miércoles, 13 de noviembre de 2019

La fiesta de la democracia.


Comienza la fiesta de la democracia. Escribo esto justo cuando los colegios electorales inician la larga jornada. En este capítulo incierto de las repeticiones electorales, casi siete meses después, nos convocan una vez a las urnas. Una penitencia que nos imponen los que no fueron capaces de ponerse de acuerdo alegando que no votamos bastante bien. ¿Qué hay de nuevo en el panorama del contexto electoral? El desahucio inmobiliario de Franco por la hipoteca mal resuelta de la memoria histórica, la dura sentencia del proceso y la testosterona de Vox consolidada en el espacio político español. Al cóctel hay que añadir el cansancio, el desencanto, la pereza y la reprimenda concretada en esta repetición de la jugada. ¡Vota bien! 

La incertidumbre de los resultados puede estrellar las previsiones de Sánchez en una España polarizada cuando él nos ha convocado para desbloquearlo. ¿Tendrá ocasión, los electores ejercerán su derecho confiriéndole una nueva oportunidad, a Pedro Sánchez, o la derecha reeditará una victoria agria sin mayorías holgadas, pero? Ahora mismo algunos suplentes en las mesas electorales ponen en tela de juicio los achaques que alegan algunos presidentes titulares y se dan el piro habiendo cumplido con el deber de estar presentes antes que el titular ensaye una dramática pérdida del conocimiento con caída escénica incluida. 

Interventores y apoderados, viejos conocidos reencontrados, también celebran la fiesta mayor de la democracia. Contrincantes gremiales se saludan y emiten sus pronósticos. Insisten, como suelen en cada edición, que será una jornada ardua. Los más veteranos de los viejos partidos rememoran con un punto de pesar cuando Pujol garantizaba el pacto nacional para la estabilidad consiguiendo prodigios nunca más vistos, que Aznar susurrara catalán en la intimidad, por ejemplo. Despotrican y critican en voz baja. ¡Cómo han cambiado las cosas! ¡Y los políticos! Con el ritual de colgarse el escapulario que los cataloga acaba el compadreo. ¡Votad, malditos! 

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Retomo esta entrada cuando el pescado ya está vendido. Acabados los excesos y el baile de las urnas, una de las consecuencias que ha causado más impacto ha sido la dimisión del líder de Ciudadanos, Albert -Alberto- Rivera. El colosal batacazo -uno de los efectos de la resaca de este desenfreno político- era algo anunciado por la mayoría de las prospecciones. Nos ha impactado, pero, lo tremenda que ha sido la caída de la opción naranja. Declara el líder político desintegrado que marcha para ser "feliz". ¡Que lo seas mucho, criatura! 

"Viva España" y "Puigdemont a prisión" aullaba la noche madrileña del recuento. Tercera fuerza en el Congreso y primera en Murcia y Ceuta. La consolidación de la extrema derecha en España es un hecho. Vox más que duplicar los resultados de las pasadas generales, pasará de 24 diputados en el Congreso a 52. Enternecedora la referencia del representante catalán del partido celebrando los resultados en Barcelona -por los dos únicos diputados que obtienen- con un "¡Ciutadans de Catalunya, ja som aquí!" Una respuesta a las intenciones de la parroquia que insiste bramando desde la meseta “¡A por ellos! "

ERC, JxCat y la CUP trepan a los 23 escaños con el 42,6% de los votos y supera los 22 y el 39% que tenían hasta ayer, que ya era su mejor resultado histórico en el Congreso -a pesar del descenso en la participación-. La CUP cruza el Ebro. El nacionalismo catalán no se arruga. Cuántos dinosaurios políticos jubilados -diputados y senadores eméritos- de la Carrera de San Jerónimo no pusieron una vela en recuerdo de Pujol, aquel malogrado político que mientras se curraba un sobresueldo, aseguraba la estabilidad y la alternancia ordenada en la capital del reino. ¡Ay, el oasis catalán perdido! 

Rivera y los suyos pasarán a la historia por "cobardes" -dice la Vox populi-. Los "nostálgicos" o "el centro derecha" -como los denomina algún medio- suben como la espuma porque son auténticos y no derrochan corrección superflua ni eufemismos políticos. Ellos sí que son unos hombrachos sin miedo. Veremos qué ciclo vital tienen en la política española. Crea cierto pasmo recontar el número de simpatizantes que se identifican con sus postulados y que les han votado. ¿Quiénes son y cómo son? La respuesta es cosa de sociólogos que, por contraste, podrán identificar quiénes son los "ellos " que pretenden hostigar. 

El muchacho del PP se consolida un poco más, se rehace en cierta medida del batacazo de las elecciones anteriores aunque los "nostálgicos" le arrebaten un buen trozo de tarta. ¡Ay, la casa grande de los populares cuando cobijaba el abanico de la derecha global española! Los auténticos –la extrema derecha- arrastran a los relegados y a aquellos que compran un programa sin metáforas fácil de entender con soluciones inmediatas. Casado no ha tenido que dedicarse a la búsqueda de la felicidad perdida, como el colega Rivera, porque la estructura de partido de estado con solvencia y los resultados -a pesar de los casos de corrupción-, le han liberado de la oportunidad de cursar otro máster cultivando la complacencia universitaria.

Para la historia contemporánea persistirá el palmito de Pedro Sánchez reprimiendo el furor pactista de los que ayer lo aclamaban sin ser multitud en la sede socialista. Victoria pírrica -amarga- que contrasta con aquella derrota "tan dulce" de la época González que propició el relevo Aznar / Pujol. ¡Cómo vuelan los ciclos electorales!

Mala pieza en el telar después de la repetición de las elecciones para Sánchez a quien el tiro le ha salido por la culata sin rematarlo. ¡No hemos vuelto a votar bien, compañeros! Deberá tenérselas tiesas con un Congreso atomizado o deberá propiciar unas nuevas elecciones. ¿En quién se apoyará? Y en el supuesto de que lo consiga, de ser proclamado presidente, tendrá que convivir con un grueso importante de diputados muy incómodo. Los originales sí que han aprendido de la copia cobarde que era Ciudadanos, de las rencillas, las maneras broncas y de la gestualidad que ensayaron en el Parlamento de Cataluña y que, ahora, llegará también a Madrid con más contundencia y fuerza.

Hemos participado de una fiesta de la democracia no demasiado lucida que ha provocado muertes políticas súbitas y un renacimiento "nostálgico" -como dicen aquéllos-. Una España democrática tocada por cierto luto al grito de "Santiago, y cierra España", algo que el tsunami independentista ya ha empezado a practicar en el Pertús. 

En el panorama musical Rosalía presenta el nuevo éxito, "Fuck Vox" al compás del consolidado tra, tra!

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