domingo, 15 de septiembre de 2019

El día "D".

Las tormentas causan estragos y deslucen las fiestas mayores de septiembre. Por fortuna la tormenta eléctrica con la que comenzamos la semana no conllevó los formidables aguaceros que anunciaban los hombres del tiempo en la costa central catalana. No ha sido así, desgraciadamente, en el levante peninsular donde la gota fría descarga con una furia estremecedora. 

Pendientes de las predicciones para la Diada durante toda la mañana del miércoles, TV3 actualizaba con frecuencia las previsiones para acertar -como lo ha hecho- respecto del estado de la cosa meteorológica en relación a la tarde, por si se nos remojaría la camiseta y si se nos desvanecerían la pancarta y la estelada. Era fundamental saber si nos calaríamos o si saldría el sol dado que el tiempo podía condicionar la asistencia a la gran manifestación de la Diada. Las previsiones de los secuaces de Tomás Molina comprometían, prestigio profesional al margen, algo más fundamental para un ejército que podía no acudir al campo de batalla no por cobardía sino porque llovería.

Dejo la polémica de aritmética aplicada al número de participantes a la manifestación de este año a los de ciencias. Hago constar, sin embargo, la variable de la incertidumbre que incidió en la asistencia atribuible a los meteoros que caen del cielo y a los desengañados. El día se levantó feo y deslució la ofrenda a Rafael Casanova mientras retumbaba entre las calles una tormenta de himnos. Flotaba la grisura anunciada, el desencanto y el cansancio mientras la llamativa colección de camisetas va invadiendo en exceso estantes edición tras edición con la promesa de que este año será el último. 

La lluvia de primera hora, las ráfagas de viento posteriores y el sol que finalmente asomó al mediodía se convirtieron en un escenario bien apropiado ya que se correspondió con el estado de ánimo de este año. Del desencanto previsible a cierta esperanza renovada. Un poco como las portadas de algunos diarios el día después del día "D". De las calles mojadas a las manifestaciones áridas con que ilustran el fracaso del encuentro a las afluencias prietas con la calle hasta los topes. ¡Una multitud!  Del pacifismo familiar y festivo habitual a las reprobables agresiones puntuales a determinada prensa existe todo un abanico de argumentos según la cámara con que lo retratemos y el lápiz grueso con que lo glosemos. -¿Cuántos dices que fueron? 

En el plano personal, en casa, también ha sido una jornada excepcional porque en esta ocasión disfruté de un invitado particular. Coincidió que un amigo de adolescencia, desde que coincidimos en la meseta y compartimos los cielos metálicos de la transición en el Madrid de aquellos años, había anunciado que vendría a visitarnos. Apareció a media mañana para compartir la comida y la manifestación en la Gran Vía. ¡Un reto! Él no había elegido el mejor día para visitar la Barcelona cautiva de las hordas independentistas. Y yo lo tenía espeso para no destrozar aquella beatífica imagen con la que te bautizan aquellos que postulan la empatía con la sentencia del " no pareces catalán”. ¡Todo se podía ir al traste! 

Será que mi amigo estaba al tanto -y se anticipaba- del informe que el CIS ha publicado tan oportunamente justo antes de la previsible nueva convocatoria de elecciones generales. En cuanto a las percepciones un porcentaje muy significativo de los encuestados responden que la "desconfianza" tiñe su visión sobre la política, seguida de "el aburrimiento" rebozado por la "indiferencia". Mala pieza en el telar. Yo me explicó diciendo que una buena parte de los manifestantes reclaman que los políticos catalanes también recuperen la brújula. 

La curiosidad por vivir la Diada en directo, supongo, propició que diéramos un paseo matinal por la avenida de Lluís Companys, una foto ante el monumento de Rafael Casanova navegando entre ofrendas florales y asistir a la manifestación de la tarde. También lo ubique entre el Palacio de Justicia cercado por las vallas y la escuela vecina que protagonizó unas imágenes terribles de las cargas policiales durante el 1-O. Creo que lo que más lo sorprendió fue la ausencia de barricadas, de hogueras y de la violencia demonizada con que alguna prensa dibuja la Cataluña trágica. Acosados ​​por los demonios independentistas osó ejercer de profeta respecto del número de contenedores quemados durante la manifestación que al día siguiente algunos colgarán en el escaparate informativo. 

No sé si fui capaz de hacerle entender el porqué de esta desafección y la voluntad de convertirse en república de una parte significativa de la Cataluña cansada del trato que recibe. Sin embargo, desconozco las previsiones que los hombres del tiempo político emitirán respecto de la gota fría que la sentencia del juicio puede volver a reavivar. 

Justo el día después del día "D" la escuela se ha vuelto a inundar de futuro.


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