Los campanarios del pueblo, en Sant Joan de les
Abadesses, así se anunció con repiques fuera de las horas preceptivas
aspergiendo la nueva en el valle. El centro de interés ha dejado, pues, a la
prensa, a los tertulianos y a las casas de apuestas -que también han negociado-
huérfanos de la fascinación por las cábalas. Cierto que alargarlo en exceso
podía aplacar el interés de la audiencia en una sociedad impaciente decantada
por la inmediatez.
Yo
tampoco descartaría -con todo el respeto por el asunto- ciertas urgencias más
terrenales, ya que no se alcanza el rango de cardenal recién salido del
seminario. Emergencias como algunas próstatas cardenalicias, la incomodidad de
los uniformes o la pesadez de los accesorios. La gravedad que nos castiga a
todo el mundo como personas humanas de carne y hueso. Discreción,
aislamiento y responsabilidad trascendente bajo juramento de un escrutinio que
no se podrá recontar ya que las papeletas se queman. Un proceso poco
transparente que sólo debe rendir cuentas ante Dios y a la conciencia de cada
uno inspirada sin embargo por la divinidad. Desde la irreverencia hago algunos
de los asistentes con derecho a decidir amodorradamente cansados, con los
juanetes sensibles o con desgarradores dolores lumbares por no hablar de las
rodillas ni de las caderas oxidadas que les chirrían. Penitencias de la carne. Debería
de haber una dispensa para vestir ropa casual calzando zapatillas bien cómodas
previo justificante médico. ¿Y los que cultivan el hábito de fumar? Los habrá,
seguro, me pregunto cómo lo hacen. ¿Tienen breves interludios entre votación y
votación o deben camuflar el vicio detrás de los efluvios de un incensario?
Paso por alto a los consagrados a los grandes licores como los Aromas de Montserrat y otros
estomacales digestivos de origen monástico.
El
periodismo cansado de insistir reiteradamente en los momentos clave y el
protocolo que conlleva tan importante ritual desplazó un poco el objetivo para
informarnos de un leve terremoto cercano a Roma, la ciudad del amor -humano y
divino-. De la reclusión, mecanismos y artefactos para garantizar el aislamiento
absoluto también cerrado a cal y canto bajo llave a cualquier inspiración
ajena. Las gaviotas -¡que no son palomas!- aportaron cierto movimiento escénico
a la frialdad visual anquilosada de un tubo de estufa retro. La nota de color
-simpática si lo preferís- ha sido una profana fumata rosa. Entre los opuestos
negro y blanco el cielo romano también se moteó con una tintura cercana al rojo
y al púrpura, de rosa color eterno.
Días
consecutivos de desfiles, de cardenales en Roma y al día siguiente de tanques
en Moscú. Contrastes. Claro que bajo la supervisión atenta y orgullosa de Putin
-el papable de los cristianos ortodoxos- la comitiva uniformada de soldados no
celebraba la paz, una de las aspiraciones del papa, sino la victoria. Trump ya
se había avanzado disfrazándose de pontífice -el hacedor arancelario que en
lugar de construir puentes los dinamita-. Una astracanada irrespetuosa con
voluntad de alcanzar el cielo de los ególatras cual globo aerostático. Los
asesores tuvieron que atarle corto con una cadena en el tobillo cuando ya
iniciaba la ascensión. Estoy por confirmar que el Espíritu Santo no le ha
perdonado el disfraz ni la osadía favoreciendo la designación de
un cardenal de origen americano que estos días ya le ha quitado
protagonismo. ¿Cómo, cuándo y cuál será la relación entre ambos?
Tenemos
papa, León XIV. No era de los favoritos en las casas de apuestas. No nos son
todavía familiares su fisonomía, su ademán ni su voz. Por dónde respirará, qué
impulsará, cuáles son sus metas. La sociedad, fundamentalmente el cristianismo,
le seguirá de cerca y lo valorará hasta auparlo a la santidad de ser el caso.
Por ahora, he emprendido una encuesta sin indicar las fuentes ni los datos
objetivos en los que debería haberme fundamentado. Tendréis que creer o fiaros.
Un método frecuente similar al que emplean algunos editoriales interesados o
que se dedican a fomentar falsedades y tendencias con piel de cordero
informativa. La primera conclusión y la tendencia mayoritaria entre los sondeos
que he efectuado es que este papa, León XIV, tiene cara de apacible bonachón,
de aquellos a los que comprarías un artículo de segunda mano.
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