lunes, 12 de agosto de 2024

Jimmy Puigdemont Jump.

 

La actualidad catalana vive agitada por dos eventos que han coincidido en el tiempo y casi en el espacio. El epicentro de ambos hechos se halla a cuatro pasos, como quien dice a tiro de piedra. Uno bajo del Arc del Triomf en el paseo Lluís Companys, el otro en el Parlament de Catalunya, en la vecina y próxima Ciutadella. Con puntualidad anglosajona, el presidente Carles Puigdemont se dirigía a los congregados mientras el futuro presidente Salvador Illa repasaba las cuartillas del discurso a candidato para la investidura que debería pronunciar con puntualidad institucional una hora más tarde.

Casi se han solapado las comparecencias que marcarán la fecha del jueves ocho de agosto de este año de no demasiada gloria ni victoria para el independentismo pese a la jugada maestra de escapismo protagonizada una vez más por el inquilino de Waterloo. Con una audiencia considerable amorrada a las pantallas de la televisión catalana asistimos en directo a cómo el señor Puigdemont se fundió literalmente ante el desconcierto y la incredulidad posterior de los televidentes con un truco afortunado de magia de cerca, de distancia muy corta con el público asistente junto a una mesa -en este caso la tarima del escenario- donde el mago nos confunde, nos seduce o nos toma el pelo con un efectista juego de sombreros o de gorras -¡elegid!-.

La promesa era de veras, Puigdemont había regresado del exilio para asistir al debate de investidura de Salvador Illa. Las imágenes llegando a Arc de Triomf sin entretenerse, trotando discretamente para no levantar aún más la liebre entre la muchedumbre de policías desplegados es de gran efecto. Avezados a la parsimonia ceremonial de los mandatarios, ver a Puigdemont subir apresurado la rampa, sudado, y con urgencia dirigiéndose al escenario es una estampa muy potente.

Un juego estratégico de paneles en el escenario, otro de gorras y/o de sombreros tras las bambalinas y un vehículo para huir quemando más la credibilidad de los Mossos d'Esquadra que gasolina y neumático. ¿Dónde está el president Puigdemont? Los avezados lectores de novela negra ya sospechaban que el doble panel era el punto donde se verificaría la discreta detención del díscolo Carles Puigdemont. Vencido y cautivo el escurridizo personaje debía ser entregado por los Mossos al juez Llarena quien, en persona, abriría las esposas para iniciar la comparecencia.

El guion previsto se torció ya que él llegó, se dirigió a los asistentes y se las piró dejando a las fuerzas varias, diversas y muy numerosas encargadas de la detención con un palmo de narices. Ante el ridículo colosal, Barcelona y las salidas hacia el norte allí donde dicen que la gente es más libre y acaudalada, se sometieron a una severa operación de control por los Mossos escudriñando maleteros y vehículos susceptibles de trajinar tan preciada carga para la judicatura española. Donde está Carles Puigdemont fue el centro de interés informativo de toda la jornada más que la previsible investidura de Salvador Illa de la Roca. La elección del 133 Presidente de la Generalitat figurará en el calendario popular como el día que Puigdemont se esfumó. La épica anécdota se habrá sobrepuesto en el imaginario al acto político e institucional central, proclamarlo presidente de la Generalitat.

El jefe de los Mossos d'Esquadra, visiblemente cabreado, ha declarado que Puigdemont se parece más a Jimmy Jump, el insigne espontáneo inoportuno, que a un expresidente de la Generalitat.

 

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