Las
tormentas causan estragos y deslucen las fiestas mayores de septiembre. Por
fortuna la tormenta eléctrica con la que comenzamos la semana no conllevó los
formidables aguaceros que anunciaban los hombres del tiempo en la costa central
catalana. No ha sido así, desgraciadamente, en el levante peninsular donde la
gota fría descarga con una furia estremecedora.
Pendientes
de las predicciones para la Diada durante toda la mañana del miércoles, TV3 actualizaba
con frecuencia las previsiones para acertar -como lo ha hecho- respecto del
estado de la cosa meteorológica en relación a la tarde, por si se nos remojaría
la camiseta y si se nos desvanecerían la pancarta y la estelada. Era
fundamental saber si nos calaríamos o si saldría el sol dado que el tiempo
podía condicionar la asistencia a la gran manifestación de la Diada. Las
previsiones de los secuaces de Tomás Molina comprometían, prestigio profesional
al margen, algo más fundamental para un ejército que podía no acudir al campo
de batalla no por cobardía sino porque llovería.
Dejo la
polémica de aritmética aplicada al número de participantes a la manifestación
de este año a los de ciencias. Hago constar, sin embargo, la variable de la
incertidumbre que incidió en la asistencia atribuible a los meteoros que caen
del cielo y a los desengañados. El día se levantó feo y deslució la ofrenda a
Rafael Casanova mientras retumbaba entre las calles una tormenta de himnos.
Flotaba la grisura anunciada, el desencanto y el cansancio mientras la
llamativa colección de camisetas va invadiendo en exceso estantes edición tras
edición con la promesa de que este año será el último.
La
lluvia de primera hora, las ráfagas de viento posteriores y el sol que
finalmente asomó al mediodía se convirtieron en un escenario bien apropiado ya
que se correspondió con el estado de ánimo de este año. Del desencanto
previsible a cierta esperanza renovada. Un poco como las portadas de algunos
diarios el día después del día "D". De las calles mojadas a las
manifestaciones áridas con que ilustran el fracaso del encuentro a las afluencias
prietas con la calle hasta los topes. ¡Una multitud! Del pacifismo familiar y festivo habitual a
las reprobables agresiones puntuales a determinada prensa existe todo un
abanico de argumentos según la cámara con que lo retratemos y el lápiz grueso
con que lo glosemos. -¿Cuántos dices que fueron?
En el
plano personal, en casa, también ha sido una jornada excepcional porque en esta
ocasión disfruté de un invitado particular. Coincidió que un amigo de
adolescencia, desde que coincidimos en la meseta y compartimos los cielos
metálicos de la transición en el Madrid de aquellos años, había anunciado que
vendría a visitarnos. Apareció a media mañana para compartir la comida y la
manifestación en la Gran Vía. ¡Un reto! Él no había elegido el mejor día para
visitar la Barcelona cautiva de las hordas independentistas. Y yo lo tenía
espeso para no destrozar aquella beatífica imagen con la que te bautizan
aquellos que postulan la empatía con la sentencia del " no pareces catalán”. ¡Todo se podía ir
al traste!
Será que
mi amigo estaba al tanto -y se anticipaba- del informe que el CIS ha publicado
tan oportunamente justo antes de la previsible nueva convocatoria de elecciones
generales. En cuanto a las percepciones un porcentaje muy significativo de los
encuestados responden que la "desconfianza" tiñe su visión sobre la
política, seguida de "el aburrimiento" rebozado por la
"indiferencia". Mala pieza en el telar. Yo me explicó diciendo que
una buena parte de los manifestantes reclaman que los políticos catalanes
también recuperen la brújula.
La curiosidad por vivir la Diada
en directo, supongo, propició que diéramos un paseo matinal por la avenida de
Lluís Companys, una foto ante el monumento de Rafael Casanova navegando entre
ofrendas florales y asistir a la manifestación de la tarde. También lo ubique
entre el Palacio de Justicia cercado por las vallas y la escuela vecina que
protagonizó unas imágenes terribles de las cargas policiales durante el 1-O. Creo
que lo que más lo sorprendió fue la ausencia de barricadas, de hogueras y de la
violencia demonizada con que alguna prensa dibuja la Cataluña trágica. Acosados
por los demonios independentistas osó ejercer de profeta respecto del número
de contenedores quemados durante la manifestación que al día siguiente algunos
colgarán en el escaparate informativo.
No sé
si fui capaz de hacerle entender el porqué de esta desafección y la voluntad de
convertirse en república de una parte significativa de la Cataluña cansada del
trato que recibe. Sin embargo, desconozco las previsiones que los hombres del
tiempo político emitirán respecto de la gota fría que la sentencia del juicio
puede volver a reavivar.
Justo
el día después del día "D" la escuela se ha vuelto a inundar de
futuro.
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