miércoles, 16 de octubre de 2024

¡Que viene el lobo!

 

Cobra vigencia el cuento de Pedro y el lobo. Nos informan que entre los parcos ejemplares de lobo detectados en Catalunya, una decena, este año hay una hembra. Una loba que puede propiciar la posibilidad de reproducción de la especie. Hace más de un siglo que no se tiene constancia del nacimiento de un lobezno en tierras catalanas. Vuelve a comenzar el desafío y los conflictos con algunos ganaderos que habrá que gestionar con medidas contra el miedo irracional asociadas a este animal que difícilmente ataca a las personas. Como en el cuento de Pedro y el lobo, se ha hecho real. El rey de la cadena trófica en nuestra tierra sería una oportunidad, de poder canalizar selectivamente sus preferencias gastronómicas, con una dieta de jabalíes y de corzos. Desgraciadamente en su menú figuran los rebaños sufridos de ovejas y las huestes de cabras díscolas.

No hace falta remover demasiado entre los nostálgicos cachivaches rurales para descubrir los collares con los que protegían a los perros que vigilaban los corrales y los cercados de verano. Collares con pinchos, contra la tendencia de los lobos a dentellear el gaznate de sus presas, hacían algo más invulnerables a los mastines que convivían infiltrados defendiendo a la camada lanuda de intrusos con malas intenciones. En el imaginario terrífico de los cuentos junto al fuego está el lobo, el todopoderoso animal astuto -capaz de enharinarse las patas o de disfrazarse con una piel de cordero- que sólo aullando ya aturde a las criaturas. En muchos lugares se recuerdan magnificadas maldades protagonizadas por estas bestias sanguinarias que fueron borradas de la faz de la geografía catalana no hace demasiados años, a principios del siglo pasado.  

¡Qué viene el lobo! De hecho nunca se ha ido ni se le ha podido exterminar en los territorios que sufren los aullidos de la guerra como cañonazos con aliento infernal. Hace unos días un exministro de asuntos exteriores alertaba de que vivimos al borde de la tercera guerra mundial. Los conflictos activos y cruentos mantienen un encarnizamiento empantanado que puede ir escalando. Como dijo el comediante Plauto un par o tres de siglos antes de Cristo, “el hombre es un lobo para el hombre”. Ya en Roma, seguramente antes, tanto el lobo como el propio hombre participaban de esta idea depredadora hacia la propia especie. ¡Terrible!

La última revuelta de los lobos marinos ha sido el zarpazo del huracán Milton en la costa de Florida. Extraordinariamente poderoso y destructivo, ha causado mucho daño. La previa al paso de este devastador fenómeno ha puesto de acuerdo a los meteorólogos y los gobernantes en alertar muy en serio de las consecuencias en el caso de no evacuar los lugares por los que ha cruzado. Sin embargo, algunos habitantes escarmentados de Estados Unidos se preparan para el próximo embate serio que puede sufrir el país, el huracán Trump, que ya azotó al país recientemente. De confirmarse, el fenómeno amenaza con consecuencias imprevisibles de color zanahoria con tendencia cromática al tono ala de mosca, un color impreciso, sucio.

Asfixiando el radio de acción, bajando el foco, la secuencia del lobo sitiando las siete cabritas mostrando la patita enharinada -aparentemente muy impoluta- la encontramos en la hiperactiva actividad del partido popular para desviar la mirada del gran error -monumental- para sus intereses que ha cometido aprobando una ley de referencia europea que afectaría a la duración de la condena de los terroristas que la cumplen en Francia. La falta de competencia lectora, unas gruesas cataratas o la pereza que produce tener que leer la letra menuda de los contratos -y de las leyes- les ha jugado una mala pasada. El jaleo interno y el enojo de las víctimas, por la ley y por la manera de gestionar la pifia, ha hecho que el partido se empolvore la patita y haya tenido que cubrirse con una piel de cordero para denunciar con grandes gesticulaciones la corrupción “sistematizada” socialista del gran lobo Sánchez, quien les recuerda las piedras que todavía digieren por querer zamparse tanta cabritilla de mal digerir y peor justificar.

Con un golpe de manivela más bajamos la lupa para observar la conducta grupal de las cuadrillas de lobos republicanos que tienen las guaridas mayoritariamente en el Pirineo y alguna cercana a Montserrat. No se descarta que la presencia detectada de la loba presumida haya alterado su convivencia ya que se ha observado una actividad inusual y poco amistosa entre los lobos más llamativos para ser reconocidos como elemento alfa -no como rey- de la manada. Aunque lobos con lobos no se muerdan se ha visto ejemplares con indicios de fuertes encontronazos hechos unos zorros. Expertos en esta especie están analizando su comportamiento.

Y más cercano, pisando el asfalto como los jabalíes urbanos ya acostumbran, el lobo solitario -no precisamente nietzscheano- con quien he coincidido a mediodía en el paseo dominical. Sin aullidos, al acecho, sin levantar sospechas como un felino mimetizado entre la riada de peatones, de repente se ha abalanzado sobre una mujer de mediana edad. De un zarpazo le ha arrancado el reloj mientras la víctima, como una gacela sorprendida, cae al suelo. Un golpe seco, contundente, escalofriante. El individuo se fuga por el laberinto de callejuelas. Un joven en forma le persigue, también la gacela abatida que se ha levantado corre dolida y coja tras el lobo solitario. Dos urbanos tienen detenida a la bestia urbana. La mujer y el acompañante se sientan en una mesa, una camarera recién arribada les trae una jarra de agua. Los urbanos retratan las palmas de las manos y las rodillas de la víctima. Encima de la mesa está el reloj con la correa desguazada y el reproche tan manido y poco compasivo del acompañante - Ya te he advertido que no te lo pusieras...-.

¡Qué viene el lobo!

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