miércoles, 17 de enero de 2024

El lunes más triste del año.

 

Dicen que este lunes, el tercero de enero, es el día más triste del año, la globalidad lo rotula en inglés, blue monday, como si el nombre hiciera la cosa. Si nos fijamos en nuestro calendario coincide con la semana de los barbudos, donde la tristeza se sustituye por el frío, las heladas, nevadas y el mal tiempo en general que tradicionalmente se originaban por estas fechas, las de los santos velludos. Esto era antes de que el clima se desquiciara por completo y los referentes hayan perdido fiabilidad. En el mundo anglosajón el azul -blue- tiene esa connotación mezcla de tristeza y melancolía que nos descolocaba tanto cuando Roberto Carlos, aquel cantante brasileño de los setenta del siglo pasado, anunciaba que el gato está triste y azul a la vez. Un problema de traducción o en realidad era cosa de las condiciones meteorológicas de la temporada cuando hacía tanto frío que incluso los gatos se congelaban y se volvían de color azul tirando a morado. 

El lunes más triste del año es un buen argumento por ponerse a hibernar -como le habría convenido al gato de la canción- mientras no llega el martes, al día siguiente de después del lunes más gatuno del calendario. Este accidente que nos quiere noquear anímicamente estaría fundamentado en recientes campañas publicitarias creadas para aumentar las ventas ya que el decaimiento sólo se puede apaciguar con mayor consumo. No hay que ser un gran futurólogo para adivinar que, después de las fiestas, la alegría, sobre todo en los establecimientos comerciales, no pasa precisamente por el momento más álgido. Hacer coincidir esa desgracia con un lunes es definitivo. Porque el lunes debería estar proscrito, desterrado de los días de la semana a menos que caiga en festivo. ¡Qué día más feo!

Yo personalmente firmaría que sólo haya un día desolador a lo largo del año aunque sea el lunes. O dos o tres a mucho estirar. Pero la realidad es más dolorosa y menos armónica. Empezado el 2024, todavía en rodaje pero sin demasiadas garantías, el panorama sigue desafinando en muchos lugares. Guerras, algunas aparentemente amortiguadas porque han perdido protagonismo periodístico mientras las atrocidades siguen vigentes en el frente, como en Ucrania, que ha sido apartada de los grandes titulares por la escalada despiadada de horrores que se viven en Gaza mientras, como una mancha de aceite, el Mar Rojo se comienza a teñir literalmente de rojo.

Un mundo frágil, por decirlo suavemente, con los conflictos aludidos y el fantasma de Donald Trump que resucita ya no de las cenizas sino de las llamas que nunca se han extinguido en la confrontación interna que viven Estados Unidos. Justo acaba de empezar la carrera electoral con un candidato acusado de complicidades en la insurrección por el asalto al Capitolio entre otros delitos. Se acaba de conocer que con un gran margen de diferencia, más de la mitad de los votos, el estado de Iowa ha elegido al magnate estadounidense como el candidato preferido para representar al Partido Republicano en las elecciones de este 2024. Resuenan las contundentes palabras de la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, admitiendo sin reservas que un posible regreso de Trump a la Casa Blanca sería "claramente una amenaza". Un factor de riesgo y de especulación constante.

Mientras, coincidiendo con el lunes más nefasto del año en Davos (el lugar donde se ubica la novela la montaña mágica de Thomas Mann que se publicó hace justo cien años) se reúne el capitalismo globalizado bajo el lema “Reconstruir la confianza”. Más que una ironía es un sarcasmo -triste y azul como el gato- donde se reúnen el poder corporativo con algunos presidentes de gobiernos y significados personajes en un club privado, el de Davos -que destila oscuridad y ostentación-, donde algunos representantes de grandes monopolios privados poseen valores superiores al PIB de todas las economías de África y América Latina juntas. ¿Qué confianza quiere rehacer la faraónica riqueza de estas multinacionales que compiten con el poder de los estados pudiéndolos regular? Un espectáculo para selectos miembros en un mundo cada vez más desigual y con la extrema pobreza en alza. Los cinco hombres más ricos de la Tierra han más que duplicado su fortuna durante los últimos cuatro años. La brecha entre ricos y pobres no ha parado de aumentar desde que la pandemia disparó su desigualdad. Las grandes fortunas han crecido porcentualmente tres veces más rápidamente que la inflación.

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