Rondalla dedicada a los magos.
Dicen que una vez, hace mucho tiempo, coincidieron un mago y un poeta en una posada de arrieros de aquellas que ya no quedan. La catadura les delataba, llegaron cansados de la jornada, abatidos, hambrientos y sin el fulgor del escenario. Uno, sin la pluma y en ayunas de inspiración, el otro, huérfano de musas que lo rondaran.
La dueña, una mujer más abundante que los platos que servía, se los contempló del modo como acostumbran aquellos que disciernen a las personas por las cubiertas, como suelen hacer los analfabetos en cuestión de libros, pero algo debía de entender en leer maneras porque aquellos traviesos vagabundos eran suficientemente capaces de irse sin pagar. Es así como el pesar y la experiencia la hicieron desconfiar y, gata vieja en el oficio como era, les exigió que para probar de aquel buen vino que ella despachaba, antes deberían amortizar.
Que no le importaba atiborrarlos, bien empachados hasta no poder más si -ahí estaba la condición- previamente destapaban la botella de sus artes con emoción y a los parroquianos, como a ella misma, les hacían disfrutar con su función.
El mago, agradecido, del morral sacó la magia y la seducción. Conejos cortos de vista, sirenas tetudas de buen ver, liebres fisgonas, pájaros con alas de mariposa, un tigre que silbaba y un loro cantor. Toda la fonda quedó desbordada por los aleteos fantásticos con semejante fauna llamativa. Que de no haber sido por sus artes y su agudeza se podría decir que se trataba de milagros, como si se hubiera terminado el diluvio y la paloma obediente regresara a casa con una rama de olivo en medio del ensimismamiento de los parroquianos.
Nunca se habían visto maravillas como aquellas en la comarca. ¡Cosa de magia! Coincidían los arrieros, un par de viajantes, un fraile mendicante con un monaguillo embobado, tres mujeres demasiado afeitadas, otra mesa de campesinos, una de menestrales y en el rincón, junto a la lumbre, los abuelos, la chiquillería y el dueño de la venta que volvía de la guerra. ¡Cosas que ver! Todavía hoy se recuerda, del mago, del jolgorio de los animales fantásticos y de las apariciones tan extraordinarias que allí se pudieron percibir.
Que con el rato que les hizo pasar ya hubiera bastado para que la matrona hubiera asistido a los dos con creces y se olvidara de las miserias del poeta, pero ese día era fiesta mayor en la pensión y decidió, sin tipo ninguno de remordimiento, trato era trato, que para sacar de pena el vientre, también el poeta debería ejercer su predicamento.
Cuando ya no había criaturas luminosas, deslucido el comedor, apagado el alboroto. ¿Qué fuego y qué calor podría prender el buen poeta con leña de metáfora y corteza de palabra? Lo tenía de lo más magro. Si hubiera sido él quien hubiera iniciado el desafío. ¿Cómo podía vencer un artificio como aquel? ¿Dónde estaban los colores, las músicas, las quimeras que aquel mago convocó, como una tormenta sensual, salidos de aquel zurrón nada usual?
Abatido, porque él no tenía poderes de aquellos, les refirió que hay otra magia que tampoco tiene explicación. Como pidiendo perdón les dijo con mesura y sin pretender contrariarlos, que en la vida, para un poeta, la flor que se marchita, la sonrisa de un niño, la mirada amorosa de una mujer o el tacto sutil de una caricia y lo más limpio que se pueda imaginar son como aparejos de mago que salen del corazón y el buen trovador con la palabra irradia.
Curiosos y fisgones cedieron la atención aplacando el caudal de chascarrillos. Que con prédicas y sermones no se llenan los zurrones -¡y a la dueña le dolían los macarrones!- Y el poeta melancólico, y derrotado, pensó que si quería comer, ingenioso se debía de volver.
¡Y muy cierta esta historia veraz, que quien no la crea su cabeza se le vuelva de cera, que el poeta palabrero, cansado de charlar, sin nadie que lo quisiera escuchar, en mago se quiso mudar!
Intento en vano la traduccion simultanea al catalan, aunque con tantas y bien buscadas palabras se me hace dificil, y al final, ni con la ayuda del mago el resultado no entenderán.
ResponderEliminarCon el tema de los acentos, hoy es un dia.critico para escribir