domingo, 31 de octubre de 2021

Sin noticias.

Después del paréntesis de este mes de octubre por burocracias vitales que os ahorro y de adjudicarme unas vacaciones de señor, fuera de los meses turísticos de temporada alta, retomo lo que solía entre la pereza y el no saber qué decir. Disculpad la desconexión. Podría alegar que la actualidad ha flaqueado, que no hay nada importante y que el mundo cercano y no tan cercano es una balsa de aceite. Todo funciona sin sustos y nada chirría. Vivimos instalados en una paz beatífica cercana a la felicidad que nos deja sin argumentos. Tan perfecta que los medios deben recurrir a las crónicas acarameladas para llenar las portadas de tópicos manidos. El más agrio y bélico pasa por la disputa por el predominio entre las castañas asadas y el hollywoodiense halloween. ¿Quién vencerá? La castañada lo tiene peludo básicamente por la bonanza otoñal de estos días amorosos propiciados por el cambio climático y poco fríos todavía; sólo a favor la intención del ministro de consumo anunciando que prepara una ley para prohibir la publicidad dirigida a los menores de alimentos y bebidas no saludables. ¿Caramelos también?

Fijaos que a falta de viento que sople para impulsar las noticias de actualidad, la cosa no da para navegar. Los medios deben ingeniárselas todas para echar a la olla algo para desatascar la apatía y la bienaventuranza que nos acuna en este nuevo universo pospandémico óptimo. Tanto que yo casi me atrevería a clausurar la gaceta del confinamiento. La pandemia ya no hincha las velas con grandes titulares. Calderilla informativa preñada de pequeñas anécdotas que no intimidan. Hemos integrado el virus en la categoría de las mascotas de compañía, convivimos sin aspavientos y, cuando es necesario, los sacamos a pasear por el parque con cariño y civismo recogiendo sus deposiciones, las mascarillas.

Instalados en este yermo panorama sin sobresaltos hemos tenido que recurrir al universo deportivo para levantar la avidez y la curiosidad de la parroquia echando a la olla un hueso que reavive y estimule la controversia, Koeman sí, Koeman no. No me posicionaré al respecto porque en el césped de Can Barça pasta, ahora, una legión sabia de expertos con criterio y estrategia más de pasado que de futuro. Mantener la excelencia y los títulos curso tras curso sebe ser una tarea tan pesada como practicar la operación bikini durante todo el año sin excepciones.

Otro punto caliente de gran tirada, que redime el momento plácido, es la erupción de un volcán en la Palma. Un espectáculo, si no fuera tan demoledor, que ha quemado los índices de audiencia y ha elevado el turismo a los niveles del magma incandescente mientras algunos intrépidos presentadores estrella de los diversos programas comprometen en ello los rizos y las pestañas sorteando la riada de material al rojo vivo que chamusca la isla. Los olotenses de la Garrotxa contemplan el panorama con cierta envidia sólo mediática mientras llevan cirios a la capilla de Sant Francesc -situada en la garganta del volcán Montsacopa- y atan los días con longanizas.

En épocas de sequía, cuando el día a día es de una monotonía gris y previsible, un recurso efectivo es pronosticar lo que no ha ocurrido. Hacer cábalas jugando a las suposiciones con un punto de intriga que enganche a la audiencia porque puede suceder. Un método propio de las tramas de terror que nos angustian sólo de pensar en ello. Escenarios apocalípticos con protagonistas que nos inquietan y sorben la placidez. Hablo de los vampiros que perturban la cotidianidad así que salen de los ataúdes decididos a estropearnos la existencia eternamente. ¡Hagamos la señal de la cruz!

"Quién lo iba a decir" hizo fortuna durante el confinamiento. Quién podía prever el parón en seco, la sacudida en todos los ámbitos que provocó la plaga vírica que todavía estamos amansando. Este hecho, sin lugar a dudas, nos ha ablandado la credulidad. Todo es posible, pues, y más aún. Apelando a esta incertidumbre se ha hecho público un estudio sobre las posibles amenazas futuras a la estabilidad y la seguridad de Austria -y de la Unión Europea- con un detallado análisis respecto a la posibilidad de que la red eléctrica no resista originando un apagón generalizado e indefinido previsto durante los cinco años próximos. ¡Volvamos a hacer la señal de la cruz! No voy a negar la posibilidad. Yo diría que el consumo de este recurso se ha enchufado para marcar tendencia a precio de oro. Macromaniobras de los mercados ligadas a la producción y transformación energéticas, la clave de una nueva forma de iluminar la oscuridad sin petróleo o carbón. Sin embargo, por ahora, con estos precios el sarcasmo consumista sostenible se debate entre comprar un coche eléctrico o ir a por leña al monte para tostar las castañas.

¡Feliz castañada!

 

 

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