Los criadores de equinos de marca
con carrocería resplandeciente y pezuña embetunada saben que los "pura
sangre", aquellos que mitológicamente fueran engendrados por el dios del
viento Céfiro, es una raza desarrollada durante el XVIII en Inglaterra, cuando
unas yeguas se cruzaron con sementales árabes importados de Oriente Medio para vivificar
a los animales de pie redondo ingleses. Con los años la promiscuidad racial
equina ha sido necesaria para mantener aquello que los define, la inteligencia,
la velocidad, la resistencia y el carácter que poseen. Explican que este animal
es capaz de elegir la mejor opción del camino, que posee la capacidad craneal
más grande entre los congéneres. Y que, acostumbrado a la dura aridez del
desierto, ha desarrollado una mirada astuta, cautivadora. Muy preciado en el
arte de la guerra -cuando ésta era muy artesana- porque, dicen, este caballo no
se detenía para satisfacer las necesidades biológicas. ¡Un gran asunto en
momentos tan comprometidos en el campo de Marte!
Aparco -o no- las animaladas. Me
centro en el siglo XXI, en la Europa sacudida por la manía de Boris Johnson y
su gobierno que pilotan el Brexit que se hará efectivo. Inglaterra se cerrará a
cal y canto a los migrantes que no hablen la lengua y no sean trabajadores
cualificados. Me acaban de excluir, pues, del mercado británico de las
oportunidades aunque aterrice con el preceptivo bombín y un buen paraguas.
Sospecho que sólo me dejarán pasar si hago cola para jugar al golf en Saint
Andrews o acreditando un contrato con un salario mínimo de 30.800 €. Según la
ministra admitirán al selecto club de trabajadores aquellos que "tengan el
tipo de competencias adecuadas". ¡Niños y niñas, ojo, mucho ojo con las
competencias básicas que prescribe la legislación educativa vigente!
Los empresarios, sin embargo, han
encontrado pelos –o moscas- en la distinguida iniciativa vislumbrando
desastrosas consecuencias debido a la previsible falta de mano de obra de la
que no suele lucir chistera de copa redonda ni acostumbra a tomar el té a las
cinco en punto. La ministra del ramo les ha respondido también con exquisitez refiriéndose
a los millones de personas "económicamente inactivas" -¿los parados o
los que no llegan a fin de mes?- para cubrir los agujeros en el mercado
laboral. Habrá que ver cómo se adelgaza con esta dieta la bolsa del paro que
pretende el gobierno del Boris. ¡Que tengan suerte! Tendremos que estar atentos
por si no tienen que hacer una excepción para reclutar a los recolectores del
lúpulo con que elaboran la preciada cerveza porque agachar el espinazo y doblar
la cerviz es algo muy duro y primitivo.
La medida es tan sociológicamente
pulcra y profiláctica que convertirse en ciudadano de pleno derecho en el reino
de su graciosa majestad se convertirá en una especie de concurso oposición que
tendrá dos partes. Una de conocimiento de la lengua inglesa y otra fundamentada
en el baremo implacable de los méritos a cargo del reputado tribunal al que hay
adscritos los colegas del agente 007 con licencia sólo para trabajar. Ya me
imagino al The Sun haciéndose eco de
una iniciativa dirigida a la cadena ultra conservadora Fox News para que prepare un reality
de alcance mundial que debería cubrir en directo el proceso selectivo de
los candidatos. De hecho, las islas británicas son un plató perfecto para dejar
pastar a los protagonistas en guerrilla mientras se las tienen, se dejan mecer
por la infidelidad y otros vicios compitiendo por un puesto de camarero o en
una caja de un supermercado. Todo un espectáculo emitido en directo desde que
aún no acaban de llegar en patera cruzando la mediterránea a la isla de Wight
donde se establecería el campo base y la primera elección. Ya debe de haber
quien propone que en la selección, el día de la gala final, también se valoren
la apariencia, la simpatía y la habilidad para hacer graznar una gaita.
Se establecerá un sistema de
puntos en la ley que lo regule. Serán necesarios un total de 70, de puntos,
para optar a un trabajo si no eres creador, músico, artista en general y
futbolista en particular que -estos, los mencionados- podrán, sin embargo,
continuar entrando en el país como hasta ahora y sin dominio del inglés. El
resto irán sumando según si el trabajo tiene un patrocinador reconocido, si se
trata de un trabajo especializado, por el elevado salario a percibir, o por si
se dispone del doctorado en una materia relevante para el puesto. Un país con
ínfulas imperiales que no reconoce, sin embargo, a los súbditos coloniales en
el baremo. ¿Falta de espacio vital?
Veremos cómo redactan la letra
pequeña, cómo lo aplican y si prevén en la prospectiva del desarrollo legal,
por poner un caso, el trato a los ancestrales caballos que avivaron la tediosa
y recluida cabaña equina inglesa. ¿Devolverán los elementos de la Acrópolis,
como reclama la ministra de cultura griega? Ante un ejercicio de endogamia
insular como el que quieren ensayar parecería un acto poético y coherente de
justicia arqueológica.
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