lunes, 12 de noviembre de 2018

Observadores galácticos.

A falta de centros de interés, hablaré de cómo me hallo de feliz, de realizado y de optimista. La perfección con que gravita el universo, la tierra y el microcosmos que me acogen me satisface tanto porque me siento comprendido y protegido. ¿Qué más puedo pedir? Llamadme excéntrico, pero estoy convencido de que las observaciones de un telescopio instalado en Hawái tienen algo que ver con ello. 

Desde las paradisíacas islas registraron el paso por el sistema solar de un gran asteroide que llamaron Oumuamua. Un grupo de científicos sugirió que podría tener un origen artificial, enviado por una "civilización alienígena" muy avanzada. Una teoría que ahora una investigación del centro de astrofísica Harvard-Smithsonian reanima. Los sabios se plantean la posibilidad de que el asteroide sea el residuo -no la chatarra- de una antigua misión de reconocimiento extraterrestre. Hasta ahora este aerodinámico cuerpo celestial no ha emitido ningún tipo de señal de radio, pero no descartan que en el espacio pueda estar latiendo el eco de alguna transmisión anterior.

Decidme osado en materia científica por sospechar que los restos de este presunto artificio extraterrestre a la vez que emite mensajes que tendremos que descodificar cuando lleguen -el servicio de mensajeros interestelares debe funcionar con el punto de retraso habitual del gremio- también debe ser capaz de recoger información. De hecho, en esto debe consistir su misión secreta, en descubrir cómo nos lo montamos los terrícolas. Y desde mi desconocimiento especializado oso afirmar que nos espían pacíficamente y con buenas intenciones, sino ya nos habrían enviado la caballería galáctica y ya nos habrían conquistado, zampado o aniquilado. Una presunción que me lleva a deducir que los alienígenas practicarían el veganismo. 

Estos vegetarianos con un punto de veganos a estas alturas ya deben navegar por la estratosfera atajando por el camino de vuelta a su galaxia reconfortados y admirados por la concordia que han descubierto en el planeta azul. ¿La perfecta globalidad humana habrá dado un paso más para convertirse en modelo cósmico? ¡Qué civilización más armónica no deberán haber detectado aquí y ahora mismo!

Os decía que me siento felizmente amparado porque unos seres superiores, al menos tecnológicamente, nos espían. Una observación benévola que quizá decida tutelarnos y ejercer de juez universal desde la objetividad a años luz donde tiene su sede el lunático tribunal de asuntos siderales. Que habrán sido testigos de algún humano follón parece razonable, en el planeta azul no todo es de color de rosa donde el amor se posa, pero en general se habrán llevado una grata impresión de cómo funciona la humanidad. Que vamos progresando y no descartaría que ya han destinado a algún embajador encubierto entre nosotros ejerciendo de notario para dar fe de algún milagro reciente, que Trump, afectado por el nuevo reparto de fuerzas, haya de reprimir la dinámica de gobierno absoluto de los últimos dos años.

Del excepcional testimonio -alienígeno- de las miserias mundanas habrán acertado que no hay nada que no se arregle con una mano de pintura, que no hay grafitero que cien años dure ni vagón de cercanías que lo soporte. Que no hay sentencia judicial firme ni tampoco existe hipoteca que no tengamos que devolver. 

En la incertidumbre de si los marcianos vendrán para establecerse, visto el panorama, parece que el encuentro en la tercera fase, por ahora, lo aplazan sin fecha fija.


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