De
entre el elenco de políticas en activo yo me decanto por Isabel Díaz Ayuso como
la más llamativa en muchos sentidos. Esta vistosa maja mesetaria es noticia día sí, día también por sus
declaraciones. En mi imaginario arraigado en la filmografía de cuando las
películas eran en blanco y negro, la hago un poco la Gilda de la década de los
cuarenta salvando las distancias -ya me perdonarán- con Rita Hayworht; si Ayuso
se moderara, cerrando un poco más la boca, como insinúan las abuelas de la quinta
de Hayworht, con quien tiene cierto aire, la sacarían en las portadas más maja todavía. ¡Qué salero, tronío y donaire toreros
desparrama esta lideresa de la Comunidad de Madrid!
En
la defensa de tigresa acorralada por los -presuntos- escándalos de fraude
fiscal de su compañero en un asunto de mascarillas se la ha podido ver
realmente furiosa en el papel que tiene aprendido e interpreta con mucha
solvencia de matrona siciliana en la sede de la Asamblea de Madrid. Pone en
escena el coraje predilecto contra el presidente Sánchez quien, según Ayuso, él
y su ejecutivo llevan cinco años de implacable cacería política hacia su
persona para destruirla anímicamente con acciones contra su entorno, familia o
pareja. Los nutricionistas del Congreso de los Diputados han determinado que es
justo en esa coyuntura cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid se ha
decantado decididamente por una dieta radical rica en fruta.
Ayuso,
la castiza, tiene claro que pisa fuerte, que le pregunten a Casado que hubo de afrontar
el relicario al puro estilo Sara Montiel a consecuencia de la polémica que
mantuvo con Ayuso y el hermano de ésta por otro asunto de mascarillas malditas -también
llamadas tapabocas- que la justicia archivó. La dama de hierro del Madrid es
España consolidó su ascendencia política con esa victoria. Manda mucho en el
PP, dicen. Su señorío propició el relevo traumático del presidente del partido.
Al mismo tiempo se le considera el recambio natural a un Feijóo que pisa con
mucho cuidado, que la Ayuso no le complazca con otro relicario donde venerar
los momentos de gloria pasados lejos de Galicia.
Como
Ayuso es un culo de mal asiento -políticamente hablando- se las vuelve a tener
con el enemigo más que entrañable Pedro Sánchez. Se ha negado, hará campana, en
la convocatoria bilateral que el presidente español ha convocado en la Moncloa
con los presidentes autonómicos. Porque hay que defender a España ante el desguace
de la nación fomentado por Sánchez con la financiación singular de Catalunya.
Esto es, si España es Madrid, hay que estrujar a los catalanes y sus rarezas.
Feijóo de rebote también recibe un batacazo, él que acudió a todas las
reuniones como presidente de la Xunta, fuera quien fuera el presidente del
gobierno, ve -recientemente operado de cataratas- como la díscola Ayuso también
le cuestiona con la negativa al encuentro. Feijóo se ha limitado a declarar que
todo está suficientemente explicado.
Recuperando
e impugnando la mítica película, me figuro a Gilda bofeteando a Gleen Ford en
el papel de Johnny Farrell que exclamaría -¡Manda carallo, menudo guantazo!
Nos perderemos, pues, el hipotético encuentro de Ayuso con Pedro Sánchez en la
Moncloa. Mira que harían buena pareja, un tándem absolutamente fotogénico
sentado en el sofá, sonrientes, contemplándose acaramelados con un punto
cómplice de seducción que inundaría todas las portadas con un posible asunto
que sobrepasaría el gris macroeconómico con pasional federalismo financiero.
Sospecho
que no podrá ser, que no asistiremos a una escena similar cargada de frugalidad
edulcorada con un centro de mesa repleto de sabrosas frutas tropicales entre
los protagonistas. Puestos a remedar el argumento de la película, imagino el
encuentro imposible viendo a Gilda con unos guantes nada sensuales. No se despoja
de ellos, no existe, en esta versión, un striptease sugerentemente
subliminal. Nada que ver. Son unos guantes de boxeo en blanco y negro en primer
plano mientras la protagonista ensaya iracundos golpes en el aire para calentar
músculo. Detrás, la imagen algo difusa de Pedro Sánchez. Se acaba la secuencia
con un giro ambiguo de argumento que no nos desvela quién ha soltado el primer
gancho o el primer sopapo y acaba venciendo por Knock Out. KO.
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