jueves, 24 de octubre de 2024

Ayuso, la castiza.

 

De entre el elenco de políticas en activo yo me decanto por Isabel Díaz Ayuso como la más llamativa en muchos sentidos. Esta vistosa maja mesetaria es noticia día sí, día también por sus declaraciones. En mi imaginario arraigado en la filmografía de cuando las películas eran en blanco y negro, la hago un poco la Gilda de la década de los cuarenta salvando las distancias -ya me perdonarán- con Rita Hayworht; si Ayuso se moderara, cerrando un poco más la boca, como insinúan las abuelas de la quinta de Hayworht, con quien tiene cierto aire, la sacarían en las portadas más maja todavía. ¡Qué salero, tronío y donaire toreros desparrama esta lideresa de la Comunidad de Madrid!

En la defensa de tigresa acorralada por los -presuntos- escándalos de fraude fiscal de su compañero en un asunto de mascarillas se la ha podido ver realmente furiosa en el papel que tiene aprendido e interpreta con mucha solvencia de matrona siciliana en la sede de la Asamblea de Madrid. Pone en escena el coraje predilecto contra el presidente Sánchez quien, según Ayuso, él y su ejecutivo llevan cinco años de implacable cacería política hacia su persona para destruirla anímicamente con acciones contra su entorno, familia o pareja. Los nutricionistas del Congreso de los Diputados han determinado que es justo en esa coyuntura cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid se ha decantado decididamente por una dieta radical rica en fruta.

Ayuso, la castiza, tiene claro que pisa fuerte, que le pregunten a Casado que hubo de afrontar el relicario al puro estilo Sara Montiel a consecuencia de la polémica que mantuvo con Ayuso y el hermano de ésta por otro asunto de mascarillas malditas -también llamadas tapabocas- que la justicia archivó. La dama de hierro del Madrid es España consolidó su ascendencia política con esa victoria. Manda mucho en el PP, dicen. Su señorío propició el relevo traumático del presidente del partido. Al mismo tiempo se le considera el recambio natural a un Feijóo que pisa con mucho cuidado, que la Ayuso no le complazca con otro relicario donde venerar los momentos de gloria pasados ​​lejos de Galicia.

Como Ayuso es un culo de mal asiento -políticamente hablando- se las vuelve a tener con el enemigo más que entrañable Pedro Sánchez. Se ha negado, hará campana, en la convocatoria bilateral que el presidente español ha convocado en la Moncloa con los presidentes autonómicos. Porque hay que defender a España ante el desguace de la nación fomentado por Sánchez con la financiación singular de Catalunya. Esto es, si España es Madrid, hay que estrujar a los catalanes y sus rarezas. Feijóo de rebote también recibe un batacazo, él que acudió a todas las reuniones como presidente de la Xunta, fuera quien fuera el presidente del gobierno, ve -recientemente operado de cataratas- como la díscola Ayuso también le cuestiona con la negativa al encuentro. Feijóo se ha limitado a declarar que todo está suficientemente explicado.

Recuperando e impugnando la mítica película, me figuro a Gilda bofeteando a Gleen Ford en el papel de Johnny Farrell que exclamaría -¡Manda carallo, menudo guantazo! Nos perderemos, pues, el hipotético encuentro de Ayuso con Pedro Sánchez en la Moncloa. Mira que harían buena pareja, un tándem absolutamente fotogénico sentado en el sofá, sonrientes, contemplándose acaramelados con un punto cómplice de seducción que inundaría todas las portadas con un posible asunto que sobrepasaría el gris macroeconómico con pasional federalismo financiero.

 Sospecho que no podrá ser, que no asistiremos a una escena similar cargada de frugalidad edulcorada con un centro de mesa repleto de sabrosas frutas tropicales entre los protagonistas. Puestos a remedar el argumento de la película, imagino el encuentro imposible viendo a Gilda con unos guantes nada sensuales. No se despoja de ellos, no existe, en esta versión, un striptease sugerentemente subliminal. Nada que ver. Son unos guantes de boxeo en blanco y negro en primer plano mientras la protagonista ensaya iracundos golpes en el aire para calentar músculo. Detrás, la imagen algo difusa de Pedro Sánchez. Se acaba la secuencia con un giro ambiguo de argumento que no nos desvela quién ha soltado el primer gancho o el primer sopapo y acaba venciendo por Knock Out. KO.

 

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