lunes, 12 de mayo de 2025

Fumata blanca

 

Ya hay papa, el sucesor de Francisco ha sido elegido como León XIV, un nombre con perseverancia. El cónclave ha sido un visto y no visto para investirle como cabeza de la iglesia católica, apostólica y romana. ¿Existían estrategias previas, prisa o una unanimidad inspirada por el Espíritu Santo que se ha vuelto mayormente eficaz? El foco de los medios, estático, observando el palpitar de una chimenea se ha resuelto con un vapuleo a la intriga y a las conjeturas, chamuscadas con gran fumarada mientras en la plaza y en muchos lugares en el mundo estallaban de alegría. Los campanarios del pueblo, en Sant Joan de les Abadesses, así se anunció con repiques fuera de las horas preceptivas aspergiendo la nueva en el valle. El centro de interés ha dejado, pues, a la prensa, a los tertulianos y a las casas de apuestas -que también han negociado- huérfanos de la fascinación por las cábalas. Cierto que alargarlo en exceso podía aplacar el interés de la audiencia en una sociedad impaciente decantada por la inmediatez.

  Yo tampoco descartaría -con todo el respeto por el asunto- ciertas urgencias más terrenales, ya que no se alcanza el rango de cardenal recién salido del seminario. Emergencias como algunas próstatas cardenalicias, la incomodidad de los uniformes o la pesadez de los accesorios. La gravedad que nos castiga a todo el mundo como personas humanas de carne y hueso.  Discreción, aislamiento y responsabilidad trascendente bajo juramento de un escrutinio que no se podrá recontar ya que las papeletas se queman. Un proceso poco transparente que sólo debe rendir cuentas ante Dios y a la conciencia de cada uno inspirada sin embargo por la divinidad. Desde la irreverencia hago algunos de los asistentes con derecho a decidir amodorradamente cansados, con los juanetes sensibles o con desgarradores dolores lumbares por no hablar de las rodillas ni de las caderas oxidadas que les chirrían. Penitencias de la carne. Debería de haber una dispensa para vestir ropa casual calzando zapatillas bien cómodas previo justificante médico. ¿Y los que cultivan el hábito de fumar? Los habrá, seguro, me pregunto cómo lo hacen. ¿Tienen breves interludios entre votación y votación o deben camuflar el vicio detrás de los efluvios de un incensario? Paso por alto a los consagrados a los grandes licores como los Aromas de Montserrat y otros estomacales digestivos de origen monástico.

El periodismo cansado de insistir reiteradamente en los momentos clave y el protocolo que conlleva tan importante ritual desplazó un poco el objetivo para informarnos de un leve terremoto cercano a Roma, la ciudad del amor -humano y divino-. De la reclusión, mecanismos y artefactos para garantizar el aislamiento absoluto también cerrado a cal y canto bajo llave a cualquier inspiración ajena. Las gaviotas -¡que no son palomas!- aportaron cierto movimiento escénico a la frialdad visual anquilosada de un tubo de estufa retro. La nota de color -simpática si lo preferís- ha sido una profana fumata rosa. Entre los opuestos negro y blanco el cielo romano también se moteó con una tintura cercana al rojo y al púrpura, de rosa color eterno.

Días consecutivos de desfiles, de cardenales en Roma y al día siguiente de tanques en Moscú. Contrastes. Claro que bajo la supervisión atenta y orgullosa de Putin -el papable de los cristianos ortodoxos- la comitiva uniformada de soldados no celebraba la paz, una de las aspiraciones del papa, sino la victoria. Trump ya se había avanzado disfrazándose de pontífice -el hacedor arancelario que en lugar de construir puentes los dinamita-. Una astracanada irrespetuosa con voluntad de alcanzar el cielo de los ególatras cual globo aerostático. Los asesores tuvieron que atarle corto con una cadena en el tobillo cuando ya iniciaba la ascensión. Estoy por confirmar que el Espíritu Santo no le ha perdonado el disfraz ni la osadía favoreciendo la designación de un   cardenal de origen americano que estos días ya le ha quitado protagonismo. ¿Cómo, cuándo y cuál será la relación entre ambos?

Tenemos papa, León XIV. No era de los favoritos en las casas de apuestas. No nos son todavía familiares su fisonomía, su ademán ni su voz. Por dónde respirará, qué impulsará, cuáles son sus metas. La sociedad, fundamentalmente el cristianismo, le seguirá de cerca y lo valorará hasta auparlo a la santidad de ser el caso. Por ahora, he emprendido una encuesta sin indicar las fuentes ni los datos objetivos en los que debería haberme fundamentado. Tendréis que creer o fiaros. Un método frecuente similar al que emplean algunos editoriales interesados ​​o que se dedican a fomentar falsedades y tendencias con piel de cordero informativa. La primera conclusión y la tendencia mayoritaria entre los sondeos que he efectuado es que este papa, León XIV, tiene cara de apacible bonachón, de aquellos a los que comprarías un artículo de segunda mano.

 

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