A
la canción de verano, aún por determinar si no voy descaminado, deberíamos
añadir la noticia también del verano. Elegir cuál ha sido el hecho más
destacable de entre la oleada que inundan los medios no es tarea
sencilla. Entre el abanico de posibilidades, a la hora de decantarse, es
necesario ser muy cuidadoso. Qué consecuencias se derivan, qué impacto
produce y otras -muchas-. Uno de los requisitos parecería fundamentarse en
el grado de estupefacción que provoca, cómo nos sacude y nos remueve o conmueve
lo que explica. Hay predicciones muy importantes y trascendentes en las
que la inmediatez aplazada les quita efectividad comunicativa cargándolas de
incertidumbre porque lo que pronostican deberá verse o verificarse todavía.
Hay
crónicas políticas que, por previsibles y reiterativas, carecen de la frescura
de las verduras recién recolectadas del huerto. Son noticias de congelador
almacenadas en tuppers que pasamos
por el microondas, las aliñamos y las traemos a la mesa a medida que debemos
consumirlas. Artículos de opinión, necrológicas predecibles de personajes
insignes que caminan por la cuerda floja de la existencia, reportajes de
lugares idílicos, recomendaciones recurrentes asociadas a una fiesta o un
evento cíclico y anual. Análisis sesudos de las estrategias de juego y de los
cañonazos en las faltas directas de Messi. Se ha acumulado tanta
información y la tenemos tan al alcance que sólo debemos abrir la gran cámara
frigorífica industrial para hurgar en las redes o utilizar el formidable
recurso de la inteligencia artificial (IA).
Seleccionar,
realizar una clasificación y escoger es un riesgo. Siempre ponen en duda
la elección efectuada las réplicas y contrarréplicas que cuestionan o
desautorizan lo que se propone. Siempre es menos arriesgado cribar entre
los tuppers clasificados por
contenidos no mezclando la carne con el pescado y elegir la mejor captura de
palangre por un lado o el entrecot de vaca vieja más exquisito por el
otro. Proponerme el reto de resaltar sólo una, la más emblemática del
verano, me provoca dolores de cabeza y cierto recelo. Pero me aventuraré.
Podrá
imaginar que el proceso ha sido laborioso, seguir la actualidad informativa
desde las diferentes vertientes -opinión, política, internacional, economía,
sociedad, ciencia, cultura, medio ambiente- valorando qué ha sido el centro de
interés y merece convertirse en la noticia del verano, me ha arruinado
las vacaciones. Un ejercicio obsesivo que no aportará nada extraordinario
ni resolverá los graves problemas que nos asedian desde los distintos
flancos. Sólo se trata de un ensayo para imponer la tendencia que asocia
el verano a algo único. Si una cancioncilla nos transporta y nos los
personaliza, por qué no un hecho singular puede tener los mismos efectos en la
memoria.
Digamos
que he descartado a aquellas que se han vuelto habituales y no son de
temporada. Perduran en el tiempo y son usuales encabezando los titulares
-sostenibles informativamente hablando-. Negociaciones, pactos y algarabías
políticas. Las deserciones neofascistas que los optimistas asocian a
procesos de decadencia similares al de Albert Rivera o al del partido que
fundara Rosa Díez tras volar de escaño en escaño cabalgando una escoba las
noches de luna llena. Las calles de Barcelona y los jeroglíficos gráficos
-los gomets de la Colau- como el más bello de los diseños que se hacen y se
deshacen. La guerra de Putin en un gesto para la posterioridad enviando
una misión a la luna para ser el primero en extraer agua -que no petróleo-. Las
trifulcas más allá del concepto tribal en África. Las tragedias en la
costa italiana con demasiados migrantes muertos. El regreso de la liga y
los cambios en el reglamento arbitral. Hay noticias de entretiempo que por
sí solas no reúnen el requisito de exclusividad puntual y veraniega como las
canciones de Georgie Dann. La candidatura de Trump, por ejemplo. He
descartado, por este motivo, las referidas a la situación climática por lo
contundentes y persistentes que pueden llegar a ser o el rosario de asesinatos
de dirigentes o de candidatos que se atreven a plantar cara a las mafias de la
droga.
Ha
llegado el momento de desvelar la que considero la noticia del verano de 2023.
Por próxima. Porque tiene un punto salado como de costa,
acuática. Presuntamente sentimental, aunque no me atrevo a calificarla por
completo de romántica. Digamos que es humana. Avezados al
desbarajuste de retrasos y averías habituales de Cercanías, no habría sido tan
extraño la demora de media hora de un tren que debía salir de la estación de
Tortosa a las nueve de la noche. Esta vez no causaron el problema las
catenarias sino que el maquinista exigió que cambiaran la cabina. ¡Llámale
tiquismiquis! Según denunció, habría pillado a un interventor del tren
manteniendo relaciones sexuales, practicando sexo justo donde están situados los
mandos que él tenía que manipular para conducir el convoy. Se negó a
utilizar esa cabina. Ciertamente, se trataba de una medida profiláctica.
No
conozco los detalles. No me decantaré, pues, por ninguna de las
posibilidades que podrían ser diversas. De la resolución de un asunto que
libera las tensiones después de una tarde en la ribera del Ebro o en las playas
del Delta tomando combinados entre besos y abrazos, a la posibilidad del abono
en especie de una pasajera sin billete, ésta la hago inverosímil y demasiado
grosera. La investigación determinará o no la presencia de arena y medusas
en el cuadro de mandos tan fundamentales por su poder de maniobra en el espacio
tan claustrofóbico que rechazó el maquinista quisquilloso.
Muy bueno Pep,como siempre.
ResponderEliminarSi no es abusar,podria anadir más posibildades.
Que el maquinista conociera no sólo al intreventor sino también a su pareja de juegos, y supiera de algún secretillo venéreo,lo que además de por profilaxis , le obligaría a solicitar una cabina algo mayor por eso del volumen de las astas. Es un suponer.
Un beso Pep.