Choque, topetazo, impacto,
empuje, colisión, embate, acometida, batacazo, encuentro, infortunio, desgracia,
calamidad, mal, desdicha, trastorno, adversidad, contratiempo, pega... retahíla
de palabras -hay más- que son sinónimos de “trompada”, una cuasi homofonía a la
manera en que aquí algunos pronunciamos el apellido Trump. Toca hablar de la
entronización de ese emperador que se ha coronado en Washington ante el cadáver
político Joe Biden.
Debo
formar parte de esa mitad de ciudadanos del planeta que consideran una calamidad que
Donald Trump haya vencido en la última acometida electoral. Mi
prevención al batacazo no le resta mérito ni puede degradar el
entusiasmo y el furor político que despierta este señor entre sus adictos con
una devoción por la política dura que va más allá del concepto de partidario o de
adepto. Su victoria, su liderazgo y su persona superan, trastornan -atropellan-,
al partido republicano. Esperemos que no aplaste con un embate furibundo
la democracia con pies torpes de paquidermo.
En
esta reedición, un contratiempo electoral de cuatro años, ya
nos hemos acostumbrado a los modos zafios de este personaje que no podrá optar
más -esperemos- a la reelección. Lo hemos integrado en el imaginario y no nos
impacta tanto como lo hizo en el primer mandato. Nos hemos familiarizado a las
irrupciones de sheriff entrando a trompicones en el salón
donde se juega fuerte con cartas marcadas al póquer con apuestas y faroles de
alcance geopolítico mundial. La fachendería gestual nos hace temer que pueda
disparar en cualquier momento en cuanto alguien lo contradiga o se permita
soplarle a la oreja. Un personaje que ha empujado -¡qué
hombre!- a aquellos que no están a su lado incondicionalmente sin fisuras ni
matices.
En
este segundo mandato ha vuelto con tiempo y suficiente furia para llevar a la
práctica lo que le ha atormentado hasta que no lo ha hecho con un sonoro
puñetazo en la mesa sin contemplaciones, con prisa. Todo pensado, todo
planificado. Ha ido al grano firmando decretos y más decretos como quien churrusca
churros en aceite al rojo vivo a diestro y siniestro. Una noche, la primera
tras el nombramiento, que Melania ha tenido que ejercer de ángel protector con bálsamos
específicos y unturas tribales diversas de los indios recluidos en las reservas
para el dolor de muñeca y de codo -una especie de síndrome del tenista- que ha
machacado a Donald de tanto firmar y levantar las tablas divinas de la ley para
mostrarlas a los fieles. El dolor físico, el mal, que no el gozo
por la revancha de espíritu, han hecho que dejara de levitar descendiendo
-poniendo sólo los calcetines- en la Tierra a medida que los ungüentos de la
Melania obraban el milagro. Dudo que el personaje se haya cuestionado los
calambres en el antebrazo como un aviso del dios que le ha ungido para esta
misión mesiánica -tras inaugurar un casino en Marte con Elon Musk y Jeff Bezos
de crupieres- advirtiéndolo, es humano y como tal de carne y hueso.
Hay
una tendencia en mancha de aceite -Trump es el caudillo de los alguaciles- a
reducir la complejidad de la vida y de las relaciones entre los hombres a una
simplicidad adversa que se podría resumir entre lo
“comestible” y lo “no comestible”. Sólo existen el blanco o el negro, los
grises son para los indecisos quisquillosos o los melindrosos ofuscados. Nos
tientan con una dieta infantil de impacto que puede obstruir
con colesterol del malo las arterias de la democracia tal y como la pensábamos
los ingenuos. "A partir de ahora, será la política oficial del gobierno de
Estados Unidos que sólo existan dos géneros: el masculino y el femenino". ¡Coño!
¡Qué cojones!
Sólo
repasando los titulares sin entrar en la letra menuda o en la negrita todo
apunta a la idea de la barra libre para zamparse lo que queda de la manzana -¿Apple?-
medio podrida con un gusano, a lo que hemos reducido el mundo y sus recursos.
Las desgracias medioambientales no han sido ningún impedimento
para repensarse la salida -un encontronazo ecológico feo por
segunda vez- de los acuerdos climáticos de París. Lo remata, porque también es
“comestible”, abandonando la Organización Mundial de la Salud (OMS), la agencia
de Naciones Unidas responsable de gestionar las políticas de prevención,
promoción e intervención en salud a escala mundial, que tuvo un papel
especialmente destacado durante la pandemia de Covid-19 cuando Trump ya tuvo
un topetazo prescribiendo a los ciudadanos americanos lejía
diluida en azúcar y mucha incompetencia.
La desgracia asoma
los cuernos sobreponiéndose al infortunio de los migrantes ya
en el segundo día de la presidencia de este hombre y del nuevo equipo
gubernamental en construcción. El flamante secretario de Seguridad Nacional ha
levantado la veda a las redadas en escuelas e iglesias -también en las
inmediaciones de estos centros- para que "los criminales" no puedan
esconderse. Por la incertidumbre y por miedo el colectivo irregular que reside
en el país vive aterrorizado. Ni los hijos de esos nacidos en Estados Unidos
tienen garantizados sus derechos como ciudadanos. Muchas familias han encerrado
a cal y canto a los niños que dejan y dejarán de asistir a la escuela por el
temor fundado a ser detenidos y deportados cuando no recluidos.
"La
época dorada de Estados Unidos comienza ahora. A partir de ese día, nuestro
país prosperará y será respetado de nuevo en todo el mundo. Seremos la envidia de
todas las naciones, y no permitiremos que se nos tome ventaja ni un solo día
durante toda la administración de Trump. Simplemente, pondré a América en
primer lugar". La declaración es de esas que en una ópera ampulosa se
correspondería al momento culminante en el que la orquesta se esfuerza
sobremanera con grandes estridencias del metal y trompazos de timbal
triunfante mientras el director mata moscas con la batuta. Una filarmónica para
una ópera en cuatro actos, los del mandato. Algunos críticos musicales de
contrastada solvencia ya han detectado carencias y espinosos agravios de solfa
diversos.
Asistiremos
a las actuaciones de esta filarmónica de Washington y la seguiremos en sus
respectivos bolos fuera de temporada en todo el mundo. Se trata de una formación
que reúne a los primeros espadas, a los más ricos, a los más poderosos. Son los
más valientes porque se exponen para sacar las castañas del fuego a los de
Detroit y otros lugares castigados por la pobreza con gran sensibilidad social
velando por la equidad y la igualdad de oportunidades. Con un equipo tan
selecto sin duda que la sinfonía América
Grande y Trumpfante será un éxito de taquilla si el primer
violín, Elon Musk, no colisiona y se las tienen como dos pavos reales por
razones de protagonismo con el gran director, Donald, que no está por las salidas
de tono de este pollo con espolones de oro que no haya marcado su batuta.
Por
cortesía no escrita ni reglamentada solía concederse cien días de gracia a los
recién llegados a un cargo prominente. Trump también se los merecería, pero
quizá no sea el caso de quien inaugura los primeros minutos después de la
investidura enconándose con furor caligráfico a firmar decretos para deshacer
legados y consensos alcanzados en anteriores presidencias.
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