Ésta
es la que redondea a quinientas las crónicas que se pueden leer en el
blog Miralls i Espantalls. Una cifra redonda de la que no era
demasiado consciente, ha sido echando un vistazo al historial de los artículos
publicados que me ha dado cuenta casualmente de la efeméride. Publicaciones que
comienzan regularmente en 2013 con un empuje inicial de cuatro por mes. A
partir del 2019 la asiduidad o el ímpetu -más diluidos- se redujeron a tres
publicaciones mensuales. A pesar de no tener ningún tipo de presión o plazo
para entregarlas, he procurado -más o menos- respetar la cadencia a la hora de
hacerlas públicas siguiendo este criterio, tres por mes. Ya excusarás mi empeño
y osadía. (A partir del 2016 las entradas de Miralls i Espantalls las puedes leer en lengua castellana en el
blog Espejos y Titiriteros).
El
seguimiento por parte de los que abrís la página -que no es garantía de que la
leáis- se ha ido incrementando con el tiempo y vuestra paciencia. Unos datos
que halagan en mitad de la imposibilidad de saber con exactitud quién lo sigue
y desde dónde. Misterios inciertos en la magnitud de las redes a pesar de
disponer de aplicaciones que analizan las visitas recibidas, el lugar o la
entrada elegida. Me he dado cuenta comprobándolo que no son suficientemente
fiables ya que en mi caso van al buen tuntún o a tientas. Sin embargo podría confeccionar
una lista de aquellas personas que, como se dice, sois seguidoras fieles
-yo prefiero calificaros de lectoras-. ¡Gracias a vosotros!
Antes
de abrir el blog Miralls i Espantalls, una sugerencia reiterada,
algunos escritos los remitía a un pequeño grupo de cómplices que no osaban hacer
críticas atrevidas de aquellas que, como sujeto letraherido, te hunden en la
miseria. Dar el paso, exponerse a las redes produce cierta prevención y al
mismo tiempo vértigo. ¿Qué diréis, qué pensareis? A medida que ha ido
evolucionando la tarea, el pudor -la vergüenza- con el temor a los errores
formales de todo tipo, ortográficos, sintácticos -que los hay-, los he ido integrando
como quien se habitúa a convivir con el escalón traidor de la escalera o el
grifo que gotea.
He
reflexionado que con los años me he convertido en una gota malaya -como la del
grifo- imponiéndome una especie de disciplina que a menudo inquieta. Y ahora
qué. ¿Qué escribo? Elegir el centro de interés, la temática, no siempre es
fácil a pesar del pozo sin fondo en el que algunos políticos se lavan los pies
salpicándonos. He procurado no insistir en la vida y milagros de los
protagonistas que mandan. Sacar punta de continuo de estos personajes no ha
sido mi voluntad aunque Trump nos lo ponga demasiado fácil y es, entre otras
cosas, muy goloso. Insisto como suelo con los cercanos, aquellos que están casi
obligados a leer Miralls i Espantalls poniéndoos en un apuro
-A la próxima, ¿de qué hablo? -Tú mismo -acostumbrándoos a encogeros de hombros
por respuesta o como mucho soltáis algo genérico propio de las portadas de los
telediarios. -¡Tú mismo! -os reafirmáis -Lo empaquetas como haces, ya me
entiendes, y ya está. Perseveraré, ¿dime de qué trato en el siguiente?
Así
es como lo he envuelto -como un regalo virtual de cumpleaños- en este hito de
los 500. ¡Por muchos años! Digamos que éste ha sido un buen pretexto para no
agobiarme buscando un centro de interés que correspondería o no. De todo ello,
creo, lo más significativo para quien escribe estas crónicas o artículos es
como un texto sin ninguna ilustración ni ningún acompañamiento -sin unas
patatas fritas, unos pimientos asados o unas alcachofas crujientes- que la
tecnología actual permite tenga una retahíla de visitas gratificantes, en
algunas de las cuales os permitís hacer aportaciones, comentarios o
correcciones. ¡Gracias! Porque leer un texto sin ilustración alguna ni tropezones
tiene mérito en un mundo de fuegos artificiales y de colorines sonoros.
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