martes, 24 de diciembre de 2019

¡Felices Fiestas!


El soniquete de los niños cantando los premios de la lotería nacional anuncia como los días y los rituales tienen un vínculo cíclico. Estamos en el periodo navideño dispuestos a comenzar otro año natural. Es el momento de desear lo mejor, ¡felices fiestas y un buen año! Por la vía que sea dedicamos unos instantes a comunicarlo a aquellos que nos rodean y nos importan, en el trabajo, a la familia, a los amigos. A quién queremos y nos quieren. Un arrebato de buenos deseos que esparcimos sentidamente con la idea de que deben cumplirse ya que por navidad, ¡toca!

La cantilena con estribillo aritmético de los niños -¡y niñas!- proclamando el azar se ha convertido en algo tan imprescindible como las bolas de colores y las guirnaldas para el árbol de navidad. Una tradición, rancia y pérfida para los descreídos y para los entendidos en estadística, que nos tienta. -¿Y si toca aquí? -incita a la clientela un cartel torpe en el establecimiento donde solemos tomar un café asiduamente. La probabilidad es infinitesimal y la suerte esquiva. Pero, ¿y si toca? Y si lo compartes por compromiso, por no ser el raro. Aflojas y te sumas a la inversión de esperanza, todo un acto de fe, firmando un convenio con la fortuna, puro azar, y sino salud. También os deseo mucha salud, empedernidos jugadores de loterías navideñas, a aquellos que no os ha tocado todavía. 

De la tentación en todas las vertientes desde donde nos hace un guiño podríamos escribir un manual bien gordo. Tentaciones veganas -y carnales-, de poder, de riqueza... Cada uno las resuelve a su manera y podríamos concluir que la mayoría acaba en la papelera de las frustraciones sin reciclar. ¿Y si toca, pero? Volvemos a insistir con el riesgo de convertirnos en esperanzados ludópatas activos en busca de la suerte pura, la manera más fácil de lograr algo. Una cosecha de esfuerzos que no son necesarios, como caídos del cielo.

En esta edición el tercer premio de la lotería ha caído también del cielo, pero en el pueblo vecino de Ripoll. Una cantidad considerable de dinero ha salpicado la comarca ni que sea por llevar la contraria a los videntes de la estadística y a los sin fe. ¡Que ha tocado! Para los desprevenidos que no han hecho caso al cartel torpe o no han sido afortunados, a quien la suerte y la fortuna les han pasado a rozar, causa aún más rabia ya que la tramontana de la rifa te ha despeinado el flequillo pero no se ha detenido. ¡Salud! Esto. ¡Salud! 

Durante el día de hoy, varios conocidos ya han dado por hecho que yo debería ser uno de los agraciados. Como si la lotería tuviera las virtudes de los impuestos municipales y alcanzara a todos los aldeanos sin excepciones. Es de agradecer que te hagan en al bando de los ganadores. La verdad es que aún no sé si soy uno de los afortunados -bien cierto- dado que la custodia y la confianza permanecen depositadas en una persona que está de viaje. Espero que no se haya largado con la fortuna ajena -bien pequeña y compartida, por otro lado-. Pero me temo que el vendaval del premio no me despeinará el flequillo. Ya os lo confirmaré, de ser así. 

Como de ilusiones también se vive, no os voy a negar que ya he efectuado todas las composiciones y supuestos diversos para invertirlo. Ya me veo en la otra esquina, la de la macroeconomía, adquiriendo propiedades inmobiliarias y coches caros de los que se hacen mirar y no contaminan. También estoy rehaciendo el discurso con gestualidad de corte de mangas refinado que dedicaré al jefe a la vuelta de las fiestas. ¡Qué placer! 

Digamos que mi inversión en esperanza se ha prolongado más de la cuenta. Todavía no me ha pillado de lleno el más que posible batacazo. Vivo en una dulce incertidumbre como aquellos que se niegan a mirar el número del décimo por temor al mal fario o a confirmar la mala suerte estadística anunciada por las recalcitrantes cábalas matemáticas. Seguro que no saber si estás en el nido de los premiados es un ejercicio bien navideño incluso cuando el nido se halle en una rama vecina. Mucho me temo que, de viaje por tierras más cálidas -de ser el caso- ya lo sabría. Mientras, sigo fantaseando. ¡Salud!

Sed felices, os haya o no tocado cualquiera de las loterías. ¡Felices fiestas!

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