domingo, 23 de septiembre de 2018

Un caballero oscuro.


El espectáculo de la aparición del Sr. Aznar en el Congreso ha sido, como proclaman los comentaristas en los grandes eventos deportivos, la comparecencia del siglo. El expresidente español ha surgido de las sombras -mediáticas- para convertirse en el Ronaldo político de la comisión que investiga la trama de financiación ilegal -un eufemismo aplicado a la corrupción- de su partido, el PP.

La salida al plató o a la arena se percibió como la de un gladiador estrella, de aquellos a quienes las circunstancias ni los adversarios consiguen degollar. Confirman los/las profesionales de la prensa rosa que Josemari Aznar aún conserva a pleno rendimiento la cadencia que le confieren los fotogénicos abdominales que ha exhibido en los yates del poder fáctico -y en los palcos del Bernabéu- cargados de bronce y de acero vizcaíno. ¡Puro músculo político rebozando el estómago del gran capitán!

El partido del siglo duró una eternidad. Y habría sido como el rosario de la aurora si se hubieran practicado las preventivas revisiones de las jugadas en el VAR (el vídeo asistente del árbitro vigente en la liga). A pesar de las continuas interrupciones y los cambios repentinos en el equipo contrario, el personaje sacudió, uno a uno, a los rivales que osaban poner en duda su tarea, su honorabilidad y la verdad cierta. ¿Era necesaria una defensa tan sutil contra los corruptos socialistas, los golpistas catalanes y del peligro podemita a la democracia? Este hércules con mostacho de la derecha española ha sobrevolado por encima de los enemigos sin despeinarse con pases toreros y con mucho -pero mucho- amor propio. 

Incombustible y nada arrepentido, al contrario, orgulloso y convencido del papel que le reservará la historia, disfruta de la pátina que cubre a los intocables, de la dignidad, de la razón, de la maestría y de las virtudes de un líder a seguir. Por eso el discípulo Casado y la cohorte de fieles le han apoyado en un acto de fe y de adhesión público. Levantó pasiones y admiración con las finas maneras que esperábamos. ¡Qué caballero! No defraudó. Los campeones, como este Ronaldo de la política, tienen los resortes de la pierna -y los abdominales- tensos como una ballesta y tan afinados que, cuando disparan, marcan los goles por la escuadra habiendo regateado al enemigo de la libertad y fulminado al contrario de la unidad de España. 

Al descanso, para distraer a los asistentes, salió Rufián con aires de cheerleader -por eso Arcadi Espada dice que es un "mariconazo"- para quitar hierro al combate y desentumecer la tensión acumulada. En la pantalla, combinadas con anuncios publicitarios diversos, escenas de la película El Padrino con la melosa música de fondo proyectando como unos pulcros camareros sirven las mesas en una boda de mucha categoría. En uno de los planos proyectados se ve al padre de la novia y a Bush con los pies sobre el mantel quemando nicotina y pasando champán por el riñón. ¡Que vivan los novios! 

José María Aznar no dice mentiras, en todo caso duda, pero poco -como los grandes estrategas-. Así lo demostró, con prudencia, cuando anunciaron las dos líneas de investigación. Generalmente no es tan indeciso, como cuando nos garantizó -desde la franca mirada mediática directa a los ojos de la audiencia- la existencia de armas de destrucción masiva que avalaron en una votación nominal -con nombres y apellidos- los orgullosos , crédulos, disciplinados y bélicos diputados del PP en el Congreso votando a favor de la guerra del Golfo: -¡Sí! -¡A favor! -¡Sí! -uno a uno fueron desfilando y depositando la papeleta en la urna de las Azores. 

¡Este señor no miente! Si se reencarna políticamente, lo volvería a hacer y a ser. Sin duda, un caballero de principios.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Más hambre que másteres.


En prevención de invitados descomedidos con el incisivo afilado se solía prevenir a los anfitriones, había quien acarreaba más ansia que letra. Tener más hambre política que másteres debe ser la versión actualizada de aquel decir añejo y más adecuado a los postulados del proceso de Bolonia que establece los fundamentos del sistema europeo de titulaciones académicas, el lío de los grados, postgrados, másteres, doctorados y todo tipo de mercancías que conducen a la obtención de una certificación o de un título.

Ser un desganado en general, y en las comilonas de la fiesta patronal en particular, tampoco era un indicio de tener más instrucción. En el pueblo la controversia se resolvía con un "este tiene carrera" sin entrar en qué producto de los escaparates universitarios había comprado el personaje que -se le veía- tenía "carrera". Así en genérico y sin la algarabía actual de las titulaciones que hay que buscar en Google, conferían más prestigio y sobresalían los estudios de medicina, los de ingeniería y los de arquitectura. El resto compartían el cajón de sastre indefinido cuando no se era médico, arquitecto o ingeniero -mayoritariamente en masculino-.

Como las piedras y las posesiones diversas, los títulos en cierto modo también se heredaban porque mayoritariamente sólo podían acceder a la universidad aquellos que se lo podían permitir. Ser hijo de alguien era una aval de oportunidades en herencia que el resto de los mortales no podían permitirse si no era con becas magras y/o a base de esforzadas sesiones maratonianas trabajando en las vacaciones o a media jornada para poder obtener -comprar- un título que era una escalera asegurada por donde trepar a una vida mejor.

