La edición de
este año de la Marató batió el récord
de recaudación de las 27 ediciones organizadas por TV3 y Catalunya Radio con
10.715.430 euros recogidos hasta el momento de cerrar el programa después de
una eternidad de horas en directo, 16h. Esta cantidad todavía crecerá hasta el
31 de marzo, el plazo para poder hacer aportaciones. Desde 1992, La Marató ya ha recaudado más de 183,5
millones de euros, que han permitido financiar más de 800 proyectos de
investigación sobre diferentes enfermedades.
La meta es
posible a pesar de que grandes mecenas no hagan donaciones millonarias, sino
que es la suma de muchos esfuerzos y de muchos donativos. Recoger 10 millones
de euros supone que han participado casi tres millones y medio de personas, la
mitad de la población de Cataluña. Cabe mencionar las diversas actividades
solidarias al abrigo de este reto anual que se celebró también en todo el país,
han implicado alrededor de un millón de personas, repartidas entre unos 3.500
actos.
Voces críticas
pueden alegar exageradamente que la sanidad catalana vive de la caridad. Se
trataría de asociar el hecho a una caridad ramplona, aquel viejo concepto más
propio de una generosidad medida y poco equitativa de las derechas que nos
permite dormir con la conciencia purificada por la limosna. Solidaridad y
caridad opuestas aunque grandes empresas como La Caixa , Telefónica u
otras se impliquen en la gestión de un evento conceptualmente tan de
izquierdas. La solidaridad es sacrificio, la caridad es más un gesto también
generoso pero fundamentalmente sirve para apaciguar malas conciencias. Un peaje
para conciliar el sueño sin recelos.
Esto va más
allá de un programa de televisión para entretener. La Marató combina la sensibilización, la capacidad de convocatoria
y cohesión de TV3, la capacidad de la
sociedad catalana de reunir en un acto solidario que va mucho más allá del
gesto de sentar un pobre a la mesa y atiborrarlo de turrones sin colesterol si
es que el espíritu de navidad revolotea por estas fechas con un contrapunto
solidario y con un chorrito de fraternidad con burbujas.
La Marató también vuelve a casa por Navidad.
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