lunes, 9 de agosto de 2021

Messi o el crepúsculo de los dioses.

Hay noticias que eclipsan la actualidad y hacen correr ríos de tinta en las redes que pescan con palangre mediático, como si el gran pez de El viejo y el mar volviera a ganar el Pulitzer de ficción modalidad deportes porque Messi marcha del Barça. ¡Qué conmoción! Ríos de tinta con lágrimas de desconsuelo empapadas de agobio, aflicción, consternación, debilidad, decaimiento, hundimiento, impotencia, languidez, marasmo, postración, tristeza, turbación -elegid el que más os defina- o la extenuación que nos llevan irremediablemente a la depresión en pelotas. ¡Qué noticia! Esta sí que nos ha espabilado del letargo estival y ha arrinconado las intrascendentes serpientes de verano que meneaban la cola por el periodismo canicular. Qué medio no ha publicado la ruptura idílica de Messi -Leo para los amigos- y el Barça de Laporta.

Mi competencia en materia deportiva es de las de andar por casa, lejos del criterio de los sabios, pero no puedo evitar decir la mía en un asunto de tanta trascendencia que ha conseguido arrinconar el protagonismo de las medallas olímpicas de verano 2020 que aún se disputan -rompiendo la simetría cronológica- en Tokio 2021. Insignes comentaristas han recogido la toalla y han vuelto al trabajo con carácter de urgencia a medio broncear para iluminarnos al respecto. ¿Qué puede haber más importante informativamente hablando? ¡Nada! Ni la abdicación de un monarca o la negativa a competir de Simone Bile por una lesión emocional han sido tan asombrosas como el divorcio de este jugador con el club que lo ha visto nacer y lo ha hecho crecer literalmente. ¡Esto no tiene remedio! Por describirlo gráficamente, ha caído un meteorito en el punto exacto del Camp Nou desde el cual solía lanzar las faltas directas.

Como la culpa es negra -y mejor si reside en casa ajena- habrá versiones de todos los colores, tantas como camisetas en el campeonato. La adaptación oficial primera es el margen salarial del jugador que el club no puede asumir debido a una calamitosa gestión de la junta anterior. La prensa informa que este chico gana 71 millones netos de impuestos al año únicamente de ficha. Obstáculos económicos, pues, y otros estructurales impuestos por la liga española en manos, según un mediático economista, "de un macarra de bar". Al tiempo que se proclama un acérrimo defensor de la Euroliga para dar esquinazo a este "monumental plasta". El pesado aludido yo diría que también hace referencia al presidente de la liga nacional.

Maniobras orquestales en la oscuridad que se nos escapan, un cóctel de coincidencias astrales concretadas en la cara oculta de la luna o de un astro del mundo del fútbol como es Messi aunque ya haya entrado en la fase menguante de su carrera deportiva. A sus indudables cualidades como jugador hay que añadir la pérdida de todo aquello que le rodea ya que el batacazo económico para el club sin Messi será formidable. Marchan no sólo unas piernas llenas de moretones y de tatuajes sino el universo que justificaba y permitía amortizar una ficha tan escandalosamente astronómica y obscena.

Un divorcio que impedirá llegar a las bodas de plata y que deja a los invitados con un palmo de narices, pasmados, debiendo decantarse por el novio o por la novia según las afinidades, el parentesco, la relación o la simpatía. Es una elección arriesgada e incómoda cuando lo mejor para todos -descendientes incluidos- sería la unión y el buen entendimiento con un final feliz. Los candorosos aún no entendemos, después de tanto besuqueo al escudo, cómo es que el jugador no se haya avenido a una rebaja razonable de la ficha o a condonarla parcialmente. Qué argumento y qué generosidad tan sublimes que nos habrían permitido adosar una capilla lateral al monasterio de Montserrat bajo la advocación divina de Messi para poder encender velas milagreras y colgar exvotos en agradecimiento por el alivio de la osteoporosis, las fracturas diversas y los esguinces de mal curar.

También ha sido un mazazo para la grada del materialismo más prosaico. Los que se decantaban por el pragmatismo realista de venderlo antes de llegar a este punto sacan la pancarta del ya te lo decía y arrojan los manuales y las profecías a la hoguera. Contra los tópicos étnicos con barretina asociados a la tacañería catalana cabe preguntarse si la mayoría de socios y simpatizantes habrían digerido la venta de la estrella más fulgurante de haberse hecho efectiva. En este momento, sin embargo, ya empiezan a salir algunos conversos de debajo de las piedras dado que Messi hace las maletas y se larga sin tener que pagar la lavandería por el lavado de los calcetines y con cierto recelo temen que no vaya a llevarse también el albornoz, los jabones y una percha del vestuario.

¿Tendremos que adscribir la despedida de Messi en un capítulo más de la gaceta del confinamiento? Cómo habrían ido las cosas si el mundo del fútbol, ​​y los espectáculos en general, no hubieran sufrido esta ausencia de público en los estadios y las restricciones en las plateas. ¿Volverá a ser, el fútbol, un espectáculo con las gradas a rebosar? ¿En condiciones normales la recaudación habría permitido enderezar la economía del club? Más que preguntas son justificaciones al desastre económico en el que navega el Barcelona, mecido por ​​un oleaje contable espeso que le ha llevado a tener el agua al cuello.

La alineación estratégica para el curso próximo está llena de enigmas de todo tipo que traspasan el ámbito estrictamente deportivo aunque este sea el foco que más irradia la razón de ser de una actividad fundamentada en la victoria y los trofeos. ¿Apagado el cañón que iluminaba a la vedette, lucirán más las candilejas en la escena? Demasiados misterios por resolver. Algunos de metafísicos relativos al "marcho" o al "me han tenido que echar". Otros son de futuro como si el juanete de Messi continuará deviniendo el centro de interés en la sección de deportes de los telediarios. Todos los enigmas, pero, como en los mandamientos de la ley divina, se resumen en uno único, esencial: si el Barça es más que un club y Messi era más que un jugador, ¿volverá a ser rico y a estar lleno-ric i ple- el Camp Nou?

 

 

 

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