Con los años el ascensor social de los estudios parecería estropeado en el rellano de las ocasiones inútiles ya que se ha agarrotado. Cuántos licenciados masterizados no viven el martirio de un trabajo precario en un derroche de recursos humanos o han de trepar por las escaleras mecánicas de los aeropuertos low cost con una maleta llena de formación, mucho esfuerzo y de incertidumbre.

La sabiduría popular ya nos advertía que hay tantos, de borricos, con letra como sin. ¡Cierto! Esta debe ser la razón por la que grandes empresas como Apple, Google, Starbucks, Hilton o el Bank of America han optado por ofrecer puestos de trabajo cualificados a personas que no hayan cursado una carrera universitaria. Buscan a quienes se hayan formado en la industria o más allá del ámbito académico formal. Preferirían a los que en el pueblo, cuando los aludíamos, añadíamos "si tuviera estudios...".

Confirmando la sentencia de los asnos -con mucha letra- está la categoría de los que se hacen imprimir enciclopédicas tarjetas de visita con una retahíla de diplomas universitarios más extensa que los títulos nobiliarios ostentados por la Casa de Alba. Cuando me entregan una tarjeta -más bien un tríptico- de estas características me encuentro ante un reto trivial difícil de dilucidar: 1. Acabo de conocer a un sabio. 2. He tropezado con un mentiroso. 3. Estoy ante un hábil mercader de influencias y marrullerías. 

De las tres posibilidades, la primera me halaga y me deleita, qué privilegio conversar y escucharle. Respecto de la segunda vía confirmaré que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo. Me preocupa, sin embargo, la tercera posibilidad -a menudo mezclada con la segunda- porque este mercadeo consiste en llegar a un acuerdo fraudulento que consiente algo a cambio.

Ya estremece que el asunto de los másteres y de los estudios bajo sospecha se haya convertido en un pilar estructural del país. Los enfangados en la mentira o los pescados en la trampa grosera se les debería poder apartar, si no lo hacen por vergüenza, por el agravio con aquellos que han dejado en ello un dineral, los codos y las pestañas, chamuscadas a fuego lento en la luz fría de una pantalla.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Lerroux.

Alejandro Lerroux es un insigne referente histórico de la demagogia, del españolismo y del anticatalanismo. Un cordobés de origen establecido en Barcelona que pasó por el Instituto Ramon Muntaner de Figueres. De mayor se licenció en derecho, una carrera obtenida -dicen las malas lenguas- por influencias y por amistades. De hecho, se graduó en 1923 en un solo día con nueve matrículas de honor a los 58 años. El prodigioso milagro académico se obró en la Universidad de La Laguna. 

Eugeni Xammar, periodista, diplomático y políglota -hablaba siete lenguas-, en una suerte de libro de memorias dedica una dura referencia a Lerroux. Define a este personaje como "un gran táctico del juego sucio a lo largo de toda su vida". Lo hace rodeado de un grupo escogido de gente "tarada" [sic] que sembraron en el resto de España el movimiento republicano anticatalán con el Partido Radical, "el cual, ayudado por las circunstancias, entró un día, en su mayoría, en el Ayuntamiento de Barcelona. Sería injusto decir que los concejales lerrouxistas -una comitiva de ladrones- se llevaban los muebles de la casa de la ciudad. Preferían llevarse el dinero de la caja y comprarse los muebles que fueran de su gusto”.

Lerroux tuvo que exiliarse varias veces, una por los hechos de la Semana Trágica en Barcelona que causaron 87 muertos y cientos de heridos en un estallido de actos vandálicos contra bienes de la iglesia. El anticlericalismo atizado por el republicanismo -convertido en bandera del lerrouxismo- había envenenado este sentimiento. Lo que había comenzado como un movimiento social de protesta en la calle se convirtió en una semana de incidentes graves, de ataques violentos a conventos, escuelas y parroquias. El comité de huelga se vio desbordado y tomaron el protagonismo instigadores e individuos con ganas de notoriedad. 

En 1909 había publicado el conocido artículo Matad , “Jóvenes bárbaros de hoy, entrad a saco en la civilización decadente y miserable de este país sin ventura, destruid sus templos, acabad con sus dioses, alzad el velo a las novicias y elevadlas a la categoría de mujeres para virilizar la especie, penetrad en los registros de propiedad y haced hogueras con sus papeles para que el fuego purifique la infame organización social; entrad en los hogares humildes y levantad legiones de proletarios para que el mundo tiemble ante sus jueces […]. No os detengáis ante los sepulcros ni ante los altares”.

Alejandro Lerroux llegó a presidente del gobierno español en tres ocasiones y fue ministro de la Guerra y de Estado. En las elecciones generales del 1936, el Partido Radical se derrumbó, ni el propio Lerroux obtuvo el acta de diputado. Había estallado el escándalo del estraperlo, un asunto de corrupción relacionado con el juego que implicaba de lleno a este individuo. En la guerra civil se exilió a Portugal. Lerroux, como muchos del partido radical, apoyaría al generalísimo Francisco Franco.

España, esta piel de toro, a menudo no ha tenido suerte ni acierto con sus líderes políticos.