jueves, 12 de septiembre de 2024

La Diada 2024.

 

Lejos de aquellas multitudes de otras ediciones se ha celebrado la Diada con un Presidente de la Generalidad no independentista. La gráfica de la asistencia a las manifestaciones del Onze de Setembre desde el 2012 produce cierta desazón por el descenso y por la desmovilización presencial que han sufrido. Ha sido una manifestación descentralizada que según los recuentos de las policías locales habría congregado a unas 70.000 personas, lejos del millón largo de aquellos encuentros coreográficamente bien alineados o de los de las cadenas humanas capaces de abrazar el territorio.

Este año he vivido el acto de la Diada en Sant Joan de les Abadesses, que ha coincidido justo el día después de que se haya terminado la fiesta mayor de este año, el calendario ha provocado que este 11 de septiembre, miércoles, comporte un día de fiesta más para digerir canelones y reanudar al día siguiente el curso sin el ajetreo que los actos de la fiesta mayor han ocasionado. Volverán a salir a la mesa puesta el remanente de las comidas y el cava desbravado en un ejercicio de sostenibilidad gastronómica para reciclar los excesos. Todo debe aprovecharse.

Lejos de las grandes manifestaciones, en el pueblo la Diada se celebra con discreción en el claustro del monasterio, sin grandilocuencias gestuales ni promesas. Un acto de afirmación nacional breve con un parlamento del alcalde y la posterior ofrenda floral de las diversas entidades que se organizan y perviven en la Baronal Vila de Sant Joan de les Abadesses. No tengo la referencia de la gente que reunía en ediciones anteriores ya que es la primera vez que asisto. No dispongo de los datos de participación que la Policía Local suministra en las poblaciones que pueden permitirse el lujo de poder liberar a un agente para realizar estos recuentos aritméticos. Éste tampoco ha sido un acto lugareño multitudinario, las costuras del claustro podían contener a mucha más gente. Sí que a la sombra del románico milenario del monasterio el himno con el que se ha cerrado el acto favorecía cierta solemnidad gregoriana soberbia con un punto de misticismo ufano.

La desmovilización ciudadana es algo que cada año aparca más gente en el sofá de casa. Los partidos que han sido incapaces de reeditar un gobierno independentista en las últimas elecciones viven empeñados en descalificarse -y destruirse- mutuamente en una lucha cainita cargada de disputas electoralistas mientras las entidades independentistas -ANC y Òmnium- señalan esta desavenencia como el motivo principal de la pérdida de músculo del movimiento. Todas las entidades convocantes han apelado conjuntamente una vez más a favor de una unidad que, por ahora, no florece por ninguna parte.

A las comparativas habría que añadir un dato significativo difícil de calibrar. ¿Se trata sólo de un desencanto circunstancial por el actual panorama político? ¿O bien el independentismo flaquea? Podríamos relacionarlo con el vigoroso abstencionismo independentista de las últimas elecciones catalanas. Las respuestas a la causa-efecto deben ser gemelas sino son la misma.

En esta orilla se interpreta el bajo tono como una rabieta absentista que debe volver a ser rico y pleno porque el independentismo sigue estando de siesta con un ojo abierto pendiente de levantarse del sofá como un torbellino con un buen golpe de hoz cuando la hora lo requiera. Río abajo la catalanofobia política endémica es muy rentable con una polivalencia versátil propia de una llave inglesa ajustable a todos los calibres, como una navaja suiza con múltiples e inverosímiles prestaciones; habrá que ver qué lectura harán aquellos que, cuando las manifestaciones eran extraordinariamente numerosas, no hacían mención ignorándolas o maniobraban torpemente las imágenes. Cada uno lleva el agua en su molino.

Ante la duda existencial, la manera de averiguar el peso y la voluntad de unos y de otros pasaría por poner a un guardia urbano de ciencias a contarnos. Hagámoslo con garantías y juego limpio convocando una consulta -que no deja de tener un punto de ruleta rusa- para desenredar la incertidumbre confirmando que muchos sólo estaban adormilados o bien que el independentismo tiene un pie en el agujero negro del desencanto.

Esta Diada -cavilo mientras me zampo los canelones recalentados de la fiesta mayor- que ha tenido pocas burbujas, como un culín de cava sin demasiado ímpetu de la botella abierta en ediciones anteriores.

¡Buen curso!

 

 

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