martes, 11 de febrero de 2025

Entrada 500 a Miralls i Espantalls.

 

Ésta es la que redondea a quinientas las crónicas que se pueden leer en el blog Miralls i Espantalls. Una cifra redonda de la que no era demasiado consciente, ha sido echando un vistazo al historial de los artículos publicados que me ha dado cuenta casualmente de la efeméride. Publicaciones que comienzan regularmente en 2013 con un empuje inicial de cuatro por mes. A partir del 2019 la asiduidad o el ímpetu -más diluidos- se redujeron a tres publicaciones mensuales. A pesar de no tener ningún tipo de presión o plazo para entregarlas, he procurado -más o menos- respetar la cadencia a la hora de hacerlas públicas siguiendo este criterio, tres por mes. Ya excusarás mi empeño y osadía. (A partir del 2016 las entradas de Miralls i Espantalls las puedes leer en lengua castellana en el blog Espejos y Titiriteros).

 El seguimiento por parte de los que abrís la página -que no es garantía de que la leáis- se ha ido incrementando con el tiempo y vuestra paciencia. Unos datos que halagan en mitad de la imposibilidad de saber con exactitud quién lo sigue y desde dónde. Misterios inciertos en la magnitud de las redes a pesar de disponer de aplicaciones que analizan las visitas recibidas, el lugar o la entrada elegida. Me he dado cuenta comprobándolo que no son suficientemente fiables ya que en mi caso van al buen tuntún o a tientas. Sin embargo podría confeccionar una lista de aquellas personas que, como se dice, sois seguidoras fieles -yo prefiero calificaros de lectoras-. ¡Gracias a vosotros!

Antes de abrir el blog Miralls i Espantalls, una sugerencia reiterada, algunos escritos los remitía a un pequeño grupo de cómplices que no osaban hacer críticas atrevidas de aquellas que, como sujeto letraherido, te hunden en la miseria. Dar el paso, exponerse a las redes produce cierta prevención y al mismo tiempo vértigo. ¿Qué diréis, qué pensareis? A medida que ha ido evolucionando la tarea, el pudor -la vergüenza- con el temor a los errores formales de todo tipo, ortográficos, sintácticos -que los hay-, los he ido integrando como quien se habitúa a convivir con el escalón traidor de la escalera o el grifo que gotea.

He reflexionado que con los años me he convertido en una gota malaya -como la del grifo- imponiéndome una especie de disciplina que a menudo inquieta. Y ahora qué. ¿Qué escribo? Elegir el centro de interés, la temática, no siempre es fácil a pesar del pozo sin fondo en el que algunos políticos se lavan los pies salpicándonos. He procurado no insistir en la vida y milagros de los protagonistas que mandan. Sacar punta de continuo de estos personajes no ha sido mi voluntad aunque Trump nos lo ponga demasiado fácil y es, entre otras cosas, muy goloso. Insisto como suelo con los cercanos, aquellos que están casi obligados a leer Miralls i Espantalls poniéndoos en un apuro -A la próxima, ¿de qué hablo? -Tú mismo -acostumbrándoos a encogeros de hombros por respuesta o como mucho soltáis algo genérico propio de las portadas de los telediarios. -¡Tú mismo! -os reafirmáis -Lo empaquetas como haces, ya me entiendes, y ya está. Perseveraré, ¿dime de qué trato en el siguiente?

Así es como lo he envuelto -como un regalo virtual de cumpleaños- en este hito de los 500. ¡Por muchos años! Digamos que éste ha sido un buen pretexto para no agobiarme buscando un centro de interés que correspondería o no. De todo ello, creo, lo más significativo para quien escribe estas crónicas o artículos es como un texto sin ninguna ilustración ni ningún acompañamiento -sin unas patatas fritas, unos pimientos asados o unas alcachofas crujientes- que la tecnología actual permite tenga una retahíla de visitas gratificantes, en algunas de las cuales os permitís hacer aportaciones, comentarios o correcciones. ¡Gracias! Porque leer un texto sin ilustración alguna ni tropezones tiene mérito en un mundo de fuegos artificiales y de colorines sonoros.

 

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