domingo, 11 de junio de 2023

Gris lechuga

 

Los incendios forestales de Canadá tiñen al cielo de Nueva York como una postal de época en uno de los peores episodios de contaminación ambiental que se recuerdan. Hay 400 fuegos activos, la mitad sin control, que ya han quemado cuatro millones de hectáreas. Por ahora se habrían evacuado unas 120.000 personas. Nueva York y varias ciudades estadounidenses de la costa este habrían registrado los peores índices de calidad del aire del mundo. El skyline más fotogénico, el personaje invitado -y protagonista- de muchas ficciones presenta el aspecto de un telón de fondo chapucero de color ceniza que irradia temor, el miedo a aquellos fenómenos naturales que el hombre no controla y gestiona como puede a pesar de haberlos podido promover. De un alcance y magnitud que ponen los pelos de punta. Un momento estelar para profetas del día después que aleccionan -“ya se lo advertimos”- dirigido a los presuntos culpables directos o indirectos que a estas alturas somos la mayoría de los países desarrollados.

La destrucción de la presa de Nueva Kakhovka ha provocado que el nivel del agua en esta localidad y en los municipios de alrededor hayan quedado anegados. El agua ha subido bastantes metros y ha inundado las edificaciones. Rusia asegura que lo ha producido un ataque con misiles ucranianos, mientras que Ucrania les contradice, lo atribuye a una explosión provocada desde el interior de la central hidroeléctrica. La riada causada por la destrucción de la presa ha desenterrado y arrastrado río abajo minas que supondrán un grave peligro en las próximas décadas. Minas antipersona, minas antitanques, munición de artillería... Bombas y explosivos que no se pueden cuantificar, las cifras pueden ser enormes, en una zona agrícola donde el impacto y el riesgo que conllevan estos artefactos sobre la producción es alarmante.

Noticias relacionadas con la cosa ecológica machacando el entorno donde habitamos debido a la actividad humana -perversa- alterándolo con consecuencias escalofriantes. Las relacionadas con la guerra son barbaridades que no tienen justificación con los culpables contemplándoselo como victorias estratégicas de mal legitimar. La guerra, las guerras y las semillas de la destrucción, de tierra quemada, sólo hacen florecer la devastación y la muerte.

¿Estamos a tiempo de enderezarlo? Los relojes y los plazos, según la Organización Meteorológica Mundial que analiza los indicadores climáticos fundamentales son pesimistas. La temperatura media de los últimos años ha sido la más alta jamás registrada y el nivel del mar y el calor oceánico no tienen precedentes. El 2022 ha sido el más caluroso de la historia en Europa. Que la extensión del hielo en la Antártida está retrocediendo a mínimos históricos. Que inundaciones, sequías y olas de calor se multiplican por todas partes. Estas anormalidades son provocadas por los elevados niveles de gases de efecto invernadero afectando los ecosistemas terrestres, acuáticos y aéreos. Producen alteraciones en los tiempos de floración de los árboles o en la migración de las aves. Por otra parte, tienen graves consecuencias económicas y sociales. La OMM estima que 95 millones de personas han sido desplazadas a lo largo de 2022 a causa de estos fenómenos. El informe no cuantifica los efectos bélicos. 

Según las escalofriantes conclusiones no tendremos que esperar cien años, dentro de pocas décadas, todos calvos. No quisiera inquietar a nadie ni caer en alarmismos, aunque fundados, por ver y sufrir estas alteraciones. La Tierra ha superado la pérdida de los dinosaurios, las cavernas, la oscuridad medieval y el humazo de las lámparas de aceite espeso. Saldremos -o saldrán adelante- con revolucionarias tecnologías y nuevas actitudes para que los gorriones vuelvan a prosperar colonizando las plazas duras y el fatalismo ambiental. Ha habido resquicios luminosos como el que TV3 ensayó a mediados de los años noventa del siglo pasado con el superhéroe Capitán Lechuga , el precedente mediático de los poderosos pequeños cambios.

Ahora, un nuevo alegato ilumina con esperanza incierta otro cambio de actitud desinflando la supremacía destructiva y las ruedas de los coches contaminantes. The Tyre Extinguishers, los extintores de ruedas, toman el relevo al Capitán Lechuga, que con mayor determinación han pasado a la acción. Deshinchan las ruedas de los vehículos, especialmente de los 4x4 y similares. Dejan la firma, un impreso en el cristal justificando la acción ecológica, que no es nada personal sino contra los ostentosos y contaminantes tanques de ir a recoger criaturas al parvulario. Sarriá ha sido el primer campo de batalla en el que se ha desplegado este grupo ecologista. En su página web explican cómo distinguir un vehículo todoterreno o cómo desinflar sus neumáticos. Ponen a disposición de cualquier persona la información para depositar en los parabrisas, en varios idiomas, también en castellano. No sustraen nada, no dañan los neumáticos, solo liberan el aire -que es un bien, por ahora, sin propietario- para inflar las velas de los transportes públicos y ventilar las catenarias de los Cercanías. ¡Loable! Del verde lechuga al extintor de ruedas. ¿Próxima parada? ¡El exterminador de vehículos!

La última referencia ecológica afecta al ecosistema culé. Messi no vuelve. Se las pira a tierras tropicales. Algunos lo perciben como una catástrofe, sino ecológica, futbolística.

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