Comienza
la fiesta de la democracia. Escribo esto justo cuando los colegios electorales
inician la larga jornada. En este capítulo incierto de las repeticiones
electorales, casi siete meses después, nos convocan una vez a las urnas. Una
penitencia que nos imponen los que no fueron capaces de ponerse de acuerdo
alegando que no votamos bastante bien. ¿Qué hay de nuevo en el panorama del
contexto electoral? El desahucio inmobiliario de Franco por la hipoteca mal
resuelta de la memoria histórica, la dura sentencia del proceso y la
testosterona de Vox consolidada en el espacio político español. Al cóctel hay
que añadir el cansancio, el desencanto, la pereza y la reprimenda concretada en
esta repetición de la jugada. ¡Vota bien!
La
incertidumbre de los resultados puede estrellar las previsiones de Sánchez en
una España polarizada cuando él nos ha convocado para desbloquearlo. ¿Tendrá ocasión,
los electores ejercerán su derecho confiriéndole una nueva oportunidad, a Pedro
Sánchez, o la derecha reeditará una victoria agria sin mayorías holgadas, pero?
Ahora mismo algunos suplentes en las mesas electorales ponen en tela de juicio
los achaques que alegan algunos presidentes titulares y se dan el piro habiendo
cumplido con el deber de estar presentes antes que el titular ensaye una
dramática pérdida del conocimiento con caída escénica incluida.
Interventores
y apoderados, viejos conocidos reencontrados, también celebran la fiesta mayor
de la democracia. Contrincantes gremiales se saludan y emiten sus pronósticos.
Insisten, como suelen en cada edición, que será una jornada ardua. Los más
veteranos de los viejos partidos rememoran con un punto de pesar cuando Pujol garantizaba
el pacto nacional para la estabilidad consiguiendo prodigios nunca más vistos,
que Aznar susurrara catalán en la intimidad, por ejemplo. Despotrican y critican
en voz baja. ¡Cómo han cambiado las cosas! ¡Y los políticos! Con el ritual de
colgarse el escapulario que los cataloga acaba el compadreo. ¡Votad,
malditos!
... ...
...
Retomo
esta entrada cuando el pescado ya está vendido. Acabados los excesos y el baile
de las urnas, una de las consecuencias que ha causado más impacto ha sido la
dimisión del líder de Ciudadanos,
Albert -Alberto- Rivera. El colosal batacazo -uno de los efectos de la resaca
de este desenfreno político- era algo anunciado por la mayoría de las
prospecciones. Nos ha impactado, pero, lo tremenda que ha sido la caída de la
opción naranja. Declara el líder político desintegrado que marcha para ser
"feliz". ¡Que lo seas mucho, criatura!
"Viva
España" y "Puigdemont a prisión" aullaba la noche madrileña del
recuento. Tercera fuerza en el Congreso y primera en Murcia y Ceuta. La
consolidación de la extrema derecha en España es un hecho. Vox más que duplicar
los resultados de las pasadas generales, pasará de 24 diputados en el Congreso
a 52. Enternecedora la referencia del representante catalán del partido
celebrando los resultados en Barcelona -por los dos únicos diputados que
obtienen- con un "¡Ciutadans de
Catalunya, ja som aquí!" Una respuesta a las intenciones de la parroquia
que insiste bramando desde la meseta “¡A
por ellos! "
ERC,
JxCat y la CUP trepan a los 23 escaños con el 42,6% de los votos y supera los
22 y el 39% que tenían hasta ayer, que ya era su mejor resultado histórico en
el Congreso -a pesar del descenso en la participación-. La CUP cruza el Ebro.
El nacionalismo catalán no se arruga. Cuántos dinosaurios políticos jubilados
-diputados y senadores eméritos- de la Carrera de San Jerónimo no pusieron una
vela en recuerdo de Pujol, aquel malogrado político que mientras se curraba un
sobresueldo, aseguraba la estabilidad y la alternancia ordenada en la capital
del reino. ¡Ay, el oasis catalán perdido!
Rivera
y los suyos pasarán a la historia por "cobardes" -dice la Vox populi-. Los "nostálgicos"
o "el centro derecha" -como los denomina algún medio- suben como la
espuma porque son auténticos y no derrochan corrección superflua ni eufemismos
políticos. Ellos sí que son unos hombrachos sin miedo. Veremos qué ciclo vital
tienen en la política española. Crea cierto pasmo recontar el número de
simpatizantes que se identifican con sus postulados y que les han votado. ¿Quiénes
son y cómo son? La respuesta es cosa de sociólogos que, por contraste, podrán
identificar quiénes son los "ellos
" que pretenden hostigar.
El
muchacho del PP se consolida un poco más, se rehace en cierta medida del
batacazo de las elecciones anteriores aunque los "nostálgicos" le
arrebaten un buen trozo de tarta. ¡Ay, la casa grande de los populares cuando
cobijaba el abanico de la derecha global española! Los auténticos –la extrema
derecha- arrastran a los relegados y a aquellos que compran un programa sin
metáforas fácil de entender con soluciones inmediatas. Casado no ha tenido que
dedicarse a la búsqueda de la felicidad perdida, como el colega Rivera, porque
la estructura de partido de estado con solvencia y los resultados -a pesar de
los casos de corrupción-, le han liberado de la oportunidad de cursar otro
máster cultivando la complacencia universitaria.
Para la
historia contemporánea persistirá el palmito de Pedro Sánchez reprimiendo el furor
pactista de los que ayer lo aclamaban sin ser multitud en la sede socialista.
Victoria pírrica -amarga- que contrasta con aquella derrota "tan
dulce" de la época González que propició el relevo Aznar / Pujol. ¡Cómo vuelan
los ciclos electorales!
Mala
pieza en el telar después de la repetición de las elecciones para Sánchez a
quien el tiro le ha salido por la culata sin rematarlo. ¡No hemos vuelto a
votar bien, compañeros! Deberá tenérselas tiesas con un Congreso atomizado o
deberá propiciar unas nuevas elecciones. ¿En quién se apoyará? Y en el supuesto
de que lo consiga, de ser proclamado presidente, tendrá que convivir con un grueso
importante de diputados muy incómodo. Los originales sí que han aprendido de la
copia cobarde que era Ciudadanos, de
las rencillas, las maneras broncas y de la gestualidad que ensayaron en el
Parlamento de Cataluña y que, ahora, llegará también a Madrid con más
contundencia y fuerza.
Hemos
participado de una fiesta de la democracia no demasiado lucida que ha provocado
muertes políticas súbitas y un renacimiento "nostálgico" -como dicen
aquéllos-. Una España democrática tocada por cierto luto al grito de "Santiago, y cierra España", algo
que el tsunami independentista ya ha empezado a practicar en el Pertús.
En el
panorama musical Rosalía presenta el nuevo éxito, "Fuck Vox" al compás del consolidado tra, tra!
No hay comentarios:
Publicar un comentario